28 de septiembre de 2026

Asiria. Auge y caída del primer imperio del mundo - Eckart Frahm

Fecha de edición: mayo 2.026
Editorial: Ático de los libros
Páginas: 504
Precio: 29,95 €
Género: Ensayo histórico

Sinopsis: Hace casi tres mil años, mucho antes de Roma o Persia, Asiria se convirtió en el primer gran imperio de la Antigüedad. Desde el Mediterráneo hasta el golfo Pérsico, sus ejércitos y embajadores llevaron el poder de Nínive hasta los confines del mundo conocido, sometiendo reinos y levantando una maquinaria de dominio sin precedentes. 

En Asiria, Eckart Frahm, uno de los principales asiriólogos del mundo, nos sumerge en la epopeya de esta civilización decisiva a partir de textos cuneiformes, restos monumentales y los últimos hallazgos arqueológicos. Desde los implacables asedios de Asurnasirpal II que arrasaron ciudades rebeldes hasta las avenidas monumentales de Nínive y las bibliotecas de Asurbanipal, donde se conservó el saber del mundo mesopotámico, descubriremos un imperio de contrastes: reyes guerreros y reinas poderosas, ejércitos devastadores y una administración capaz de gobernar territorios inmensos. Grandes conquistadores con una ambición política y cultural sin precedentes, los asirios rebasaron el mundo mesopotámico para incorporar Egipto y el Levante, y los ecos bíblicos y clásicos de su poder llegan hasta el presente. 

Asiria es la obra definitiva para descubrir la asombrosa civilización que, como los propios romanos reconocieron, sentó las bases de todos los imperios posteriores.


OPINIÓN

En el estudio de la Antigüedad mesopotámica, la imagen de Asiria ha permanecido durante siglos supeditada a una visión sesgada, condicionada por el filtro hostil de las escrituras bíblicas —donde la potencia asiria figura en más de un centenar de ocasiones como el epítome del castigo divino— y la historiografía grecolatina. Un siglo después de que comenzaran a publicarse las primeras grandes síntesis sobre la región, Eckart Frahm —catedrático de Asiriología en la Universidad de Yale— ofrece en Asiria. Auge y caída del primer imperio del mundo (Ático de los Libros, 2026), un riguroso examen sustentado en la traducción de textos cuneiformes, vestigios monumentales y los hallazgos arqueológicos más recientes. La obra abarca un marco temporal de más de un milenio y medio para fundamentar que la historia de las estructuras imperiales globales no nace en el ámbito clásico mediterráneo, sino a orillas del Tigris, demostrando cómo la maquinaria estatal articulada desde Nínive, Aššur y Nimrud sentó las bases institucionales, diplomáticas y administrativas sobre las que se erigirían los grandes dominios de la Antigüedad.

Frente a las lecturas que conciben el poderío asirio como un repentino estallido militar, el ensayo reconstruye con minuciosidad la pausada evolución diacrónica de este pueblo a orillas del Tigris, desde sus orígenes como una humilde comunidad urbana. Frahm analiza con brillantez la etapa paleoasiria del primer milenio a. C., caracterizada por una próspera red de enclaves comerciales (kārum) extendida por Anatolia —con Kanesh como exponente medular—, donde la influencia se ejercía a través del intercambio mercantil, la diplomacia y el pacto jurídico antes que mediante la coacción armada. La transición hacia la época mesoasiria marcaría la progresiva territorialización del Estado y el nacimiento de una ideología regia basada en la expansión, superando periódicas crisis dinásticas y presiones exteriores para transformar una modesta entidad regional en el actor geopolítico destinado a disputar la hegemonía a los grandes reinos de la Edad del Bronce. 

El análisis cobra especial intensidad al abordar la etapa neoasiria (siglos IX-VII a. C.), período en el que la estructura de gobierno alcanzó una escala insólita. Frahm desglosa los engranajes de un aparato estatal pionero que articuló un ejército profesional con sofisticadas técnicas de asedio, una red estatal de correo, la integración provincial de territorios heterogéneos y la práctica sistemática de deportaciones masivas. Lejos de reducirse a un castigo puramente destructivo, las campañas militares funcionaban a menudo como un eficaz mecanismo de disuasión y coerción tributaria donde el mero despliegue del ejército bastaba para doblegar a los gobernantes locales. La retórica regia inscrita en piedra por soberanos como Esarhaddón —quien llegó a incorporar Egipto en el 671 a. C. proclamando su dominio sobre los cuatro confines de la tierra— o Senaquerib ante el convulso «problema babilónico» ilustra la cuidada construcción ideológica de un régimen que combinó la intimidación explícita con la cooptación estratégica de las élites provinciales. 

Dentro de este horizonte imperial, la figura de Asurbanipal encarna la vertiente más compleja del soberano asirio, desafiando el estereotipo del monarca exclusivamente guerrero. En la obra se retrata a un líder de paradojas extremas: un gobernante implacable en el campo de batalla que, en paralelo, ejercía como intelectual alfabetizado en escritura cuneiforme, mecenas del saber y arquitecto de la célebre Biblioteca de Nínive, concebida para reunir la totalidad del conocimiento mesopotámico. Esta dualidad entre la erradicación del enemigo y la veneración de la erudición se proyectó con maestría en el programa iconográfico palaciego. Los bajorrelieves que decoraban las estancias —con escenas sobrecogedoras como la caza ritual del león— no eran meros elementos ornamentales, sino auténticos artefactos de propaganda política e ideológica; en ellos, la aniquilación de las fieras salvajes simbolizaba la victoria sobre el caos y la restitución del orden cósmico garantizado por el rey bajo el amparo de la divinidad Aššur.


Sin embargo, la aparente invulnerabilidad del Imperio neoasirio contenía los elementos de su propio e intempestivo colapso. La sobreextensión territorial, el incesante desgaste financiero derivado de la pacificación de frentes distantes y las devastadoras guerras de sucesión dinástica tras la muerte de Asurbanipal debilitaron de muerte la estructura imperial. El autor examina la vertiginosa rapidez con la que la maquinaria estatal se desmoronó a finales del siglo VII a. C. ante la ofensiva conjunta de la coalición medo-babilonia, un proceso que desembocó en la dramática caída y saqueo de Nínive en el 612 a. C.


La extinción repentina de una potencia que había ejercido una hegemonía incontestable durante generaciones dejó una huella indeleble en la memoria del Próximo Oriente, inaugurando una fascinante «vida posterior» donde el recuerdo de Asiria osciló entre el mito del despotismo en las fuentes clásicas y su verdadera impronta como modelo institucional imperecedero. Con todo esto y mucho más, la obra de Eckart Frahm se confirma como una síntesis historiográfica magistral que desarticula los prejuicios tradicionales y renueva profundamente nuestra comprensión sobre Asiria y el mundo mesopotámico. Un trabajo imprescindible.




Andrés CM

24 de septiembre de 2026

La era nuclear - Serhii Plokhy

Fecha de edición: 2.026
Editorial: Desperta Ferro
Páginas: 432
Precio: 27,95 €
Género: Ensayo
Otros libros reseñados del autor:

Sinopsis: «Ahora me he convertido en la Muerte, el destructor de mundos». Ochenta años después de Oppenheimer, ochenta años después de que la primera explosión atómica alumbrara una nueva era, el mundo se asoma de nuevo al abismo nuclear. Una nueva era dominada por un poder incontestable que ha condicionado, como ningún otro, el desarrollo del tenso y efervescente panorama geopolítico internacional hasta nuestros días, atenazado por la amenaza de la destrucción mutua. Ahora, mientras los Gobiernos rearman sus arsenales, los tratados destinados a limitar la adquisición y el uso de armas atómicas se desmoronan y las armas nucleares están cada vez más al alcance de actores no estatales, asistimos atónitos al renacer de la era nuclear. El aclamado historiador Serhii Plokhy, autor del superventas Chernobyl, desentraña en el libro La era nuclear. Armas atómicas, poder y supervivencia, la anatomía de una carrera armamentística que nunca terminó en un mundo gobernado por el miedo. Desde la primera fisión artificial del átomo en 1917 y la competición por crear la primera bomba atómica en la Segunda Guerra Mundial, pasando por la tensa escalada armamentística de la Guerra Fría, hasta el imperialismo, las motivaciones neocoloniales y las guerras que se libran hoy, la amenaza que plantean las armas nucleares es tan actual y estremecedora como siempre lo ha sido. Al examinar las motivaciones de los principales actores, en La era nuclear Plokhy aborda la pregunta crucial de nuestra época: ¿qué podemos aprender de la primera carrera armamentística nuclear que nos ayude a detener la nueva?

OPINIÓN

La premisa de que la amenaza de conflagración atómica concluyó con el fin de la Guerra Fría constituye una de las mayores ilusiones de la geopolítica contemporánea. Para desmantelar esta complaciente amnesia, Serhii Plokhy —catedrático de Historia en la Universidad de Harvard y uno de los principales especialistas en el espacio postsoviético— articula en La era nuclear (Desperta Ferro, 2026) un minucioso análisis sobre la mutación del fenómeno atómico desde los experimentos pioneros de fisión hasta un presente amenazado por más de doce mil ojivas. Plokhy demuestra cómo el miedo sistémico ha actuado como motor ininterrumpido de la proliferación, al tiempo que desmitifica la narrativa de la energía atómica civil —que apenas cubre un diez por ciento de la demanda eléctrica global— para revelar cómo iniciativas supuestamente bienintencionadas como «Átomos para la Paz» sirvieron, paradójicamente, de coartada para el desarrollo encubierto de arsenales militares. 

El relato evidencia una reacción en cadena donde el recelo mutuo impulsó la expansión del club nuclear. La urgencia angloestadounidense por neutralizar una hipotética bomba nazi dio paso al Proyecto Manhattan, cuyo monopolio tras Hiroshima y Nagasaki apenas duró cuatro años antes de que el espionaje y la determinación soviética culminaran en la prueba de Semipalátinsk en 1949. A partir de este hito, la cascada de la proliferación resultó imparable: Francia y Gran Bretaña buscaron su propia autonomía estratégica, la China de Mao desafió la hegemonía de las superpotencias, y frentes regionales de alta tensión reprodujeron la misma lógica, empujando a países con graves carencias económicas —como Pakistán frente a la India— a asumir enormes sacrificios materiales con tal de obtener capacidad de disuasión.

En el terreno doctrinario, Plokhy examina la frágil estabilidad de la Guerra Fría, articulada en torno a la Destrucción Mutua Asegurada (MAD). Si bien este equilibrio del terror ofreció cierta predictibilidad, episodios críticos como la Crisis de los Misiles en Cuba (1962) demostraron que la supervivencia planetaria dependió en última instancia del azar y de decisiones humanas individuales frente al riesgo inminente del error de cálculo. No sería hasta la década de 1980 cuando la toma de conciencia sobre el desastre —impulsada por el impacto traumático del accidente de Chernóbil— propició una transición hacia la «supervivencia mutua asegurada». Este cambio de paradigma fructificó en las cumbres entre Reagan y Gorbachov y en los acuerdos INF y START, que lograron por primera vez la reducción efectiva de los arsenales estratégicos. 

Sin embargo, la etapa de desarme registrada tras el colapso soviético reveló pronto sus límites frente a la realpolitik. Plokhy analiza procesos como la desnuclearización de Sudáfrica, Bielorrusia, Kazajistán y Ucrania. La firma del Memorándum de Budapest en 1994, por el cual Kiev renunció a su arsenal a cambio de garantías de soberanía, se revela en la obra como un episodio trágico sobre la fragilidad del derecho internacional frente al revisionismo de las potencias; si bien la tesis del autor sugiere que retener la bomba habría disuadido la agresión rusa, el análisis deja abierto el debate sobre si la disuasión teórica habría resistido la alta tolerancia al riesgo demostrada por el Kremlin en el siglo XXI. 

El examen del escenario contemporáneo dibuja lo que el autor define como una «segunda era nuclear», caracterizada por la parálisis de las salvaguardias multilaterales, el abandono de tratados clave como el ABM y la falta de ratificación del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares. La adopción de doctrinas de «guerra preventiva», la irrupción de programas nucleares en Estados opacos como Corea del Norte y el uso del chantaje atómico como paraguas ideológico para amparar invasiones territoriales con armamento convencional en Europa oriental colocan al orden global ante un escenario de profunda vulnerabilidad, donde el riesgo de un enfrentamiento accidental resulta hoy aún más acuciante que en las décadas centrales del siglo pasado. 

Serhii Plokhy realiza en este libro un riguroso balance historiográfico que combina el análisis diplomático con una clara vocación divulgativa sobre el dilema atómico. Al presentar los acontecimientos de una manera amena y directa, abordando analíticamente las decisiones tomadas y sus consecuencias, convierte a este ensayo en una advertencia fundada sobre la necesidad de restituir el consenso diplomático de la no proliferación antes de que el control del átomo rebase un punto de no retorno.




Andrés CM

21 de septiembre de 2026

Hispania. una historia de España antes de España - Santiago Castellanos

Fecha de edición: 2.026
Editorial: Pinolia
Páginas: 249
Precio: 23,95 €
Género: Ensayo histórico
Otros libros reseñados del autor:

Sinopsis: ¿Cómo se formaron las sociedades de la península ibérica antes de la llegada de Roma? ¿Qué papel desempeñaron fenicios y griegos en este extremo del Mediterráneo? ¿Cómo se desarrolló la larga conquista romana y qué consecuencias tuvo?

En «Hispania», Santiago Castellanos recorre más de mil quinientos años de historia, desde las primeras colonizaciones hasta el final del dominio romano. El recorrido se inicia con Tarteso y la presencia fenicia y griega, se detiene en la diversidad de los pueblos ibéricos e indoeuropeos y sigue el avance de Roma, un proceso lento, complejo y lleno de matices.

A medida que la conquista progresa, el relato muestra cómo estos territorios fueron incorporándose al mundo romano. La creación de provincias, el desarrollo de las ciudades, la implantación de nuevas formas jurídicas y administrativas o la transformación de la vida económica permiten entender qué significó, en términos concretos, pasar a formar parte de Roma.

Desde la crisis de la República hasta el Alto Imperio y la etapa tardorromana, Hispania ofrece una visión de conjunto que permite situar los grandes cambios sin perder de vista a las sociedades que los protagonizaron.

Un recorrido por un tiempo largo y cambiante en el que estas tierras pasaron de ser un confín del Mediterráneo a formar parte de uno de los grandes sistemas políticos de la Antigüedad.


OPINIÓN

En la historiografía sobre la Antigüedad peninsular, el concepto de Hispania suele verse distorsionado por lecturas anacrónicas que proyectan hacia el pasado identidades nacionales inexistentes. En Hispania. Una historia de España antes de España (Pinolia, 2026), Santiago Castellanos, doctor por la Universidad de Salamanca y profesor de Historia Antigua en la Universidad de León, aborda un ambicioso recorrido de más de un milenio para reconstruir la génesis de este territorio con un claro propósito divulgativo. 

El estudio arranca examinando el mundo de Tarteso y la determinante influencia de las colonizaciones fenicias y griegas, desgranando cómo evolucionaron las formas de organización, las lenguas, las creencias y las relaciones de estas comunidades con el resto del Mediterráneo. Castellanos analiza este contacto temprano evidenciando que el intercambio comercial y tecnológico no respondió a una asimilación pasiva, sino a un dinámico proceso de hibridación que transformó de manera irreversible las estructuras socioeconómicas autóctonas.

Uno de los mayores aciertos del libro radica en su capacidad para exponer la extraordinaria diversidad cultural que definía a la Península. A través de una rigurosa síntesis histórica, la obra desglosa el vasto mosaico de identidades, estableciendo una clara distinción entre el auge y caída de las sociedades ibéricas del litoral y el sur —caracterizadas por una acusada jerarquización y el desarrollo urbano— y las numerosas comunidades indoeuropeas del interior y el septentrión. Castellanos evita la trampa de clasificar a estos grupos bajo categorías estáticas; por el contrario, retrata sociedades sumamente dinámicas, regidas por complejas redes de clientela y modos de producción adaptados a sus respectivos entornos. Comprender esta heterogeneidad resulta una herramienta indispensable para evaluar la magnitud del choque cultural y militar que se avecinaba.

 El relato histórico adquiere intensidad al abordar el estallido de la Segunda Guerra Púnica, un episodio que operó como el auténtico punto de inflexión en la historia peninsular. El texto detalla cómo la llegada de las tropas romanas en el año 218 a. C. no respondía inicialmente a un plan de ocupación permanente, sino a la urgencia estratégica de frenar el avance de Cartago cuando ambas potencias trasladaron su feroz pugna hegemónica a este rincón del Mediterráneo. Sin embargo, la permanencia de Roma derivó en un conflicto de asimilación y resistencia extrema plasmado en episodios dramáticos como las Guerras Celtibéricas. El autor expone la crudeza de una diplomacia senatorial que combinó la represión militar implacable con la cooptación de las élites locales, ilustrando cómo un escenario de alianzas tácticas se transformó en un proceso sistemático de dominio. 

A medida que se consolidaba el control territorial, la península ibérica dejó de ser un frente periférico para convertirse en un escenario decisivo de las cruentas guerras civiles que desmantelaron la República y forjaron el Imperio romano. Aquí se reconstruye con notable agilidad cómo los conflictos entre populares y optimates, personificados en la rebelión sertoriana, y el posterior enfrentamiento directo entre Julio César y los partidarios de Pompeyo ensangrentaron el suelo hispano. Esta etapa de enorme inestabilidad provocó una intensa movilización de recursos indígenas y un desgaste humano colosal, pero también aceleró de forma drástica la vertebración administrativa de los territorios. Las campañas finales dirigidas por el propio Octavio Augusto contra cántabros y astures cerraron definitivamente el ciclo de las conquistas, marcando el hito a partir del cual el territorio quedó integrado en la nueva arquitectura del Principado.

A partir de ese momento, el fenómeno de la romanización se erige como el eje central de la narración, abordado desde la honestidad metodológica. Castellanos profundiza con exhaustividad cuando la documentación lo permite y reconoce abiertamente las lagunas cuando las fuentes son escasas o contradictorias. Gracias a este enfoque, huye de interpretaciones reduccionistas que limitan la asimilación a una simple imposición armada, presentando en su lugar una compleja interacción entre conquista, adaptación e integración. La implantación de un marco jurídico común, el florecimiento urbano, la explotación minera y los posteriores reajustes de la etapa tardorromana demuestran cómo las comunidades provinciales hallaron nuevas vías de promoción política. Lejos de ofrecer una visión excesivamente simplificada, el ensayo retrata una sociedad mestiza capaz de aportar ingentes recursos e incluso sus primeros emperadores al Estado romano. 

En conclusión, Hispania. Una historia de España antes de España cumple con creces su propósito de ofrecer una herramienta divulgativa excelente para quienes deseen iniciarse en este periodo y así comprender el profundo proceso que transformó un mosaico de pueblos mediterráneos en una pieza clave del engranaje imperial romano.



Santiago Castellanos



Susana D.