19 de febrero de 2026

Tu sangre en mis manos - José Soto Chica

Fecha de edición: 2.025
Editorial: Desperta Ferro
Páginas: 504
Precio: 24,95 €
Género: Novela histórica

Sinopsis: Se han perseguido y acuchillado en las Alpujarras y en Lepanto, han perdido por culpa del otro a los que amaban, se han infligido heridas demasiado profundas como para que cicatricen… Sí, José de Monteagudo y Mehmet al-Rumi tienen motivos más que sobrados para odiarse y para buscarse, como imanes de rencor. Pero ambos son piezas en un juego más grande, mucho más grande: el que enzarza a los dos mayores imperios de la tierra, la España de Felipe II y el Imperio otomano de Selim II, y que hace bullir el Mediterráneo de galeras, corsarios, renegados y espías. 

En Tu sangre en mis manos, segunda parte de la saga que arrancó con Hasta que pueda matarte, nos adentramos en esas dos pugnas paralelas, la de los hombres y la de los imperios, obsesionados unos en acabar con los otros. Las intrigas del harén del sultán en Constantinopla y las escaramuzas navales en Modón y Navarino; los espías, las conjuras, las batallas y los duelos que se suceden de modo trepidante; hombres y mujeres que son llevados al límite. Y, a su alrededor, toda una constelación de grandes personajes, retratados en su tiempo y sus pasiones: el joven don Juan de Austria y el imbatible Álvaro de Bazán, el astuto corsario Ulug Alí y Nurbanu, la favorita del sultán, el intrigante banquero sefardí José Nasí y la misteriosa espía veneciana Angela Dominica… Y todo con el nervio narrativo y la carga humana de un maestro de la novela histórica, José Soto Chica.


OPINIÓN

José Soto Chica, historiador y narrador de renombre, nos brinda en Tu sangre en mis manos (Desperta Ferro, 2025) la segunda entrega de su saga iniciada con Hasta que pueda matarte. Esta obra consolida al autor como una de las figuras destacadas de la novela histórica española actual. Con un doctorado en Historia Medieval por la Universidad de Granada y una especialización en épocas bizantina y visigoda, Soto Chica ha demostrado en títulos previos como El dios que habita la espada (Premio Edhasa 2021) o Los visigodos. Hijos de un dios furioso su habilidad para fusionar precisión histórica con una narrativa vibrante. En esta novela, publicada un año después de su antecesora, el autor intensifica la exploración no solo de batallas olvidadas en el turbulento Mediterráneo del siglo XVI, sino también de las complejidades del alma humana, donde el odio y el amor emergen como fuerzas inexorables. 

La trama se desarrolla en 1572, justo tras la emblemática Batalla de Lepanto (1571), un hito que alteró el equilibrio en las guerras entre la Liga Santa —aliada de España, Venecia y el Papado— y el Imperio otomano. Tu sangre en mis manos continúa la saga sirviéndose de la desconocida jornada de Navarino para situar la acción. El autor sigue centrándose en el antagonismo visceral entre José de Monteagudo, un soldado español marcado por el trauma, y Mehmet al-Rumi, un jenízaro otomano impulsado por la venganza. Ambos, supervivientes de enfrentamientos previos en las Alpujarras y Lepanto, se persiguen mutuamente en un ciclo de sangre y rencor que trasciende lo personal para entrelazarse con las maquinaciones de dos imperios rivales: la España de Felipe II y el otomano de Selim II.

Todo comienza en Dillenburg, ciudad natal de Guillermo de Orange. Mehmet al-Rumi llega desde Constantinopla, comisionado por el banquero sefardí José Nasí y el gran visir Sokullu Mehmet Pachá, con la misión de negociar con el Taciturno un pacto que involucre también a otros actores europeos, obligando así a España a dispersar sus recursos en varios escenarios de guerra. De manera clandestina, el financiero sefardí y el gran visir otomano urden un acuerdo con Venecia sin el conocimiento de Selim II ni del Kapudan Pachá al mando de la armada turca, buscando que la República Serenísima se retire de la Liga Santa y evite que don Juan de Austria logre un triunfo rotundo contra los otomanos en los Dardanelos. Sin embargo, un agente de Felipe II desentrañará el complot, dando caza a una emisaria veneciana que transporta una evidencia de las intenciones turcas, cuyas embarcaciones naufragan en las costas de Mani. Es en ese momento cuando José de Monteagudo y Mehmet al-Rumi se reencuentran, después de lo sucedido en Lepanto. 

La novela está estructurada en dos partes implícitas: la primera, una explosión de acción en la citada península de Maní, transforma una escaramuza menor en una epopeya apoteósica, con combates descritos con un ritmo endiablado y una visualidad casi cinematográfica. La segunda, algo más reflexiva, gira en torno a las secuelas de Lepanto, con conjuras en Constantinopla, traiciones venecianas y duelos navales que llevan a los personajes al límite físico y emocional. El autor no escatima en detalles históricos: desde las intrigas de la Serenísima República hasta las dinámicas de poder en la corte otomana bajo Selim II, todo está respaldado por una documentación sólida que, como es habitual en Soto Chica, no lastra la narración sino que la enriquece, y de qué manera.

Pero si salgo mueve a esta historia es el rencor entre sus protagonistas que actúa como catalizador de la novela, equilibrado por el amor, encarnado en figuras como María la Bailaora, que recuerda cómo las pasiones pueden redimir o aniquilar. La alternancia de perspectivas entre bandos genera tensión constante, evitando simplificaciones, aquí, los personajes son complejos, forjados por su tiempo. José de Monteagudo y Mehmet al-Rumi forman un dúo magnético, unidos por un odio que los define. Entre los históricos destacan Álvaro de Bazán, el almirante invicto con su imponente montante; Don Juan de Austria, el joven bastardo de Carlos V, retratado en sus ambiciones de juventud; Ulug Alí, el corsario sagaz; y Nurbanu, la influyente favorita del sultán. Ninguno de ellos son meros adornos, Soto Chica les infunde profundidad, explorando demonios internos, lealtades fracturadas y decisiones trascendentales. 

La novela se enriquece con la incorporación de una nota histórica al final, complementada por un posfacio del experto en el periodo Hugo A. Cañete, que aclara los hechos reales y las licencias literarias, haciendo de ella un puente ideal entre historia y ficción. Así pues, José Soto Chica ha escrito una obra entretenida, y muy bien documentada, que no solo nos permite conocer una época olvidada del Mediterráneo post-Lepanto, sino que nos obliga a reflexionar sobre las pasiones eternas del ser humano. Si disfrutaste de Hasta que pueda matarte, esta secuela te dejará sin aliento.



Serie Hasta que pueda matarte



Susana D.

16 de febrero de 2026

El ascenso de Hitler al poder 1932-1933 - Timothy W. Ryback

Fecha de edición: noviembre 2.025
Editorial: Galaxia Gutenberg
Páginas: 408
Precio: 26,50 €
Género: Ensayo histórico

Sinopsis: En 1932 se celebraron en Alemania tres elecciones. En las presidenciales de abril, Hitler perdió de manera abrumadora ante Paul von Hindenburg. En las generales de julio, el Partido Nazi, que aspiraba a la mayoría absoluta, fue el más votado pero se quedó en el 37,3% de los votos, porcentaje insuficiente para formar gobierno. En las de noviembre otra vez ganó el partido nacionalsocialista, aunque con 34 escaños menos que en las de julio, por lo que quedó todavía más lejos de formar gobierno. Hitler había perdido dos millones de votos, su partido estaba agobiado por las deudas. Habló incluso de suicidarse. El New York Times escribió que estaba acabado. Su figura y su partido generaban un amplio rechazo en muchas capas de la sociedad y la prensa alemanas, y en especial en el presidente Hindenburg. Sin embargo, apenas dos meses después Hitler era nombrado canciller. ¿Qué ocurrió entre abril de 1932 y enero de 1933 para que Alemania cediera el poder a Hitler? ¿Cómo facilitó la democracia que ascendiera de ese modo alguien que podía destruirla? Con materiales de archivo hasta ahora inaccesibles, el historiador Timothy Ryback ha escrito una detallada crónica, semana a semana, día a día, en ocasiones hora a hora, para explicar cómo un país con una maquinaria democrática funcional entregó el poder absoluto a alguien que nunca tuvo una mayoría sustancial de votos y a quien la clase política consideraba un payaso. Proporciona una nueva perspectiva y conocimientos sobre la vida personal y profesional de Hitler en esos meses, en toda su complejidad e incertidumbre: acuerdos secretos, alianzas improbables, traiciones asombrosas, una auditoría fiscal inoportuna y un fin de semana fatídico que cambió nuestro mundo para siempre. Este es un libro de historia y un libro para el presente. Para que nadie olvide que Hitler no tomó el poder, sino que a Hitler el poder se lo ofrecieron.


OPINIÓN

Aunque no suelo titular mis reseñas, en este caso bien podría haber sido "El suicidio de una democracia". El ascenso de Hitler al poder 1932-1933, de Timothy W. Ryback, autor de la aclamada La biblioteca privada de Hitler, ofrece ahora una de las reconstrucciones más precisas y perturbadoras del último tramo de la República de Weimar. Publicado en español por Galaxia Gutenberg, con una traducción excelente de Alejandro Pradera, el libro no narra cómo Hitler tomó el poder, sino cómo se lo entregaron, paso a paso, personas que creyeron poder controlarlo. 

La humillación impuesta a Alemania por el Tratado de Versalles tras la Primera Guerra Mundial, el golpe devastador de la Gran Depresión y el profundo conservadurismo de las élites alemanas fueron factores decisivos en el ascenso de Adolf Hitler. Pero no fueron los únicos, también pesaron las decisiones —y los errores de cálculo— de otros protagonistas clave del momento. En un relato minucioso y convincente, Timothy Ryback reconstruye con precisión los vericuetos de la política alemana entre el verano de 1932 y el invierno de 1933. Estructurado en 22 capítulos breves y muy narrativos, más una posdata, el libro avanza, como los acontecimientos que relata, a un ritmo vertiginoso.

Tras las elecciones de julio, los nazis se convirtieron en el partido más votado, aunque sin alcanzar la mayoría absoluta. Cuatro meses después, en noviembre, perdieron dos millones de sufragios y Hitler parecía políticamente acabado. Sin embargo, a finales de enero de 1933 fue nombrado canciller. La vieja aristocracia y los conservadores tradicionales sentían auténtico desprecio por él: lo consideraban un demagogo vulgar al frente de una banda de matones. Aun así, lo vieron como el mal menor, el instrumento más eficaz para frenar a socialistas y comunistas. Estaban convencidos de que, una vez en el poder, el “cabo bohemio” se moderaría y podrían controlarlo. Se equivocaron por completo. En cuestión de meses, Hitler convirtió la República de Weimar en una dictadura perfectamente legal. Y solo esperó a que el anciano presidente Paul von Hindenburg muriera en agosto de 1934 para fusionar los cargos de canciller y jefe de Estado y proclamarse Führer indiscutible del Tercer Reich. 

Sin ninguna duda, los verdaderos protagonistas del libro son una serie de personajes clave a los que el autor denomina como "los facilitadores”. Tiene mérito desplazar el foco del propio Hitler, al que se retrata como un hombre de voluntad férrea pero políticamente dependiente, hacia quienes realmente decidieron. Hombres como Franz von Papen, el canciller “caballero” que creía poder usar a los nazis como ariete contra la izquierda; Kurt von Schleicher, el general intrigante que inventó el concepto de “Zähmungsprozess” (proceso de domesticación) y que pensó que podría controlar a Hitler desde el Ministerio de Defensa; Alfred Hugenberg, el magnate de la prensa que financió y amplificó a los nazis para luego intentar domesticarlos; Paul von Hindenburg, el anciano mariscal que despreciaba a Hitler pero acabó firmando su nombramiento tras un fin de semana de presiones y chantajes. Ryback los dibuja con nitidez y sin caricatura; todos eran hombres cultos, experimentados y convencidos de su superioridad, que cometieron el mismo error fatal: creer que Hitler era un demagogo vulgar al que se podía usar y luego desechar. Ninguno entendió que su inmunidad al ridículo y su capacidad de mentir sistemáticamente lo convertían en un jugador imposible de derrotar en el terreno de la política parlamentaria. 

Ryback, que dirige su mirada principalmente hacia los conservadores alemanes, pasa de largo ante la pregunta que hoy parece más evidente: ¿por qué nunca se intentó de verdad una alianza entre los socialdemócratas moderados y los centristas católicos del Zentrum, conservadores pero claramente anticomunistas y antinazis? Si Hitler había anunciado una y otra vez que utilizaría las reglas democráticas para liquidar la democracia, ¿cómo fue posible que quienes decían defenderla se lo permitieran? La cuestión ha sido analizada hasta la saciedad por muchos historiadores, pero quizá la explicación más humana y desgarradora siga siendo la que ofreció, apenas ocho años después del final de la guerra, el politólogo alemán Lewis Edinger, exiliado en Estados Unidos. Edinger conocía personalmente a muchos de los dirigentes socialdemócratas y pudo hablar con los que habían sobrevivido. Su conclusión fue clara y rotunda: «confiaban en que los mecanismos constitucionales y el pronto regreso de la sensatez y la decencia bastarían para salvar la República de Weimar y a sus principales defensores». Se equivocaron, y de qué manera.




Andrés CM

13 de febrero de 2026

Sengoku Jidai - Danny Chaplin

Fecha de edición: noviembre 2.025
Editorial: Ático de los libros
Páginas: 792
Precio: 34,95 €
Género: Ensayo histórico

Sinopsis: El período Sengoku de Japón, conocido como el «período de los Estados Combatientes», fue una época de profunda crisis, guerra constante y cambio social entre los siglos XV y XVII. En esta época, ascendieron al poder samuráis procedentes de la clase militar rural, hombres violentos que se hicieron con el poder en un país asolado por la serie de guerras que llevarían a la unificación de Japón. 

En el centro de estos acontecimientos estuvieron Oda Nobunaga, Toyotomi Hideyoshi y Tokugawa Ieyasu. Danny Chaplin entrelaza por primera vez los relatos épicos de estas tres figuras clave en un volumen imprescindible que abarca todo el período Sengoku. Acompañaremos a estos grandes guerreros en sus batallas más importantes, desde Okehazama hasta los dos asedios del castillo de Osaka, pasando por la decisiva batalla de Sekigahara, y veremos también las estructuras políticas y administrativas de sus respectivos gobiernos, sin olvidarnos del papel de los occidentales y el cristianismo en la sociedad japonesa de principios de la Edad Moderna.

Sengoku Jidai nos traslada al momento más turbulento de Japón, cuando la nación se forja y nacen muchas de sus características actuales. Con relatos de heroísmo samurái que parecen sacados de la leyenda, batallas épicas y traiciones desgarradoras, esta es una historia en la que la realidad supera con mucho a la ficción.


OPINIÓN

Pocos períodos de la historia universal destilan tanto drama, ambición desmedida y grandeza trágica como el Sengoku Jidai, esa centuria de fuego y acero en la que Japón se desintegró en un mosaico de señoríos en guerra perpetua, solo para renacer, de sus propias cenizas, como la nación unificada que conocemos hoy. Lo que nos fascina no es únicamente el espectáculo de samuráis legendarios, ni las batallas que decidieron el destino de Japón —desde la sorpresa de Okehazama hasta la apoteosis de Sekigahara—, sino el puro drama humano que late en su fase final: tres hombres de orígenes humildes o inesperados, apodados «el Loco», «el Mono» y «el Tejón Viejo», que con ingenio, crueldad y una visión política casi sobrehumana lograron lo imposible. En su monumental Sengoku Jidai (Ático de los libros, 2025), Danny Chaplin entreteje por primera vez las trayectorias de Oda Nobunaga, Toyotomi Hideyoshi y Tokugawa Ieyasu en un tapiz exhaustivo y apasionante, demostrando que, en esta época, la realidad superó con creces cualquier ficción.

El libro comienza con un necesario —y muy bien escrito— panorama del Japón previo al caos del Ōnin (1467), y luego se lanza de lleno a los casi cien años de guerra civil. También ofrece un estudio exhaustivo del Período Azuchi-Momoyama (1568-1600), que abarca los reinados de Nobunaga y Hideyoshi, así como los años fundacionales del shogunato Tokugawa (1600-1616). Chaplin no se limita a la crónica militar. Describe con igual detalle la “caza de espadas” de Hideyoshi o el impacto de los arcabuces portugueses, como la obsesión japonesa por el té, las intrigas de los misioneros jesuitas y el papel de las mujeres en las alianzas dinásticas. Todo ello sin caer nunca en el academicismo árido. Chaplin tampoco se olvida de las maquinaciones políticas y los desarrollos culturales y religiosos más significativos del periodo.

Por otro lado, las batallas (Okehazama, Nagashino, Sekigahara, los asedios de Osaka) están narradas con una tensión cinematográfica, pero nunca pierde el rigor histórico. Cuando describe la emboscada en Honnō-ji o la espera paciente de Ieyasu en Sekigahara, uno siente el sudor, el barro y el olor a pólvora. Al mismo tiempo, el autor mantiene una distancia crítica admirable: no mitifica a ninguno de los tres. Nobunaga es genial y monstruoso; Hideyoshi, brillante y paranoico; Ieyasu, paciente hasta la crueldad. Los tres son humanos, ambiciosos y terriblemente eficaces. Llegado a este punto, tengo que señalar que me hubieran sido de gran ayuda los mapas o croquis de las grandes batallas.

En lo tocante a las debilidades de la obra, la verdad es que he encontrado muy pocas, y son las que más se repiten cuando nos topamos con un trabajo sobre la historia de Asia. El libro es denso, y hay listas de nombres de daimios, castillos, fechas y clanes que pueden abrumar al lector que no tenga ya cierto conocimiento del período. A veces, como he mencionado anteriormente, uno echa de menos un mapa más completo (solo hay uno) y alguna tabla cronológica. Es un libro exigente, si, pero también apasionante, riguroso y, en muchos momentos, simplemente espectacular. Además, Chaplin ofrece una completísima sección de bibliografía para profundizar todavía más si cabe en el tema. 

En síntesis, si buscas una experiencia integral para aprender sobre el complejo período de los Reinos Combatientes en Japón, no busques más. Danny Chaplin hace un trabajo admirable al ofrecer una introducción y un contexto, para más tarde detallar paso a paso el ascenso y caída de Oda Nobunaga y Toyotomi Hideyoshi, así como el triunfo definitivo de Tokugawa Ieyasu. Es el mejor punto de entrada al período Sengoku.



Andrés CM