Sinopsis: Año 1348. Thomas, un caballero caído en desgracia, encuentra a una niña sola en un pueblo normando arrasado. Huérfana de la peste negra, Delphine le cuenta a Thomas que la peste es solo parte de un cataclismo mayor: los ángeles caídos, con Lucifer al frente, se están levantando en una segunda guerra contra el cielo y el mundo de los hombres está atrapado en el conflicto. ¿Es delirio o es fe?
La niña cree que ve a los ángeles de Dios y que los muertos le hablan en sueños. Así, convence a Thomas para que la escolte a través de un paisaje desolado hasta Aviñón, donde Delphine intentará enfrentarse al mal que ha devastado la tierra y devolver a Thomas la esperanza de salvación.
Mientras el infierno desata su ira y se revela la verdadera naturaleza de la muchacha, Thomas transitará por un macabro campo de batalla de ángeles y demonios, santos y muertos resucitados, en medio de una lucha desesperada por el alma del ser humano.
El cuerpo central de la
novela destaca por una ambientación asfixiante que no escatima en la crudeza de
la muerte negra: un mundo donde los supervivientes devoran a sus bestias de
carga, el canibalismo es una tentación real y los sanos se encierran a cal y
canto, aterrorizados ante cualquier forastero. Sin embargo, la premisa da un
giro magistral hacia el horror teológico al revelar que la civilización no se
desmorona solo por la enfermedad. La plaga es, en realidad, el síntoma físico
de una segunda guerra en los cielos. Los ángeles caídos han retomado las armas
bajo el mando de Lucifer, pero al carecer del don divino de engendrar vida, se
dedican a corromper la creación. Buehlman diseña un bestiario macabro donde
entidades demoníacas animan la carne muerta y deforman la naturaleza, llenando
la noche de abominaciones salidas del mismísimo infierno. El plano terrenal ha
mutado en un campo de batalla donde la población civil sirve únicamente como
pasto en el fuego cruzado celestial.
En el centro de esta vorágine, la narrativa se estructura como una angustiosa peregrinación de supervivencia que arranca cuando Thomas, un caballero caído en desgracia, excomulgado y herido en la histórica batalla de Crécy, salva a una joven de ser asaltada por un grupo de bandidos del que es miembro. Ella es Delphine, una huérfana capaz de ver a las huestes celestiales, y que asegura tener el mandato divino de llegar hasta Aviñón para frenar el mal absoluto. A este dúo se suma el padre Matthieu, un clérigo atormentado que completa un peculiar triángulo protagonista.
A lo largo de un viaje plagado de horrores desde un París poseído por demonios hasta el sur de Francia, la novela brilla en el desarrollo orgánico de la confianza entre los tres. La dinámica entre la inocencia profética de la niña, el pragmatismo despiadado pero protector del guerrero y la fe tambaleante del sacerdote vertebra una historia donde, a pesar de la brutalidad que les rodea, todavía quedan destellos de bondad.
El estilo de Buehlman es tan lírico como salvaje. La obra fusiona el rigor histórico de la Guerra de los Cien Años con un terror psicológico de primer nivel, apoyándose enormemente en el poder de la sugestión antes de desatar la violencia gráfica. Otro gran triunfo del autor radica en la deconstrucción que hace de la pandemia y de la religión; la enfermedad ejerce como una densa cortina de humo que encubre la auténtica carnicería cósmica, degradando al ser humano a la categoría de mero daño colateral en el choque definitivo entre el Cielo y el Infierno.
En suma, quien se acerque
a las páginas de Entre dos fuegos
encontrará una de las propuestas más absorbentes y originales que ha dado el
terror de tintes históricos en los últimos años. Al hibridar la miseria
terrenal de la Europa del siglo XIV con la desmesura macabra de la mitología
bíblica, Christopher Buehlman firma una obra maestra de la fantasía oscura.



















