17 de septiembre de 2026

Los cañones de Port Arthur - Antonio Muñoz Lorente

Fecha de edición: junio 2.026
Editorial: HRM Ediciones
Páginas: 346
Precio: 25,95 €
Género: Historia militar
Otro libro reseñado del autor: 

Sinopsis: En Los cañones de Port Arthur, la guerra ruso-japonesa de 1904-1905 emerge del olvido como el verdadero prólogo sangriento del siglo XX. A través de una narración que combina el pulso del relato histórico con la intensidad de los testimonios contemporáneos, esta obra reconstruye un conflicto decisivo que anticipó la guerra moderna en toda su crudeza. En los campos de Manchuria y en las aguas del Pacífico, dos imperios —enfrentados por el acceso a los ricos mercados asiáticos, el prestigio y un imperialismo agresivo que caracterizaba las relaciones internacionales de la época— desencadenaron una contienda marcada por la industrialización de la muerte: ametralladoras, artillería de fuego rápido, trincheras y asedios interminables. Port Arthur, símbolo y epicentro de la lucha, se convirtió en escenario de sacrificios masivos donde los soldados japoneses fueron reducidos a “balas humanas” en los asaltos contra las defensas rusas. Aunque se libraron enormes batallas terrestres, la guerra ruso-japonesa se decidió con un encuentro épico entre las dos flotas, la del almirante Togo, considerado el “Nelson de Asia”, y la armada del almirante Rodzhéventski, enviada desde el Báltico a realizar un periplo de más de treinta mil kilómetros para ser aniquilada en el estrecho de Tsushima. Pero esta no es solo la historia de una guerra olvidada. Es también la crónica de un cambio de era que todavía tiene influencia en nuestro mundo. La inesperada victoria japonesa alteró el equilibrio de poder global, precipitó la crisis del régimen zarista y la primera revolución rusa y abrió el camino al expansionismo nipón que marcaría el destino de Asia durante décadas. El conflicto dejó profundas huellas en China y Corea. Un Estados Unidos en plena expansión de su poder medió en la firma de la paz entre japoneses y rusos. Por su parte, las potencias de la época observaron la guerra como un anticipo de la gran catástrofe que se desencadenaría en agosto de 1914. Los cañones de Port Arthur rescata para el lector actual una guerra que fue mucho más que un choque entre imperios: fue el laboratorio donde nació la violencia contemporánea.


OPINIÓN

En los albores del siglo XX, el equilibrio de poder mundial sufrió una sacudida tectónica en los confines de Asia Oriental. La Guerra Ruso-Japonesa (1904-1905), a menudo relegada a una nota al pie en la historiografía general, emerge en Los cañones de Port Arthur (HRM Ediciones, 2026) como el verdadero y sangriento prólogo de la modernidad bélica. Antonio Muñoz Lorente articula una crónica exhaustiva sobre el choque de dos expansionismos contrapuestos: la ambición del Imperio zarista por dominar Manchuria y asegurarse el estratégico puerto de aguas cálidas de Port Arthur, frente a un Japón emergente decidido a consolidar su hegemonía en el norte de China y Corea. A través de esta pugna por recursos y prestigio imperial, el autor desentraña un conflicto que no solo reconfiguró el mapa geopolítico, sino que certificó el ascenso del país nipón como potencia de primer orden al derrotar, contra todo pronóstico contemporáneo, a un gigante europeo.

La obra expone cómo la península de Liaodong se transformó en un laboratorio de la guerra industrial que anticiparía las hecatombes de Verdún y el Somme. Muñoz Lorente detalla con precisión quirúrgica el asedio de la plaza fortificada de Port Arthur, un infierno de alambre de espino, ametralladoras y artillería de tiro rápido. En estas páginas, el lector asiste a la brutal mutación del combate táctico, donde la doctrina japonesa de asalto frontal masivo se estrelló repetidamente contra unas defensas rusas inexpugnables, generando carnicerías que la propaganda nipona bautizaría trágicamente como oleadas de «balas humanas». El análisis operacional de estas batallas de desgaste demuestra que las herramientas de la matanza mecanizada ya estaban plenamente operativas una década antes de que las trincheras rasgaran el corazón de Europa. 

Sin embargo, el autor no confina su mirada exclusivamente a los muros de la fortaleza asediada, sino que despliega el vasto lienzo de las operaciones terrestres en Manchuria, desde los primeros cruces en el río Yalu hasta las enormes batallas campales en Liaoyang. El relato histórico, dotado de un gran pulso narrativo, se entrelaza hábilmente con testimonios contemporáneos que devuelven la voz a quienes padecieron la guerra en el foso y el barro. La culminación de esta espiral de violencia terrestre se materializa en la narración del enfrentamiento de Mukden, descrito como un duelo en la nieve entre dos ejércitos física y moralmente exhaustos. Es en estas llanuras heladas donde el libro capta la desolación de unas tropas empujadas al límite de la resistencia humana, víctimas de la ineficacia de sus mandos y de la implacable crudeza del clima oriental.

Paradójicamente, aunque las llanuras manchúes absorbieron el mayor coste en vidas, Muñoz Lorente sostiene con acierto que el destino del imperio y el desenlace de la guerra se decidieron definitivamente en el mar. Reconstruye con notable rigor el épico, surrealista y desesperado viaje de la flota rusa del Báltico, comandada por el almirante Zinovi Rozhétsvenski, que tras navegar más de treinta mil kilómetros en un intento agónico por rescatar Port Arthur, esta armada extenuada fue aniquilada en el estrecho de Tsushima por las fuerzas del almirante Tōgō Heihachirō, a quien la prensa de la época bautizaría como el «Nelson de Asia». El análisis de esta contienda naval ilustra de manera contundente cómo la supremacía tecnológica y la destreza táctica en el dominio de las aguas sentenciaron cualquier esperanza de victoria para el zarismo.

Las réplicas de este seísmo bélico trascendieron ampliamente el ámbito estrictamente militar, y el texto aborda sus profundas consecuencias sociopolíticas. La mediación de unos Estados Unidos en plena expansión facilitó la firma del Tratado de Portsmouth, un acuerdo que oficializó la humillación rusa y el abandono de sus ambiciones en la región. Para San Petersburgo, la derrota frente a una nación considerada inferior supuso un auténtico cataclismo: al empobrecimiento crónico y la abultada deuda se sumó un desprestigio institucional tan severo que actuó como detonante directo de la Revolución de 1905. Resulta especialmente reveladora la lectura que hace el autor sobre la ceguera de las potencias occidentales, cuyos observadores militares, pese a presenciar la masacre en primera fila, fueron incapaces de asimilar las advertencias tácticas que habrían podido evitar el estancamiento de agosto de 1914. 

En su conjunto, Los cañones de Port Arthur se consagra como uno de los estudios en español más completos y rigurosos sobre un conflicto incomprensiblemente olvidado. El esmerado trabajo de edición de HRM Ediciones redondea la propuesta, dotando al volumen de un valioso aparato gráfico que incluye fotografías de época, tablas estadísticas y, sobre todo, mapas detallados que resultan indispensables para orientarse en la complejidad de las maniobras. Un trabajo, en definitiva, imprescindible para comprender no solo los orígenes de la hegemonía japonesa y la agonía de la autocracia rusa, sino el momento exacto en que la humanidad cruzó el umbral hacia la guerra total.

 


Libros de Antonio Muñoz Lorente



Andrés CM

14 de septiembre de 2026

Rasputín y la caída de los Románov - Antony Beevor

Fecha de edición: mayo 2.026
Editorial: Crítica
Páginas: 400
Precio: 24,90 €
Género: Biografía
Otro libro reseñado del autor: 

Sinopsis: Cuando la emperatriz viuda de Rusia estaba embarazada del futuro zar, tuvo un sueño que marcaría el resto de sus días: su hijo moriría a manos de un campesino. ¿Se cumpliría esa profecía con la llegada a la corte de Grigori Rasputín, un enigmático monje apenas alfabetizado, procedente de Siberia? 

En este retrato extraordinario, Antony Beevor nos acerca como nunca antes a la escandalosa vida y muerte de Rasputín. Aunque nunca ocupó un cargo oficial en la corte, ejerció una influencia decisiva sobre los Románov y protagonizó episodios de corrupción política y financiera y numerosos escándalos sexuales. Las consecuencias de los rumores y las teorías conspirativas a su alrededor propiciaron tal desafección hacia la corte del zar que, cuando estalló la Revolución de febrero de 1917, casi nadie alzó una espada en su defensa. 

A través de informes, entrevistas e interrogatorios inéditos, Beevor revela la verdad tras la leyenda de Rasputín: las motivaciones de su oportunismo político, su profunda hipocresía y la lujuria desenfrenada. Entre un thriller político y un misterio gótico, esta biografía revela una historia fascinante de perversión humana y caída de imperios.


OPINIÓN

En el gélido crepúsculo del Imperio ruso, pocos personajes concentran una carga mítica tan desfigurada como Grigori Rasputín. Convertido por el morbo popular, la propaganda revolucionaria y la ficción en el arquitecto diabólico del colapso de los Románov, la figura del campesino siberiano suele ocultar bajo su leyenda una trama política mucho más opaca y reveladora. En Rasputín y la caída de los Románov (Crítica, 2026), el reconocido historiador Antony Beevor desmantela el sensacionalismo acumulado durante más de un siglo para situar a este místico no como la causa aislada de la ruina imperial, sino como el síntoma definitivo de una autocracia asfixiada por la paranoia, la ceguera de Nicolás II y Alejandra, y la catástrofe de la Primera Guerra Mundial. La obra abarca desde la irrupción del peregrino en la capital imperial hasta el arresto domiciliario de la familia real en Tsárskoye Seló mientras la revolución estallaba a las puertas del palacio.

Despojando el relato de los tópicos más manidos de la cultura popular, Beevor elude la caricatura de la zarina Alejandra como una figura manipuladora y descarta los rumores sobre una relación sentimental con el campesino siberiano. La dependencia de la emperatriz no nacía del escándalo, sino de la desesperación de una madre acorralada por la hemofilia de su hijo, el zarévich Alexéi. Desde esa empatía psicológica, el historiador examina la sugestión que el místico ejercía para aliviar las crisis del heredero, manteniendo un equilibrio cauteloso que rehúsa tanto el escepticismo drástico como la credulidad mágica. Además, al apoyarse en testimonios directos —incluidas las memorias de María Rasputín, la hija del místico—, el texto matiza la información disponible para sopesar hasta qué punto sus presuntas facultades curativas respondían a una fuerza magnética o a una astuta contención del pánico familiar. 

Como si de una matrioska rusa se tratara, la figura de Rasputín revela nuevas capas a medida que se profundiza en su trayectoria. El autor retrata la desconcertante dualidad de un místico capaz de combinar una fe ferviente con una conducta desenfrenada, alternando la oración ostentosa con noches de borrachera y extravagantes rituales en los baños públicos de San Petersburgo. Esta dinámica encajaba de manera perturbadora en una aristocracia sedienta de espiritualismo y experiencias ocultistas. 

Sin embargo, este comportamiento no habría pasado de ser una anécdota turbia sin la parálisis del poder imperial: con Nicolás II ausente en el frente durante la Gran Guerra, la intriga política se desplazó al gabinete de la emperatriz, donde las arbitrarias injerencias del stárets en el nombramiento de ministros terminaron por fracturar la confianza de la propia aristocracia.

Beevor recrea la atmósfera de la capital con una pulcritud cinematográfica, alcanzando su cima en la narración del magnicidio de diciembre de 1916. Aquella secuencia despliega una dramática ironía: mientras en el piso superior los conspiradores mataban la espera escuchando en bucle el único disco de gramófono que poseían (Yankee Doodle Dandy), en el piso inferior Rasputín mostraba una insólita resistencia al cianuro de los pasteles. El episodio culminó con los disparos a quemarropa bajo la nieve nocturna contra el místico ataviado con su camisa de satén y fajín rojo, certificando el trágico contraste entre la reputación de clarividencia del personaje y su incapacidad para prever la trampa tendida por sus propios allegados. 

Si bien los historiadores especializados en el periodo encontrarán pasajes ya conocidos en la amplia bibliografía sobre los Románov, el valor de la obra reside en la solidez de su arquitectura narrativa, su estilo ágil y su distancia crítica. Más que aportar revelaciones inéditas, el historiador británico logra un trabajo de síntesis sobresaliente que convierte al volumen en una puerta de entrada idónea para lectores no iniciados. El libro no busca satanizar ni santificar al personaje; lo expone como el reflejo distorsionado en el que se proyectaron las paradojas de un régimen agonizante. 

En suma, Rasputín y la caída de los Románov se consolida como una lectura esclarecedora para comprender cómo la desinformación, el rumor y la erosión moral del poder prepararon el terreno para que, al estallar la Revolución de Febrero de 1917, nadie estuviera dispuesto a empuñar una espada en defensa de la autocracia.




Antony Beevor



Andrés CM

11 de septiembre de 2026

Mitra. Un dios de Oriente a Occidente - Israel Campos Méndez

Fecha de edición: mayo 2.026
Editorial: Erasmus
Páginas: 240
Precio: 21,95 €
Género: Ensayo histórico

Sinopsis: El enigma del mitraísmo sigue cautivando siglos después de su desaparición. Su figura despierta una mezcla de curiosidad y admiración que este libro se propone desentrañar, rastreando la asombrosa metamorfosis de una deidad que viajó desde los remotos reinos de Mitanni hasta el corazón de la Ciudad Eterna.   

En esta obra, el doctor en Historia Israel Campos nos sumerge en un recorrido fascinante a través de fuentes arqueológicas, epigráficas y textos olvidados. Desvelando cómo un antiguo culto persa se despojó de sus ropajes originales para reinventarse en el subsuelo romano como una religión mistérica, exclusiva y poderosa. Un credo que encarnaba los valores de triunfo, orden y disciplina que sedujeron a las legiones de Roma, convirtiendo a Mitra en su protector más sagrado. 

Explorando santuarios ocultos y hallazgos de la Antigüedad, este libro nos permite entender no solo una fe perdida, sino la propia construcción de la identidad de nuestra civilización.


OPINIÓN

Súbitamente, a finales del siglo I d.C., un dios nuevo irrumpe en el Imperio romano con una pujanza extraordinaria: Mitra. Desde ese momento se manifiesta como un dios invicto, que ofrece a sus seguidores un nuevo marco para expresar sus inquietudes religiosas. Los espacios consagrados a él en sótanos y criptas son distintos a los habituales, el culto se organiza con unos rituales novedosos y los fieles constituyen hermandades cerradas y muy jerarquizadas. Para participar en ellas resulta imprescindible superar unas pruebas iniciáticas de las que las mujeres están radicalmente excluidas. Las legiones son el principal vehículo difusor del nuevo culto, y el favor imperial constituye el estímulo imprescindible para su repentino éxito. 

Mitra. Un dios de Oriente a Occidente (Erasmus, 2026), del profesor y doctor en Historia Israel Campos Méndez, nos invita a descender a esas criptas para desentrañar uno de los capítulos más fascinantes y herméticos de la Antigüedad. El ensayo traza la asombrosa metamorfosis de este dios, rastreando sus orígenes en los lejanos reinos de Mitanni y en la tradición del Avesta iranio —donde encarnaba la luz, la custodia de los pactos y el juicio de las almas— hasta su desembarco en las entrañas de la Ciudad Eterna. Es la crónica de cómo una figura vinculada a la realeza persa se despojó de sus ropajes orientales para renacer como el mayor protector de las fronteras de Roma. He aquí la paradoja más fascinante de este culto: la religión que encandiló a los campamentos de Roma provenía, precisamente, del rival más acérrimo del mundo clásico, el Imperio persa.

A diferencia de los ritos oficiales, el mitraísmo romano floreció en el más absoluto de los secretos como un culto mistérico exclusivo para hombres. Campos Méndez, una de las voces más autorizadas sobre la materia en nuestro idioma, nos guía a través de los mitreos: esos angostos comedores subterráneos, diseñados arquitectónicamente para evocar la bóveda del cosmos. Allí, frente a la imponente y enigmática escena de la tauroctonía —el sacrificio ritual del toro—, legionarios apostados en el Rin o el Danubio, prósperos mercaderes de Ostia y funcionarios imperiales de Hispania compartían el banquete sagrado. El autor desgrana con un admirable pulso narrativo la compleja jerarquía de sus siete grados iniciáticos, explicando por qué esa hermandad basada en el triunfo, el orden y la disciplina sedujo de forma tan arrolladora a la maquinaria militar romana. 

El destino de Mitra estuvo marcado por su feroz competencia con el cristianismo primitivo por la supremacía espiritual en la sociedad romana durante los siglos III y IV; un choque de titanes que finalmente desembocó en el declive forzado y la desaparición del culto oriental ante el avance de la Iglesia. Sin embargo, la gran victoria contemporánea de este dios reside en la propia obra. Ante la total ausencia de textos sagrados propios del mitraísmo, el autor exprime magistralmente las evidencias arqueológicas, la numismática, la epigrafía y los sesgados textos de sus detractores cristianos para devolverle la voz a este culto. Su trabajo viene a llenar un vacío histórico incomprensible en el panorama editorial español, construyendo un escudo académico frente a las invenciones y mitos infundados que hoy proliferan en internet. 

Con este brillante ensayo, Israel Campos Méndez demuestra que es posible conjugar un rigor científico intachable con una vocación divulgativa apasionante, regalándonos un viaje que ilumina las sombras del subsuelo romano para descubrir los anhelos y temores de aquellos hombres que se reunían para adorar a Mitra.



Andrés CM