Dos años después ―quizá por valentía, quizá por inconsciencia― regresó con un grupo de intrépidos hombres y mujeres que formaron parte de la primera edición del París-Dakar. El reto de enfrentarse a lo desconocido en la inmensidad del paisaje africano hizo que el éxito fuera inmediato. La mayor aventura del siglo XX había comenzado.
Estas páginas reúnen más de cuarenta historias llenas de emoción y arrojo. Porque los valientes de Sabine tuvieron que superar dificultades que ni siquiera habían imaginado: sobrevivieron al hambre, a la sed y al polvo del desierto; a averías y accidentes; a robos, enfermedades, secuestros… e incluso a un matrimonio concertado. Cuando éramos pilotos es un homenaje a una época irrepetible, repleto de historias humanas, épicas, divertidas y agridulces que suponen el testimonio vivo de una pasión irracional por la aventura en su estado más puro.
El experimentado
periodista José Antonio Ponseti nos transporta en su nuevo libro Cuando
éramos pilotos (Plaza & Janés, 2025), a la épica y caótica esencia
del rally París-Dakar en sus años dorados. Puedo decir sin temor a
equivocarme que el libro es mucho más que un relato sobre la prueba o una
crónica deportiva; es una ventana abierta a un tiempo que ya no existe, pero
que sigue resonando en la memoria colectiva de todos los amantes del motor.
Quien conoce a Ponseti sabe de su gran carisma como periodista y de su talento
innato para transmitir emociones, esto queda reflejado las más de cuarenta
historias protagonizadas por pilotos españoles que se enfrentaron a esta
legendaria prueba, creada por Thierry Sabine tras su propia odisea en el
desierto del Teneré en 1977.
El autor teje un relato coral que combina emociones intensas con un tono a veces épico, a veces divertido y, en ocasiones, profundamente agridulce. A través de las voces de figuras conocidas como Jordi Arcarons, Salvador Servía o Marc Coma, y de otros pilotos menos célebres que no siempre llegaron a la meta, el autor dibuja un mosaico de experiencias extremas: las averías que dejaban a los pilotos varados en medio de la nada, los encuentros con tribus locales que podían terminar en ayuda o en un robo, los días sin comida ni agua, y hasta situaciones tan surrealistas como un secuestro o un matrimonio improvisado en pleno rally. Cada anécdota refleja el espíritu indomable de quienes se lanzaron a conquistar el Lago Rosa, el mítico destino final del Dakar africano.
El libro destaca por la habilidad del autor de capturar la esencia de una competición que iba más allá del deporte, convirtiéndose en una prueba de supervivencia y autodescubrimiento. Para quien no lo sepa, cubrió el París-Dakar durante años para la Cadena SER y Canal +, esto aporta una perspectiva privilegiada a la obra, con un correcto equilibrio entre el rigor periodístico y la buena narrativa. De hecho, las más de 500 páginas, lejos de hacerse pesadas, se convierten en un viaje que despierta el deseo de aventura.
Ponseti no solo describe las rutas imposibles o las condiciones extremas -como las tormentas de arena que borraban los caminos o las etapas de más de 800 kilómetros-, sino que también se detiene en los pequeños detalles que dan vida a sus personajes: el agotamiento que llevaba a alucinaciones, la camaradería entre competidores que se ayudaban mutuamente a pesar de la rivalidad, o el sonido de un motor luchando por no morir en medio de la nada. Este enfoque convierte al libro en una experiencia sensorial que hace que el lector casi pueda oler el combustible, sentir el polvo en la garganta y escuchar el rugido de los vehículos.
Sorprendentemente en una prueba como el Dakar también hay cabida para los sucesos paranormales. En el libro se detalla algunos casos asombrosos cómo el de Xavi Riba, quien en una de las etapas notó cómo uno de los radios de la rueda trasera de su moto se iba quebrando. Parado y sin saber cómo arreglarlo, de repente llegó otro hombre, de pelo largo y con su moto propia. Aquel extraño le arregló la moto y Riba le pidió que le siguiera al campamento para invitarle a cenar. En el trayecto se dio cuenta de que no estaba. "Se me ha aparecido Jesucristo y me ha arreglado la moto", dijo el piloto sobre un hombre del que nadie supo nunca nada. Un caso inexplicable, pero no es el único que encontraremos en la obra, además de ser un claro ejemplo de que las historias de los pilotos menos famosos, con sus vivencias crudas y despojadas de glamur, suelen ser las más sorprendentes.
Cuando éramos pilotos es, en última instancia, una celebración de la audacia y el espíritu humano. José Antonio Ponseti no solo honra a los pilotos, sino también a una filosofía de vida que el Dakar africano encarnaba: la de arriesgarlo todo por un sueño, sin garantías de éxito. Amantes del motor, no lo dejéis escapar.
No es un tema que me atraiga, pero gracias por darme a conocer este libro.
ResponderEliminarBesotes!!!