18 de mayo de 2026

¿Que vimos en abril?

Abril ha sido uno de esos meses redondos que te reconcilian con el placer de ir al cine y disfrutar de la gran pantalla, un periodo dominado por nombres propios potentes y producciones que han superado con creces nuestras expectativas. La gran apuesta cinematográfica llegó a las salas con Michael, un imponente retrato biográfico que nos ha cautivado por completo gracias a una interpretación protagonista descomunal. También teníamos otra cita ineludible en las salas con la espectacular animación de Super Mario Galaxy, que nos ha devuelto la ilusión de jugar y disfrutar como niños. Pero las carteleras no han sido las únicas triunfadoras; el terreno seriéfilo nos ha regalado un auténtico titán con la segunda temporada de The Pitt, un torbellino hospitalario que ya se corona como lo mejor del año. Sumando a la ecuación el pulso geopolítico de Teherán y el bellísimo documental Mr. Scorsese, nos queda un mes impecable donde las grandes historias han brillado con luz propia.


Películas



Michael ★★★★ Bajo la dirección de Antoine Fuqua, este esperadísimo biopic se presenta como un retrato magnético y complejo que intenta descifrar los claroscuros del Rey del Pop. La cinta esquiva con elegancia los tropos más perezosos del género musical gracias a la sobrecogedora y mimetizada interpretación de Jaafar Jackson, quien no solo clava la fisicidad del mito, sino que carga con todo el peso dramático de la producción. Su labor, respaldada por una puesta en escena vibrante que brilla especialmente en las recreaciones de los directos, eleva por completo la propuesta. En última instancia, aunque el metraje peca de cierta complacencia en su tramo final, la película se consolida como un ejercicio cinematográfico imponente que fascinará tanto a los mitómanos como a los amantes de los grandes dramas biográficos.

Super Mario Galaxy. La película ★★★★ Arrancando de forma inmediata tras el desenlace de su predecesora, esta secuela se presenta como una auténtica lección de cómo trasladar con éxito el lenguaje interactivo a la gran pantalla. La narrativa expande su universo introduciendo nuevos personajes y situaciones inéditas, pero manteniendo constantes evocaciones al lore original que inevitablemente despiertan una sonrisa de complicidad en el espectador veterano. Aunque la cinta abraza un tono marcadamente infantil —prescindiendo de las habituales concesiones humorísticas para adultos de otras producciones del estudio—, lo suple con creces gracias a una calidad de animación que se sitúa entre lo mejor de los últimos años y un impecable doblaje al castellano. Todo el conjunto raya a un nivel altísimo, potenciado por cameos orgánicos y un diseño de escenarios que invita a apartar la mirada de la acción principal para cazar la infinidad de ingeniosos secretos ocultos en la periferia de la pantalla. En definitiva, un festín de nostalgia ideal para volver a disfrutar como niños.

The Artic Convoy ★★ Esta producción noruega demuestra con creces que hay largometrajes que no necesitan reinventar las reglas del género, sino simplemente ejecutarlas con una firme convicción. Basada en hechos reales, la trama nos traslada a plena Segunda Guerra Mundial para seguir la odisea de una tripulación encargada de escoltar un convoy con rumbo a la Unión Soviética, un peligroso trayecto rodeado de minas, amenazas submarinas y las implacables tormentas del norte. Sin recurrir a grandes alardes artificiales, el director Henrik Martin Dahlsbakken logra imprimir un ritmo pausado pero constante que, apoyado en una fotografía gélida, transmite una atmósfera de aislamiento y una tensión silenciosa que cala hasta los huesos. En definitiva, un ejercicio cinematográfico cargado de dignidad que cumplirá con las expectativas de los devotos del cine bélico de corte clásico.



Series



Teherán ★★★ (Temporada 3El thriller de espionaje de Apple TV regresa con una tercera entrega que ensancha su madurez narrativa y consolida su estatus como una de las ficciones más tensas de la televisión actual. Partiendo de la odisea de una joven agente infiltrada en el corazón de la capital iraní para una misión de alto riesgo, esta producción profundiza con maestría en el conflicto israelí-iraní, retratando los complejos entresijos del Mossad y su constante pulso frente a la Guardia Revolucionaria de Irán. Su visionado resulta hoy más pertinente e imprescindible que nunca, ofreciendo un reflejo de ficción bastante lúcido para comprender las dinámicas de la actual guerra que mantienen Estados Unidos e Israel contra Irán. Bajo una puesta en escena sobria y un ritmo frenético que prioriza la estrategia táctica sobre la acción gratuita, la serie se convierte en un laberinto fascinante que desdibuja por completo las líneas entre héroes y villanos en el complejo tablero de Oriente Medio.

The Pitt ★★★ (Temporada 2) Esta segunda entrega se consolida de forma incontestable como una de las mejores ficciones televisivas del momento, ofreciendo una experiencia inmersiva que mantiene al espectador al borde del colapso. Ambientada en la frenética sala de urgencias de un hospital de Pittsburgh, la producción plantea un viaje de una intensidad arrolladora a lo largo de 15 episodios que atrapan desde el primer minuto, emulando la extenuante tensión de un interminable turno de 15 horas. Cada entrega se despliega como un auténtico torbellino emocional donde la crudeza de los casos clínicos se entrelaza con dilemas éticos profundamente complejos y personajes tridimensionales que invitan a la reflexión. Más allá del drama humano y la adrenalina hospitalaria, la serie trasciende los límites de su propio formato; independientemente de si se es devoto o no de los dramas médicos, esta es una propuesta imprescindible que nadie debería dejar escapar.

Mr. Scorsese ★★★✰ (Docuserie) Cinefília en vena; este es el leitmotiv de esta prodigiosa docuserie que rinde tributo a uno de los cineastas más influyentes de la historia. Con una estructura episódica meticulosa, la obra no es solo un repaso curricular, sino una clase magistral sobre el lenguaje, la evolución y la pasión por contar historias en celuloide. El documental utiliza un archivo inédito abrumador y entrevistas profundamente íntimas para desgranar la obsesión de Scorsese por preservar la memoria del cine. En definitiva, una carta de amor crepuscular escrita por un maestro y dirigida a cualquiera que alguna vez se haya emocionado en la penumbra de una sala.


Andrés y Susana

13 de mayo de 2026

Urraca. Una reina en el trono de un rey - Sonia Vital Fernández

Fecha de edición: 2.026
Editorial: Desperta Ferro
Páginas: 408 + 8 a color
Precio: 27,95 €
Género: Biografía
Colección: Historia Medieval

Sinopsis: Se cumplen novecientos años de la muerte de Urraca de León, la primera mujer que reinó por derecho propio en la Europa medieval. Un mundo donde la soberanía y el poder eran prerrogativas masculinas, pero en el que Urraca, desafiando convenciones y prejuicios, supo defender sus derechos e imponer su autoridad. En 1109, tras la muerte de su padre, Alfonso VI, Urraca accedió al trono de León y Castilla como reina titular y soberana por derecho propio, una posición inédita que tuvo que proteger desde el primer momento pues se le impuso un matrimonio con Alfonso I de Aragón y Pamplona, lo cual la sometía de nuevo a una tutela masculina y limitaba su poder. Urraca, sin embargo, decidió reinar en solitario y ejercer de pleno la soberanía heredada, apoyada en una red de alianzas que supo consolidar con habilidad. Sin referentes femeninos previos, construyó una imagen inédita de reina soberana, aunque los prejuicios asociados a su condición femenina marcaron profundamente la percepción posterior, las crónicas minimizaron su actuación política, cuestionaron su figura desde la moral y redujeron su reinado a un mero paréntesis entre su padre, Alfonso VI, y su hijo, Alfonso VII. Nada más alejado de su verdadera dimensión. Urraca ejerció el poder regio durante diecisiete años con eficacia y firmeza, defendió su legitimidad, sostuvo el reino ante presiones internas y externas y no dudó en negociar, forjar alianzas o tomar las armas cuando fue necesario. Nueve siglos después, el libro Urraca. Una reina en el trono de un rey, de la historiadora Sonia Vital Fernández, sirve tanto de homenaje a una soberana cuyo legado merece pleno reconocimiento, como de reevaluación del papel de las mujeres de poder en la Edad Media, porque Urraca fue reina, aunque se sentara en el trono de un rey.

OPINIÓN

La historiografía medieval ha funcionado tradicionalmente como un filtro deformante, construido por cronistas que veían en el mando femenino una anomalía que debía ser explicada mediante el reproche moral o la sospecha constante. En su obra Urraca. Una reina en el trono de un rey, Sonia Vital Fernández se propone precisamente desmantelar esa mirada sesgada para rescatar a la primera mujer que ejerció la soberanía de pleno derecho en la Europa occidental. Esta monografía, publicada por Desperta Ferro y convertida ya en un referente de este 2026, sostiene que Urraca no fue una figura de transición ni una reina accidental, sino una pieza clave en los complejos engranajes de las monarquías de León y Castilla, obligada a inventar una nueva gramática del poder en un entorno donde la autoridad solo se entendía en clave masculina.

Sonia Vital, doctora en Historia y experta en el siglo XII, sostiene que Urraca fue una mujer minuciosamente preparada por Alfonso VI para un trono en crisis, y presenta su reinado no como una sucesión de desastres matrimoniales, sino como un auténtico laboratorio político del período. La autora destaca que la reina tuvo que sostener la corona frente a una nobleza levantisca y una cúpula eclesiástica que, liderada por figuras como el arzobispo Gelmírez, ponía a prueba su legitimidad cada día; Urraca, lejos de ser la "reina imprudente" de las crónicas, fue una estadista capaz de equilibrar las facciones cortesanas con una astucia diplomática superior a la de muchos de sus contemporáneos varones. 

El núcleo de la obra explora el complejo escenario que Urraca heredó tras la muerte de su hermano Sancho en la batalla de Uclés. Vital Fernández detalla con precisión cómo Alfonso VI, en un movimiento inusual y arriesgado, nombró a su hija heredera de la corona de León y Castilla. No obstante, esta decisión no fue aceptada de buen grado por gran parte de la nobleza, que veía en una mujer una debilidad estructural frente a la amenaza de los almorávides. El trono, como indica el título, estaba diseñado para un rey, y Urraca tuvo que ocuparlo con una determinación política sin precedentes. 

Uno de los episodios más interesantes que analiza la biografía es el matrimonio de Urraca con Alfonso I de Aragón, "el Batallador". La autora huye hábilmente del relato doméstico para centrarse en la lectura geopolítica: la unión buscaba fusionar los reinos cristianos para frenar el avance islámico, pero terminó convirtiéndose en una guerra civil encubierta. Lo que sobre el papel era una alianza estratégica resultó ser un choque de trenes entre dos visiones del poder irreconciliables, donde Urraca se negó sistemáticamente a ser una reina consorte subordinada. Este enlace fue, en realidad, un campo de batalla por la autoridad legítima. Urraca defendió sus derechos sobre León y Castilla frente a las injerencias de su marido, para evitar que su reino fuera absorbido por la corona de Aragón, preservando así la identidad del territorio que debía transmitir a su heredero.

Hacia el tramo final, la investigación se centra en la compleja relación de Urraca con su hijo, el futuro Alfonso VII, y la nobleza gallega que lo utilizaba como punta de lanza. Vital Fernández describe cómo la reina tuvo que equilibrar su papel de madre con el de monarca, enfrentándose en ocasiones a los propios partidarios de su hijo para mantener el mando efectivo. Esta gestión de crisis permanente demuestra, según la autora, una capacidad extraordinaria para la alta política, manejando simultáneamente las fronteras militares y las traiciones palaciegas. 

La historiadora insiste en que el reinado de Urraca fue el "laboratorio" donde se ensayó la monarquía femenina en los reinos hispánicos. A pesar de las revueltas constantes y la presión externa, logró entregar un reino cohesionado y funcional a su sucesor. Este éxito rotundo desmonta los prejuicios de los cronistas medievales, demostrando que la eficacia de Urraca fue igual o superior a la de sus homólogos varones, sentando un precedente que culminaría siglos después con Isabel la Católica. 

Finalmente, es imposible obviar el envoltorio que Desperta Ferro ha dado a este trabajo. Destacar que el aparato gráfico —mapas, árboles genealógicos, imágenes y esquemas de poder— son una herramienta narrativa esencial. Esta edición permite al lector ver el reino de Urraca a través de su compleja geografía, complementando el relato ágil y riguroso de Vital. En suma, Urraca. Una reina en el trono de un rey se confirma como una lectura imprescindible que no solo rehabilita a una soberana olvidada, sino que obliga a repensar toda la estructura de poder de la plena Edad Media peninsular desde una perspectiva moderna, crítica y profundamente documentada.



Colección Historia Medieval



Susana D.

11 de mayo de 2026

El águila y la sotana - Julián Chaves

Fecha de edición: febrero 2.026
Editorial: Ático de los libros
Páginas: 600
Precio: 29,95 €
Género: Ensayo histórico

Sinopsis: Cuando Franco presentó la Guerra Civil como una cruzada por la fe y la patria, la Iglesia católica abrazó su discurso casi sin reservas. Desde ese momento, religión y poder caminaron juntos. En 1939, el papa Pío XII celebró la «victoria de la España católica» y selló una alianza que consolidó el poder del régimen franquista. 

A partir de entonces, la Iglesia no se limitó a legitimar al nuevo Estado: se convirtió en uno de sus pilares fundamentales. En El águila y la sotana, Julián Chaves nos descubre cómo la jerarquía eclesiástica participó activamente en la construcción del primer franquismo, influyendo de manera decisiva en la educación, la censura, la moral pública y los mecanismos de control social que marcaron la posguerra y dieron origen al nacionalcatolicismo franquista.

Fruto de una investigación rigurosa basada en fuentes inéditas de archivo, esta obra recorre los años decisivos que van del final de la Guerra Civil a 1945 y muestra cómo la alianza entre Iglesia y régimen moldeó la ideología franquista y condicionó la vida cotidiana de millones de españoles. El águila y la sotana es un libro imprescindible para comprender cómo se forjó el franquismo y el papel central que la Iglesia desempeñó en sus orígenes.


OPINIÓN

Casi todos tenemos interiorizado que la relación entre la Iglesia católica y el primer franquismo no fue simplemente una alianza política; fue una simbiosis ideológica tan profunda que dio lugar a un término único: el Nacionalcatolicismo. No obstante, esta relación no siempre fue tan idílica ni estuvo exenta de fricciones estratégicas. Para entender este periodo en toda su complejidad, Julián Chaves Palacios nos ofrece en su obra El águila y la sotana (Ático de los libros, 2026) una disección fundamental que huye del tópico para centrarse en el rigor documental. La obra de Chaves, catedrático de Historia Contemporánea, se erige como una radiografía de la columna vertebral del régimen. A diferencia de otros estudios que tratan esta relación como una coincidencia de intereses, el autor sostiene que estamos ante una unión orgánica donde ambas instituciones se necesitaban para refundar España sobre las cenizas de la República. 

Uno de los puntos que Chaves desarrolla con mayor lucidez es la transformación del golpe de Estado de 1936 en una "Cruzada de Liberación”. El autor explica cómo la Iglesia, herida por la persecución religiosa en la zona republicana, decidió otorgar al bando sublevado una justificación moral absoluta. Mediante el análisis de la Carta Colectiva de los Obispos de 1937, el libro demuestra cómo se "purificó" la violencia bélica: matar al enemigo ya no era un pecado, sino un acto de servicio a Dios contra el "comunismo ateo". Esta sacralización fue un proceso bidireccional. Mientras los obispos bendecían las armas, el ejército de Franco adoptaba una liturgia y un lenguaje religioso que permeaba desde los cuarteles hasta las trincheras. Esta comunión de intereses permitió que, tras la victoria en 1939, el régimen no tuviera que buscar una legitimación democrática convencional, pues ya contaba con la "bendición celestial" que la Iglesia le administraba generosamente ante el mundo.

Seguidamente la obra pasa a profundizar en la posguerra, Chaves describe cómo el Estado entregó las llaves de la sociedad civil a la Iglesia a cambio de su lealtad incondicional. La institución eclesiástica recuperó privilegios que no disfrutaba desde el Antiguo Régimen, obteniendo el control casi total sobre el sistema educativo y la censura de las costumbres. Este periodo convirtió a España en un Estado confesional extremo, donde el pecado y el delito se confundían bajo una misma legislación penal y moral. La obligatoriedad de la religión y el control sobre la vida privada fueron el pago de Franco a una Iglesia convertida en el principal agente de socialización. Dicha hegemonía no fue solo administrativa, sino que se filtró en la cotidianidad a través de las misiones pedagógicas católicas y la Acción Católica, configurando la mentalidad de las generaciones de posguerra bajo un prisma estricto de obediencia y tradición. 

Como he mencionado, a pesar de la imagen de unidad, el autor no elude las tensiones que existieron bajo la superficie, especialmente entre el sector eclesiástico y los falangistas más radicales. Se detalla cómo la Iglesia recelaba del carácter totalitario y potencialmente pagano de la Falange, que miraba con admiración los modelos de Hitler y Mussolini. Existía un temor fundado entre los obispos de que el Estado absorbiera las prerrogativas de la Iglesia, tal y como había sucedido en otros fascismos europeos. Franco utilizó magistralmente este conflicto para actuar como árbitro, apoyándose en la Iglesia para neutralizar a los falangistas cuando el escenario internacional obligó a España a moderar su estética fascista tras 1942. 

Finalmente, Chaves reflexiona sobre la eficacia de este sistema de control que perduró durante décadas. Señala que la Iglesia no solo legitimó el poder político, sino que participó activamente en la vigilancia de la población a través de los informes parroquiales. Estos documentos eran muchas veces decisivos para que los ciudadanos pudieran obtener empleos o evitar represalias, convirtiendo al párroco en una figura de autoridad civil y policial en cada localidad. 

En síntesis, una lectura esencial para entender por qué la identidad nacional española estuvo tan ligada al catolicismo durante el siglo XX. Esta herencia marcó profundamente la Transición, dejando una huella cultural y sociológica que todavía es perceptible en diversos debates de la España contemporánea.



Andrés CM