Sinopsis: Si algo ha marcado la historia de la humanidad como una constante, a veces terrible, a veces propicia, pero siempre ingobernable, esta ha sido el clima. Desde la Prehistoria hasta nuestros días, comprender y, sobre todo, adaptarse a ese desafío, el del cambio climático, ha venido determinando la delgada línea roja que separan la prosperidad –o la mera supervivencia– del colapso, la muerte y la desaparición. Un desafío al que hubieron de hacer frente los neandertales, atenazados por el frío extremo en la época glacial; los nómadas pastores del Sáhara verde y las gentes del Calcolítico ibérico; los egipcios constructores de pirámides, ante el cambiante curso del Nilo; los visigodos y bizantinos en la Alta Edad Media, cuando los volcanes taparon el cielo; los comanches cazadores de bisontes y la «pequeña edad del hielo»… A lo largo y ancho de las épocas y los continentes, sociedades muy diversas han debido afrontar el reto del dios incomprendido, el clima, que, con sus continuas, y a veces catastróficas, mudanzas, ponía a prueba la resiliencia de pueblos e imperios.
Volcanes, corrientes marinas, vientos dominantes, insolación solar, inclinación del eje terrestre, cubierta vegetal, orografía, masas de hielo, sobreexplotación de recursos, contaminación atmosférica… Son tantos y tan variables los factores que intervienen en la estabilidad o ruptura del equilibrio climático, que no es de extrañar que el clima se mostrara como un enigma ante la atemorizada y perpleja mirada de nuestros antepasados. Por eso mismo su experiencia se ha tornado preciosa para nosotros, pues, como ellos, nos toca ahora enfrentar al dios incomprendido. Nuestro éxito o fracaso como civilización dependerá, en no poca medida, de nuestros esfuerzos por comprenderlo y de nuestra capacidad para adaptarnos al actual cambio climático.
Precisamente en este
contexto surge El dios incomprendido. El desafío del clima en la historia de la
humanidad, de Francisco J. Jiménez Espejo y José Soto Chica (Desperta Ferro
Ediciones, 2025), una obra ambiciosa y oportuna que une dos disciplinas
aparentemente distantes —la paleoclimatología y la historia— para demostrar
cómo el clima ha sido un factor determinante, a menudo subestimado, en la
evolución de las civilizaciones humanas. Los autores lo personifican como un
"dios incomprendido": una fuerza caprichosa, poderosa e impredecible
que nuestros antepasados percibían como un enigma divino y que, en la era del
cambio climático antropogénico, volvemos a enfrentar con renovada urgencia.
Francisco J. Jiménez Espejo, investigador del CSIC con una amplia experiencia en expediciones desde la Antártida hasta Siberia, aporta el rigor científico mediante datos de proxies paleoclimáticos —como núcleos de hielo, sedimentos marinos o polen fósil— que permiten reconstruir con precisión las variaciones climáticas del pasado. Por su parte, José Soto Chica, historiador prolífico y narrador dotado —conocido por obras como Imperios y bárbaros, Los visigodos. Hijos de un dios furioso y varias novelas históricas premiadas—, ofrece el contexto humano: cómo esas fluctuaciones impactaron en sociedades concretas, desencadenando migraciones, colapsos imperiales o periodos de florecimiento. El resultado es un diálogo fascinante entre ciencia e historia que ilumina episodios como el frío glacial que atenazó a los neandertales, las sequías que afectaron a los egipcios o los visigodos, o los efectos de la Pequeña Edad del Hielo en pueblos como los comanches.
El libro se estructura en nueve capítulos que recorren cronológicamente la historia humana, desde la Prehistoria hasta épocas más recientes, con un enfoque global que abarca continentes y culturas diversas. Los autores analizan mecanismos como erupciones volcánicas, oscilaciones oceánicas, cambios en la insolación solar o incluso impactos humanos tempranos, siempre equilibrando el peso ambiental con factores políticos y culturales. Evitan el determinismo estricto: el clima plantea desafíos, pero la resiliencia o el colapso dependen de las respuestas humanas.
Los neandertales, por
ejemplo, no pudieron resistir un enfriamiento abrupto del planeta, que,
combinado con la llegada del Homo sapiens, selló su extinción hace unos 40.000
años. En épocas históricas, un descenso similar precipitó el colapso del
Imperio Antiguo de Egipto, artífice de las majestuosas pirámides de Giza, y
transformó el norte de África —entonces una región fértil, húmeda y poblada— en
el vasto desierto del Sahara, el mayor del mundo. Seguidamente se detalla el
episodio climático que desencadenó la caída del Imperio hitita, impulsó las
migraciones indoeuropeas hacia occidente y facilitó la incursión de los
“pueblos del mar” en el Mediterráneo oriental, eventos que, confieso, desconocía y que reconfiguraron por completo el mundo antiguo. Los autores relatan con claridad
estos casos apoyándose en evidencias geológicas, arqueológicas e históricas,
revelando al clima como un dios que dicta el auge y declive de sociedades
enteras.
Por otra parte, también se expone que los periodos de clima cálido y húmedo, en los que las civilizaciones florecían, han sido invariablemente sucedidos por fases frías y áridas. Estos inviernos prolongados, marcados por cosechas escasas y epidemias subsiguientes, han derrocado imperios, favorecido invasiones y alterado el curso de la historia. Un caso emblemático (excelente capítulo) es la plaga de Justiniano en el siglo VI, provocada por la erupción casi simultánea de tres grandes volcanes en distintas partes del globo, que cubrieron la atmósfera con un velo de cenizas y redujeron las temperaturas mundiales. A las erupciones siguió una crisis agrícola, y a esta, la devastadora peste bubónica, que en pocos años diezmó a una cuarta parte de la población del Imperio bizantino. Soto Chica y Jiménez Espejo entretejen estos relatos con maestría, recordándonos que comprender el clima no es solo una cuestión científica, sino una herramienta esencial para interpretar el pasado y vislumbrar el futuro.
A pesar de la complejidad del tema, el texto fluye con una narrativa inmersiva, casi novelesca en algunos pasajes, donde se nota especialmente la prosa de Soto Chica. Se enriquece con abundante material visual como mapas, tablas, infografías, fotografías de yacimientos arqueológicos y obras de arte, tanto en color como en blanco y negro, que ayudan a visualizar cada caso y su impacto. Incluye también un índice analítico detallado y una amplia sección de bibliografía, ambos ideales para consultas específicas y futuras lecturas.
Así pues, esta obra se convierte en un punto de inflexión fundamental, tanto en el estudio del clima como en su influencia en las sociedades a lo largo de la historia. Rigurosa, apasionante y bellamente escrita, representa un trabajo imprescindible para expertos y neófitos.


















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