Sinopsis: Damas pétreas de sonrisa enigmática, guerreros que empuñan falcatas en un combate eterno y rugientes leones, todavía terribles pese a su inmovilidad milenaria. Todos ellos evocan un mundo, el de los antiguos íberos, desaparecido hace siglos pero que sigue fascinándonos. Un mundo que este maravilloso libro ilustrado recorre desde su origen en el siglo V a. C. hasta su lenta desaparición en el cambio de era, tras la conquista romana. Y lo hace a partir de la manifestación cultural más señera de los íberos, su escultura, que ya enamorase a Picasso, y que sirve a Jesús Robles Moreno como hilo conductor para recorrer en Damas, torres y leones. Los íberos a través de su escultura la historia del pueblo que habitó la franja mediterránea de la península ibérica. Desde los grandes monumentos como la torre de Pozo Moro o el fabuloso conjunto heroico de Cerrillo Blanco hasta efigies tan emblemáticas como las damas de Elche o Baza, pasando por las esfinges y grifos que custodiaban las necrópolis, la escultura ibérica sirve para entender la sociedad ibérica y sus transformaciones, pero también para conocer su religión y sus mitos, sus valores y sus anhelos, su origen y su final. En diálogo con el texto, un aparato visual deslumbrante, con abundante fotografía pero, sobre todo, con reconstrucciones documentadas e ilustradas con esmero, al detalle. A través de ellas, se consigue sacar a esas piezas del hieratismo de la sala de un museo para que vuelvan a vibrar con sus colores originales y en los emplazamientos que las cobijaron, desde el trabajo en un taller a su dedicación en un santuario. Porque la escultura ibérica es piedra, pero dista de estar inerte, y, reviviéndola, reviven los íberos.
La obra viene firmada por
el arqueólogo e historiador Jesús Robles Moreno, un autor que defiende a
ultranza que la buena arqueología requiere "una hora de bota y diez de
bata"; es decir, combinar el sudor a pie de excavación con el análisis
científico más riguroso en el laboratorio. El resultado de esa filosofía es un
libro extraordinario que huye conscientemente de la fría rigidez de un catálogo
museístico para estructurar un relato vivo. Robles Moreno utiliza los restos
arqueológicos no como meros objetos decorativos, sino como cápsulas del tiempo
que nos revelan las inquietudes, mitos y realidades de la sociedad que las
esculpió.
Lo primero que salta a la
vista al abrir este volumen —y aquí reside el gran valor de pertenecer a la
colección de ilustrados de Desperta Ferro— es su soberbio e impecable
planteamiento visual. La editorial ha puesto el peso gráfico del proyecto en
manos de Román García Mora, cuyo trabajo como ilustrador principal es
sencillamente magistral. Es precisamente a través del arte de García Mora donde
el libro logra su objetivo más ambicioso: desmontar el mito de la piedra gris.
Tradicionalmente, los museos nos han acostumbrado a ver las esculturas íberas
como piezas de roca fría y descolorida. Sin embargo, las reconstrucciones a
todo color que salpican estas páginas demuestran que estas obras estaban
originalmente policromadas con pigmentos vivos y deslumbrantes, devolviéndoles
el empaque y la suntuosidad con la que fueron concebidas.
El índice propone una travesía cronológica que arranca en los albores de esta cultura con el espectacular monumento turriforme de Pozo Moro (Albacete), donde los relieves de un héroe uniéndose a una diosa nos hablan de las primeras estrategias de las élites para legitimar su poder a través del mito. A partir de ahí, el texto avanza con un ritmo magnífico, deteniéndose en hitos clave que equilibran el dato arqueológico con la crónica más vibrante.
La obra analiza la
consolidación y el apogeo de esta cultura durante los siglos V y IV a. C. El
autor examina conjuntos como el de Cerrillo Blanco (Porcuna), detallando su
destrucción intencionada y posterior enterramiento, y recurre a las esfinges de
Agost para demostrar que la relación con el arte heleno no fue una mera imitación,
sino fruto del contacto directo entre artesanos. Este desarrollo coincide con
el aumento de piezas exentas en necrópolis murcianas como Cabecico del Tesoro o
El Cigarralejo. Además, Robles Moreno amplía el foco fuera del ámbito funerario
hacia santuarios de carácter político y territorial, destacando el conjunto de
El Pajarillo (Jaén), con la escena de la lucha entre el héroe y el lobo, y el
hallazgo del área sacra de Las Agualejas (Alicante).
El recorrido avanza hacia el siglo III a. C., un periodo condicionado por la presencia cartaginesa en yacimientos como Cástulo (Jaén), la gran urbe ibero-púnica de Himilce, esposa de Aníbal. En esta etapa, la estatuaria se desplaza de las necrópolis a los santuarios en forma de exvotos, siendo el Cerro de los Santos (Albacete) el principal exponente para estudiar la indumentaria y los rituales a través de las representaciones de los fieles. Al analizar este yacimiento, el libro recupera también la intrahistoria de la arqueología del siglo XIX, detallando desde las falsificaciones del "Relojero de Yecla" hasta el robo de dos cabezas íberas exhibidas en el Museo del Louvre, un caso de expolio en el que estuvo implicado un joven Pablo Picasso.
Uno de los puntos más agudos del texto es cómo logra corregir la deformación romana. La historia tradicional, escrita por los vencedores, simplificó a los íberos; Robles Moreno, en cambio, utiliza el arte tardío para mostrar un fascinante mapa de identidades híbridas tras la Segunda Guerra Púnica. Es fascinante observar cómo el mundo íbero se diluye lentamente en Roma a través de exvotos que comienzan a vestir togas, o príncipes locales que adoptan panoplias romanas, como el jinete de Las Atalayuelas o los célebres relieves de Osuna.
Asimismo, se salda una deuda histórica al dedicar espacio a la escultura del noreste peninsular (al norte del río Júcar), habitualmente ignorada por su escasez. El análisis de las estelas del Bajo Aragón o monumentos como el de La Vispesa aporta una perspectiva única sobre una sociedad fuertemente militarizada, plasmada en relieves de combates y cruentas representaciones de manos y cabezas cortadas. El volumen cierra con un broche de oro científico dedicado en exclusiva a los talleres de escultura. A través del estudio de las marcas de talla, las herramientas utilizadas y los residuos de policromía, el autor nos baja al taller del artesano, respondiendo al cómo se hacían las cosas y humanizando por completo el proceso creativo.
Damas, torres y
leones se consolida como una herramienta de divulgación histórica
impecable. Que exista un volumen como este, capaz de ofrecer una síntesis tan
sistemática, ordenada y completa es para congratularse, convirtiéndose en una
lectura imprescindible para cualquier apasionado de la historia que busque
limpiar el polvo del tiempo de nuestras raíces y descubrir, por fin, el
verdadero color, la complejidad y el alma del mundo íbero.




















