25 de junio de 2026

Deadwood. Oro, revólveres y whisky en el salvaje Oeste - Peter Cozzens

Fecha de edición: 2.026
Editorial: Desperta Ferro
Páginas: 464
Precio: 27,95 €
Género: Ensayo histórico
Otro libro reseñado del autor: 

Sinopsis: Deadwood fue descrita en su día como «la ciudad más diabólica sobre la faz de la tierra», un ombligo de pecado que emergió a comienzos de 1876 en las Black Hills (Dakota del Sur), excrecencia de la fiebre del oro que convocó allí a miles de mineros, buscavidas, pistoleros, prostitutas y mercachifles. Una ciudad de barracas infectas, de saloons donde corría el alcohol y de habitantes de dudosa moralidad y de gatillo fácil, pero que apenas tres años después fue asolada por un pavoroso incendio, cual purificador castigo bíblico. Un lugar destinado a alimentar la imaginación y la mística del salvaje Oeste, poblado de personajes legendarios desde Wild Bill Hickok, Calamity Jane o Caballo Loco. 

Peter Cozzens, autor del aclamado La tierra llora, ha desnudado minuciosamente capas y capas de mitos y leyendas –desde novelas baratas del siglo XIX como Deadwood Dick, hasta la exitosa serie dramática de HBO, pasando por las vallas publicitarias de los casinos de la actual Deadwood– para desvelar la verdadera historia de Deadwood, alejada del romanticismo con el que Estados Unidos ha cimentado ese mito fundacional que es la conquista del Oeste. Erigida en tierras robadas descaradamente a los lakotas, Deadwood no era solo un lugar donde acechaban los forajidos, como Tombstone o Dodge City, sino que era en sí misma una empresa al margen de la ley, situada fuera del territorio estadounidense y que no se sujetaba ni a las leyes ni al Gobierno de Estados Unidos: era el revólver quien imperaba. Una falta de normas que, por otra parte, fomentó una autosuficiencia y un espíritu de cooperación propios de la frontera y que convirtió a Deadwood en un lugar excepcionalmente acogedor para los afroamericanos y los inmigrantes chinos en una época de profunda discriminación. 

Deadwood revela cómo una ciudad fronteriza llegó a encarnar lo mejor y lo peor del salvaje Oeste: un ejemplo del eterno reto de la humanidad para crear orden a partir del caos, de superar la codicia individual en pos del bien colectivo y de conseguir seguridad y superar la violencia, entre tiroteos, asaltos a diligencias y whisky a raudales.


OPINIÓN

Para muchos de nosotros, el imaginario del Salvaje Oeste está pavimentado con fotogramas de John Ford, duelos al atardecer y las páginas de las novelas de a duro. En el terreno televisivo, la obra maestra de David Milch para la HBO, Deadwood, logró redefinir el wéstern y el drama de la pequeña pantalla de la misma manera que lo hicieron Los Soprano o The Wire. Sin embargo, la ficción siempre acaba rindiéndose, en mayor o menor medida, a la leyenda. Por eso, cuando un gigante de la historiografía norteamericana como Peter Cozzens —avalado por obras cumbre de la temática como La tierra llora— decide clavar su pico y su pala en las Black Hills de Dakota del Sur, el resultado es un magistral ejercicio de disección histórica. Con Deadwood. Oro, revólveres y whisky en el salvaje Oeste, el autor demuestra que las crónicas reales de este infame asentamiento son igual de apasionantes que los productos televisivos, confirmando de paso la portentosa labor de documentación que precedió a la famosa serie. 

El gran acierto de Cozzens es contextualizar el nacimiento de Deadwood no como una aventura épica aislada, sino como la válvula de escape de una nación asfixiada y cimentada sobre profundos pecados de fundación. El autor nos traslada magistralmente a las secuelas del devastador Pánico de 1873: un país con los ferrocarriles inactivos, desempleo rampante y cielos del Medio Oeste oscurecidos por plagas bíblicas de langostas. En ese escenario de miseria, el anuncio del hallazgo de oro en las Black Hills funcionó como un imán irresistible. Poco importaba que aquellas tierras pertenecieran legítimamente a los lakotas según el Tratado de Fort Laramie de 1868; la desesperación empujó a miles de buscavidas a violar las fronteras indígenas. En cuestión de semanas, lo que era un pacífico y virgen bosque de pinos se transformó en el asentamiento más perverso de la frontera, experimentando una explosión demográfica sin parangón que disparó la población de unos pocos cientos a más de cinco mil habitantes en apenas un mes.

Esta invasión ilegal desató una crisis geopolítica de proporciones colosales. El autor no teme desvelar las cloacas del gobierno de Washington, revelando cómo el presidente Ulysses S. Grant y su camarilla provocaron en secreto la Gran Guerra Sioux para favorecer a los intrusos blancos. De la noche a la mañana, el campamento de Deadwood Gulch se convirtió en una isla precaria y anárquica rodeada por un mar de nativos hostiles. El lugar operaba por completo al margen de las leyes oficiales de los Estados Unidos y de cualquier jurisdicción estatal, convirtiendo el hacinamiento, las calles enfangadas y las edificaciones destartaladas de madera de pino en el escenario perfecto para un experimento social sin red de seguridad.

 

Lejos de estructurar el libro como una fría sucesión de datos, Cozzens otorga a la propia ciudad el papel principal, tratándola como un organismo vivo a lo largo de cuatro grandes partes que narran su concepción, su nacimiento, su turbulenta adolescencia y su trágico final. En este ecosistema desfilan los sospechosos habituales del imaginario colectivo, pero despojados de su romanticismo. Frente a frente se sitúan personalidades arrolladoras que encarnaban las dos almas del pueblo: por un lado, figuras como Al Swearingen, dueño del burdel Gem Saloon, quien representaba la vertiente más vil, lasciva y despiadada del espíritu pionero; por el otro, el célebre sheriff Seth Bullock, cuya aplicación audaz, decisiva e imparcial de la ley intentó insuflar algo de cordura en un entorno hostil. 

El texto esquiva con firmeza los clichés de Hollywood al retratar las dinámicas sociales del campamento. Cozzens equilibra la balanza entre la crónica de los pistoleros legendarios como Wild Bill Hickok o Calamity Jane y el coste humano más sombrío del asentamiento. Un ejemplo de ello es el desgarrador tratamiento que dedica a las trabajadoras sexuales del pueblo, alejadas de cualquier glamur y consumidas por la miseria cotidiana. 

«Las muertes por enfermedades de la frontera, narcóticos, abortos, enfermedades venéreas y peligrosos remedios de charlatanes… también asolaron las filas de las mujeres, ya debilitadas por la cópula constante con hombres sucios...» 

Sin embargo, en mitad de esta atmósfera de depravación y egoísmo, se desentierra una paradoja fascinante: la sorprendente diversidad étnica y la tolerancia racial de Deadwood, muy avanzada para los estándares de la época. A través de las páginas descubrimos la relevancia de la comunidad china, que no solo aportó mano de obra en los lavaderos y las minas, sino que vio prosperar a comerciantes prominentes como Wong Fee Lee. Este último llegó a regentar una exitosa tienda de importaciones asiáticas y a contar entre sus amigos más cercanos al propio sheriff Bullock y a su socio, el empresario Sol Star, demostrando que la necesidad de cohesión en la frontera a veces superaba a los prejuicios del hombre blanco.

La azarosa y desenfrenada vida de Deadwood apenas duró tres años, de 1876 a 1879, pero es difícil encontrar un trienio más denso en la historia urbana americana. El colofón de esta era llegó el 26 de septiembre de 1879, una fecha maldita grabada a fuego como el "Viernes Negro". Un devastador incendio iniciado en una panadería construida con madera de pino seca se propagó a una velocidad terrorífica, reduciendo a cenizas más de trescientos edificios y borrando el núcleo comercial del mapa en unas pocas horas.

 

La tesis planteada en este punto es demoledora y profundamente política: el desastre no fue una simple fatalidad, sino la consecuencia directa de un individualismo desenfrenado. Al no estar constituido el pueblo como municipio oficial, la seguridad colectiva dependía de la financiación voluntaria y de la cooperación de sus ciudadanos para mantener equipos contraincendios. En un lugar donde la acumulación salvaje de riqueza primaba por encima del bienestar comunitario, nadie quiso pagar por el agua común hasta que fue demasiado tarde. Aunque Deadwood volvió a levantarse de sus cenizas con el tiempo, el incendio del Viernes Negro clausuró para siempre su mítica época de impunidad y libertinaje. 

Como es norma de la casa en Desperta Ferro Ediciones, la factura física del volumen redondea la experiencia de lectura. Su esclarecedora cartografía de las Black Hills y de la propia ciudad, junto al imponente despliegue fotográfico de la época, se convierten en la guía indispensable para conocer y no perderse entre la enorme densidad de nombres, corrientes socioeconómicas y disputas políticas que el autor maneja en sus páginas. Gracias a estos elementos de edición, lo que podría haber sido un aluvión de datos capaz de abrumar al lector ajeno a la materia se vuelve un terreno totalmente transitable, donde además los seguidores de la serie de HBO contarán con la ventaja añadida de su familiaridad con el reparto principal. 

​Si bien La tierra llora sigue pareciéndome no solo la obra cumbre de su autor, sino uno de los mejores libros de historia —y en general— que he leído en mi vida, este viaje a Deadwood es un "spin-off" soberbio que consolida a Peter Cozzens como el cronista definitivo del salvaje Oeste. Un ensayo imprescindible para cualquiera que desee descubrir cómo, en un rincón olvidado del mundo, el progreso se pagó con la moneda de la codicia, el fuego y la sangre.




Libros de Peter Cozzens



Andrés CM

22 de junio de 2026

La guerra Nazi-Soviética - David Stahel

Fecha de edición: 2.026
Editorial: Ediciones Salamina
Páginas: 416
Precio: 26,95 €
Género: Historia militar

Sinopsis: La guerra nazi-soviética de 1941-1945 fue el teatro más grande y brutal de la Segunda Guerra Mundial, librado entre dos de los estados más despiadados que jamás hayan existido. Con la reunión de veinticuatro de los autores más destacados y prestigiosos en historia alemana y soviética, de la talla de Roman Töppel, Jeff Rutherford, Evan Madwdsley, Geoffrey Roberts o Alexander Statiev entre otros, este título de la colección Cambridge Companion ofrece la guía más autorizada y, al mismo tiempo, accesible sobre el conflicto. Cada capítulo examina un aspecto clave de la guerra, desde la planificación militar, las fuerzas enfrentadas y las campañas, hasta la ocupación y perpetración de crímenes, las alianzas, los frentes domésticos y la memoria, así como los legados de la posguerra y la creación de mitos. Los autores demuestran que la guerra nazi-soviética fue tanto una guerra convencional, en la que millones de soldados libraron batallas titánicas, como una guerra no convencional, en la que combatientes y fuerzas de seguridad cometieron innumerables crímenes contra no combatientes. Fue una guerra industrial, de recursos, de movilización, de administración y de apoyo popular, con implicaciones que aún hoy muestran su influencia en los debates sobre la seguridad europea.

OPINIÓN

Si existe un teatro de operaciones que definió el destino del siglo XX por su escala, su brutalidad y sus consecuencias, ese es el Frente Oriental de la Segunda Guerra Mundial. No en vano, fue el escenario decisivo donde perecieron tres de cada cuatro soldados alemanes caídos a lo largo de todo el conflicto. Sin embargo, su inmensidad a menudo ha provocado que la literatura divulgativa caiga en relatos simplistas, dominados por el recuento de tanques en Kursk o el sufrimiento en las ruinas de Stalingrado. En La guerra Nazi-Soviética, el prestigioso historiador David Stahel coordina un esfuerzo académico monumental para desmantelar estos tópicos. Bajo el paraguas del formato Cambridge Companion y publicada en español por Ediciones Salamina, Stahel orquesta a casi dos decenas de especialistas de talla mundial para ofrecer una visión coral, poliédrica y profundamente actualizada del choque de titanes entre el Tercer Reich y la Unión Soviética. 

El gran valor de este volumen radica en su impecable diseño estructural. Tras una esclarecedora introducción del propio Stahel, la obra abandona la rigidez de la cronología lineal pura para articularse en torno a grandes bloques temáticos. El recorrido se inicia desgranando los orígenes ideológicos y estratégicos de la contienda, para saltar de inmediato a una profunda radiografía comparativa de las fuerzas enfrentadas, analizando la psicología y el mando tanto del Ostheer como del Ejército Rojo. A partir de ahí, el volumen aborda el desarrollo operativo de las grandes campañas militares, pero conectándolas de forma indisoluble con un bloque desgarrador y necesario dedicado a los crímenes de guerra y las políticas de ocupación, donde se examina el trágico destino de los prisioneros y los no combatientes bajo el yugo de ambos bandos.

La segunda mitad del armazón estructural se desplaza hacia la retaguardia y el contexto geopolítico global. A través de secciones consagradas al funcionamiento de los frentes domésticos alemán y soviético (con espléndidas aportaciones de Bastiaan Willems y Wendy Z. Goldman), el libro evalúa el impacto de la guerra total sobre la población civil y el esfuerzo industrial, complementándose con un análisis exhaustivo de las complejas alianzas internacionales y el verdadero peso de los "Tres Grandes" (brillantemente diseccionado por Geoffrey Roberts). Finalmente, la obra cierra con un eje dedicado al legado de la posguerra y la creación de mitos, donde Jörg Echternkamp y Jonathan Brunstedt examinan cómo la memoria de esta lucha titánica ha sido instrumentalizada, deformada y moldeada a conveniencia por cada país hasta la actualidad.

Donde el libro da sus primeros y más firmes golpes analíticos es, precisamente, en su bloque inicial dedicado a las raíces del conflicto. Las firmas de Hiroaki Kuromiya y Ben H. Shepherd desmantelan la vieja caricatura de un Stalin idiotizado por la ingenuidad o un Hitler movido únicamente por un impulso místico e irracional, mientras que el capítulo de Ian Ona Johnson desentierra la compleja paradoja de la colaboración militar secreta en el periodo de entreguerras. Demuestran así que los preparativos para la agresión obedecían a lógicas doctrinales profundamente asentadas en ambos estados. Esta lucidez se traslada al análisis de las tropas en el frente. Los textos conjuntos de David Harrisville y Jeff Rutherford sobre el bando alemán, sumados a las investigaciones de Alexander Hill y Roger R. Reese sobre las fuerzas soviéticas, se adentran en el liderazgo, la motivación y la experiencia humana del combatiente, humanizando y complejizando la maquinaria bélica de ambos gigantes. 

Evidentemente, el libro no descuida el eje cronológico de las operaciones bélicas. Desde la asombrosa maquinaria soviética de la Operación Bagration hasta la caída final de Alemania, los hitos militares están tratados con un rigor impecable. Destaca especialmente el análisis del propio David Stahel sobre la Operación Barbarroja, donde subraya un error estratégico de base: Alemania jamás estuvo realmente capacitada para sostener una contienda de desgaste contra la Unión Soviética. El autor argumenta que, pese a las arrolladoras victorias del verano de 1941, el agotamiento logístico crónico, la escasez de recursos y la inquebrantable resistencia roja provocaron que la semilla de la derrota alemana germinara mucho antes del desastre de Stalingrado, resquebrajando definitivamente el mito de la invencibilidad de la Wehrmacht.

Sin embargo, lo que eleva a este ensayo por encima de la historia militar tradicional es su negativa a separar el avance de las tropas de la Vernichtungskrieg (guerra de aniquilación). En la parte central, capítulos sobrecogedores como el de Alex J. Kay sobre el asesinato en masa alemán o el de Mark Edele sobre los crímenes de guerra soviéticos nos recuerdan una verdad incómoda: los crímenes contra la humanidad no fueron un daño colateral de las batallas, sino un pilar fundamental de la estrategia estatal. Se expone así una dimensión puramente genocida, vertebrada por el racismo nazi y materializada en políticas atroces como el hambre planificada, que condenó a un sufrimiento inimaginable a millones de civiles considerados inferiores. 

Asimismo, uno de los puntos más novedosos se encuentra en la sección dedicada a las coaliciones internacionales. El análisis coral sobre las potencias del Eje en el Este, firmado por Oleg Beyda, Grant T. Harward, Richard Carrier y Henrik Meinander, ofrece una perspectiva mucho más rica, matizada y favorable de lo habitual. Lejos de retratarlos como meros satélites inútiles o comparsas forzadas por Berlín, los autores rescatan su peso específico, su agencia política y su verdadero impacto operativo en el tablero de ajedrez del frente. 

Editada impecablemente por Ediciones Salamina, La guerra Nazi-Soviética logra la difícil proeza de ofrecer una síntesis tan rigurosa como accesible. Un valor divulgativo al que contribuye enormemente su cuidada factura física, ya que viene enriquecido con una generosa cantidad de fotografías y mapas cartográficos que resultan vitales para seguir con precisión el pulso del conflicto y el desarrollo de las operaciones. Al equilibrar el bisturí del análisis operativo con la historia política, criminal y de la memoria, David Stahel y su equipo de especialistas entregan una autopsia definitiva de por qué el Frente Oriental decidió el destino de Europa.



Andrés CM

19 de junio de 2026

Y si el mundo se va a la mierda - Joshua Piven y David Borgenicht

Fecha de edición: noviembre 2.024
Editorial: Oberon
Páginas: 224
Precio: 22,95 €
Género: Divulgación práctica

Sinopsis: ¡Es el apocalipsis! ¿Y ahora qué? Prepárate para el final de la civilización con la ayuda de dos expertos en supervivencia y preparacionismo y aprende cómo levantarte de nuevo, sacudirte el polvo y empezar otra vez. 

El reloj del fin del mundo está a segundos de llegar a la medianoche, y las probabilidades de extinción son más cercanas con cada tictac. ¡Pero no temas! Aquí tienes una guía indispensable que te prepara para sobrevivir en el último de los escenarios más terribles, con humor y simpatía. No puedes entrar en pánico si te estás riendo.

Encontrarás instrucciones paso a paso para hacer una maleta en treinta minutos, sentirte como en casa en tu bunker, sobrevivir a una invasión alien o a un ataque de robots, sobrevivir en la próxima pandemia, defenderte de un clan hostil, comer insectos y roedores... ¡y reconstruir una sociedad utópica!


OPINIÓN

La literatura dedicada al colapso de la civilización suele balancearse entre el desasosiego distópico y el manual técnico de los movimientos prepper. Sin embargo, en Y si el mundo se va a la mierda, los autores Joshua Piven y David Borgenicht —creadores de la célebre serie The Worst-case Scenario— proponen una tercera vía sumamente ingeniosa. Publicado en español por Oberon, este volumen aborda los escenarios más extremos del fin de los tiempos no desde el pánico, sino desde una solemnidad instructiva, transformando el catastrofismo en una sutil pieza de sátira estructural.

El gran acierto editorial de la obra radica en la disonancia deliberada entre el fondo y la forma. El texto trata catástrofes de corte cinematográfico —como una invasión zombi, un impacto de meteorito, una glaciación repentina o una rebelión de la inteligencia artificial— con el mismo tono seco y aséptico que se esperaría de las instrucciones de seguridad de un avión comercial. Al renunciar por completo al chiste fácil o a la ironía evidente, el humor emerge precisamente de esa seriedad clínica. Para los autores, enfrentarse a un alienígena o a un asaltante en un páramo desértico postapocalíptico es, fundamentalmente, un problema de física, biología y lógica procedimental. Esta impasibilidad narrativa desarma al lector, quien se descubre analizando cómo calcular la distancia de seguridad frente a un muerto viviente o cómo racionar el agua en un búnker. 

Lejos de ser una mera colección de ocurrencias aleatorias, el libro respeta minuciosamente la estructura de los manuales de supervivencia reales. Cada sección está dividida en escenarios específicos articulados mediante listas de prioridades, advertencias de seguridad y cronologías de acción inmediata, acompañadas de ilustraciones vectoriales que esquematizan nudos de escape o puntos vulnerables de diversas amenazas. 

Para mantener el tipo dentro de la parodia, los autores consultaron a expertos reales en gestión de crisis, médicos y especialistas en entornos hostiles. Esto provoca que el compendio no se limite en exclusiva a la fantasía de la ciencia ficción, sino que integre con rigor situaciones de supervivencia completamente tangibles. Entre sus páginas conviven protocolos para afrontar la desorientación en entornos naturales como el desierto o la montaña, pautas de comportamiento para evitar ataques de fauna salvaje —desde pumas hasta elefantes— y el aprendizaje de destrezas fundamentales de la supervivencia clásica, como las técnicas básicas para encender fuego.

Con todo, conviene calibrar el alcance real de la obra. Aunque las soluciones propuestas son técnicamente correctas, el volumen prioriza en última instancia su faceta lúdica por encima de la utilidad operativa. No se trata de una guía de campo en la que confiar a ciegas durante una situación de crisis crítica real, sino de una lectura concebida para el entretenimiento del lector a través de la sistematización y disección del peligro. 

Más allá de su evidente función de entretenimiento, el volumen funciona como un lúcido termómetro cultural. En una sociedad contemporánea frecuentemente bombardeada por la incertidumbre geopolítica, las crisis climáticas y el eco de las tensiones globales, el libro de Piven y Borgenicht actúa como una necesaria válvula de escape. Al sobredimensionar los peligros y llevarlos al terreno de la fantasía apocalíptica, el texto desactiva la ansiedad cotidiana a través del absurdo, permitiendo al lector reírse de sus propios temores existenciales. 

En definitiva, Y si el mundo se va a la mierda se consolida como una contribución muy oportuna a la literatura de entretenimiento y la cultura pop. Al redefinir los códigos del catastrofismo clásico, los autores ofrecen una propuesta de lectura sumamente original, ideal para quienes busquen un acercamiento inteligente y desmitificador al siempre recurrente mito del fin del mundo.



Susana D.