19 de junio de 2026

Y si el mundo se va a la mierda - Joshua Piven y David Borgenicht

Fecha de edición: noviembre 2.024
Editorial: Oberon
Páginas: 224
Precio: 22,95 €
Género: Divulgación práctica

Sinopsis: ¡Es el apocalipsis! ¿Y ahora qué? Prepárate para el final de la civilización con la ayuda de dos expertos en supervivencia y preparacionismo y aprende cómo levantarte de nuevo, sacudirte el polvo y empezar otra vez. 

El reloj del fin del mundo está a segundos de llegar a la medianoche, y las probabilidades de extinción son más cercanas con cada tictac. ¡Pero no temas! Aquí tienes una guía indispensable que te prepara para sobrevivir en el último de los escenarios más terribles, con humor y simpatía. No puedes entrar en pánico si te estás riendo.

Encontrarás instrucciones paso a paso para hacer una maleta en treinta minutos, sentirte como en casa en tu bunker, sobrevivir a una invasión alien o a un ataque de robots, sobrevivir en la próxima pandemia, defenderte de un clan hostil, comer insectos y roedores... ¡y reconstruir una sociedad utópica!


OPINIÓN

La literatura dedicada al colapso de la civilización suele balancearse entre el desasosiego distópico y el manual técnico de los movimientos prepper. Sin embargo, en Y si el mundo se va a la mierda, los autores Joshua Piven y David Borgenicht —creadores de la célebre serie The Worst-case Scenario— proponen una tercera vía sumamente ingeniosa. Publicado en español por Oberon, este volumen aborda los escenarios más extremos del fin de los tiempos no desde el pánico, sino desde una solemnidad instructiva, transformando el catastrofismo en una sutil pieza de sátira estructural.

El gran acierto editorial de la obra radica en la disonancia deliberada entre el fondo y la forma. El texto trata catástrofes de corte cinematográfico —como una invasión zombi, un impacto de meteorito, una glaciación repentina o una rebelión de la inteligencia artificial— con el mismo tono seco y aséptico que se esperaría de las instrucciones de seguridad de un avión comercial. Al renunciar por completo al chiste fácil o a la ironía evidente, el humor emerge precisamente de esa seriedad clínica. Para los autores, enfrentarse a un alienígena o a un asaltante en un páramo desértico postapocalíptico es, fundamentalmente, un problema de física, biología y lógica procedimental. Esta impasibilidad narrativa desarma al lector, quien se descubre analizando cómo calcular la distancia de seguridad frente a un muerto viviente o cómo racionar el agua en un búnker. 

Lejos de ser una mera colección de ocurrencias aleatorias, el libro respeta minuciosamente la estructura de los manuales de supervivencia reales. Cada sección está dividida en escenarios específicos articulados mediante listas de prioridades, advertencias de seguridad y cronologías de acción inmediata, acompañadas de ilustraciones vectoriales que esquematizan nudos de escape o puntos vulnerables de diversas amenazas. 

Para mantener el tipo dentro de la parodia, los autores consultaron a expertos reales en gestión de crisis, médicos y especialistas en entornos hostiles. Esto provoca que el compendio no se limite en exclusiva a la fantasía de la ciencia ficción, sino que integre con rigor situaciones de supervivencia completamente tangibles. Entre sus páginas conviven protocolos para afrontar la desorientación en entornos naturales como el desierto o la montaña, pautas de comportamiento para evitar ataques de fauna salvaje —desde pumas hasta elefantes— y el aprendizaje de destrezas fundamentales de la supervivencia clásica, como las técnicas básicas para encender fuego.

Con todo, conviene calibrar el alcance real de la obra. Aunque las soluciones propuestas son técnicamente correctas, el volumen prioriza en última instancia su faceta lúdica por encima de la utilidad operativa. No se trata de una guía de campo en la que confiar a ciegas durante una situación de crisis crítica real, sino de una lectura concebida para el entretenimiento del lector a través de la sistematización y disección del peligro. 

Más allá de su evidente función de entretenimiento, el volumen funciona como un lúcido termómetro cultural. En una sociedad contemporánea frecuentemente bombardeada por la incertidumbre geopolítica, las crisis climáticas y el eco de las tensiones globales, el libro de Piven y Borgenicht actúa como una necesaria válvula de escape. Al sobredimensionar los peligros y llevarlos al terreno de la fantasía apocalíptica, el texto desactiva la ansiedad cotidiana a través del absurdo, permitiendo al lector reírse de sus propios temores existenciales. 

En definitiva, Y si el mundo se va a la mierda se consolida como una contribución muy oportuna a la literatura de entretenimiento y la cultura pop. Al redefinir los códigos del catastrofismo clásico, los autores ofrecen una propuesta de lectura sumamente original, ideal para quienes busquen un acercamiento inteligente y desmitificador al siempre recurrente mito del fin del mundo.



Susana D.

17 de junio de 2026

¿Qué vimos en mayo?

El pasado mayo ha resultado ser un mes de grandes contrastes y, para ser sinceros, de unas cuantas decepciones que nos han dejado un sabor algo agridulce frente a la pantalla. La balanza se ha inclinado peligrosamente hacia las oportunidades perdidas: desde el conservador regreso del universo Star Wars a los cines, hasta el descontrol excesivo de Marty Supreme y el thriller derivativo que ha resultado ser La asistenta. Afortunadamente, no todo han sido chascos. El mes lo ha salvado de forma incontestable el terreno televisivo gracias a la bellísima y magistral adaptación de La casa de los espíritus, que se erige como nuestro gran refugio de ficción de estas últimas semanas. Nos vemos dentro de treinta días, esperando que la pantalla grande remonte el vuelo.


Películas



The Mandalorian and Grogu ★★✰ El regreso de la franquicia galáctica a las salas de cine se salda con un sabor agridulce y una inevitable sensación de oportunidad desaprovechada. Pese al salto a la gran pantalla, la producción peca de un enfoque excesivamente conservador por parte de Dave Filoni, ofreciendo una propuesta que no termina de cuajar ni como la clásica aventura de ciencia ficción de la serie original ni como la buddy movie que presagiaba su propio título. La cinta se despliega visualmente como una inmensa sucesión de secuencias de acción que se alarga durante algo más de dos horas, un despliegue artificial que, lamentablemente, dificulta que el espectador logre sumergirse en la historia. Aunque cumple a duras penas con el condescendiente mantra actual de "entretener y hacer que el tiempo pase rápido", el potente legado previo del personaje merecía un retorno al cine por la puerta grande que fuera mucho más allá del simple pasatiempo. Una verdadera lástima.

La asistenta  A pesar del escepticismo inicial por no ser devoto de la novela en la que se basa, esta adaptación despertaba curiosidad gracias al sólido reclamo de Paul Feig tras las cámaras y al magnético duelo interpretativo entre Sydney Sweeney y Amanda Seyfried. Para sorpresa de muchos, la cinta arranca con fuerza y logra engatusar al espectador; lo que se perfila como una intriga convencional pronto se transforma en un absorbente juego de sospechas donde nadie es de fiar y la protagonista se mueve en una interesante escala de grises. Sin embargo, este prometedor arranque termina desmoronándose narrativamente: el giro central resulta del todo previsible y ciertos recursos —como el flashback sobre el pasado de Nina— se sienten como un calco descarado de fórmulas ya explotadas en Perdida de Gillian Flynn. Con todo, su mayor problema no es su falta de originalidad, sino el poso que deja. Al poblar la trama exclusivamente de personajes desequilibrados y carentes de cualquier filtro ético, la película deviene en una experiencia incómoda y profundamente desagradable.

Marty Supreme ★★ Inspirada libremente en el jugador de tenis de mesa Marty Reisman, esta cinta se aleja del biopic clásico para abrazar la ficción pura con resultados cuestionables. El director Josh Safdie intenta replicar la fórmula espídica de Diamantes en bruto, pero aquí el ritmo se le va de las manos en un metraje excesivo al que le sobran 45 minutos y que termina generando hastío. A esto se suma un Timothée Chalamet pasadísimo de frenada que confunde la intensidad con el puro nerviosismo, evocando los papeles más histriónicos de Tom Cruise. Solo la sorprendente contención de Gwyneth Paltrow aporta un oasis de sensatez a un guion que desparrama sin control. Una propuesta fallida a la que le faltó mucha finura.


Series y documentales




La casa de los espíritus  ★★★ (Miniserie) Esta ambiciosa adaptación de la obra cumbre de Isabel Allende se consolida de forma incontestable como un triunfo televisivo absoluto. La serie revoluciona el drama de época trasladando a la pantalla el realismo mágico con una elegancia visual arrebatadora, tejiendo un complejo tapiz intergeneracional donde las pasiones familiares chocan de frente con la convulsa historia política de Chile. Bajo una puesta en escena exquisita y un reparto coral en estado de gracia, la trama prioriza la profundidad emocional sobre el melodrama barato. Sencillamente, una adaptación magistral que hace justicia a uno de los grandes hitos de la literatura contemporánea.

Vicios ocultos ★★ (Temporada 2) El regreso de esta ficción pone de manifiesto el peligro de estirar las buenas premisas de forma indefinida. Tras una entrega inicial sumamente entretenida que destacaba por su ácida disección de las élites, esta segunda temporada flaquea al transformar lo que era un suspense afilado en un melodrama de alta alcurnia. La trama avanza a golpe de decisiones absurdas por parte de unos personajes que parecen inmunes a las consecuencias de sus propios actos, provocando que los conflictos se repitan y que la tensión original se diluya en mera rutina. Aunque el despliegue visual sigue siendo impecable y un magnético Jon Hamm se esfuerza por sostener el barco, ni su arrollador carisma logra salvar un guion que parece concebido con el único propósito de justificar una renovación más.

Desde la celda: crimen en León ★★★✰ El documental nos devuelve al 12 de mayo de 2014, cuando Montserrat González y su hija Triana Martínez asesinaron a plena luz del día a Isabel Carrasco, un crimen que conmocionó al país. Su mayor valor reside en el material exclusivo: tras doce años de silencio y habiendo cumplido la mitad de su condena, las acusadas toman la palabra desde prisión. A través de este testimonio inédito, ambas explican las motivaciones del asesinato, reflexionan sobre su encierro y muestran su arrepentimiento. Alejándose del morbo fácil, la producción complementa estas entrevistas con el análisis de policías, abogados y criminólogos para comprender la mentalidad de madre e hija. Al final, el relato funciona no solo como reconstrucción policial, sino como un reflejo de los rencores y el clientelismo de la política de provincias.


Andrés y Susana

15 de junio de 2026

Cartago - Eve MacDonald

Fecha de edición: marzo 2.026
Editorial: Taurus
Páginas: 392
Precio: 24,90 €
Género: Ensayo histórico 

Sinopsis: La historia de Cartago suele contarse desde la mirada de quienes la destruyeron. Pero durante casi seiscientos años, esta poderosa ciudad del norte de África fue una de las civilizaciones más ricas, influyentes y temidas del Mediterráneo occidental. Hogar de figuras legendarias como Aníbal y Dido, de imponentes elefantes de guerra, de creaciones artísticas de enorme belleza y de una fuerza militar capaz de rivalizar con cualquier potencia, Cartago fue mucho más que la sombra proyectada por Roma sobre su memoria. 

En este libro apasionante, la doctora Eve MacDonald reconstruye la cultura perdida de Cartago y la vida de su pueblo. Gracias a nuevos hallazgos arqueológicos y a una lectura crítica de las fuentes, MacDonald rescata del silencio la historia real tras la leyenda: un viaje que se inicia en el Levante fenicio de los inicios de la Edad de Hierro y que se despliega a lo largo de toda la costa africana hasta el Atlántico. Su narración devuelve a Cartago el lugar que le corresponde en la historia mediterránea y muestra cómo su influencia fue decisiva para el mundo antiguo. Recuperada de los romanos, esta es la versión cartaginesa del relato. Una historia que revela una verdad incómoda: sin Cartago, nunca habría existido Roma.


OPINIÓN

Pocas consignas han sepultado tanto la verdad histórica como el implacable Carthago delenda est (Cartago debe ser destruida) pronunciado por Catón el Viejo. Durante milenios, nuestra comprensión de la gran potencia norteafricana ha estado filtrada, casi en exclusiva, por la lente deformante y la propaganda imperial de sus destructores romanos. En Cartago. Una nueva historia de un antiguo imperio, la historiadora y arqueóloga Eve MacDonald asume el monumental reto de sortear este sesgo. Publicada por Taurus, esta obra se aleja del tradicional enfoque centrado en las Guerras Púnicas—que también analiza convenientemente— para devolverle la voz, la dignidad y la identidad a una de las civilizaciones fundacionales del Mediterráneo occidental. 

El primer gran acierto del ensayo de MacDonald es su incisivo análisis crítico de las fuentes clásicas. La autora disecciona cómo Polibio o Tito Livio construyeron una imagen de Cartago diseñada a medida para justificar la conquista romana. El propio término "púnico", derivado del latín poenus, nace con una carga hostil destinada a retratar a los cartagineses como bárbaros crueles, codiciosos y carentes de honor.

Frente a esta otredad fabricada, la historiadora británica desplaza el centro de gravedad hacia las pruebas materiales modernas: dataciones por radiocarbono, análisis de isótopos en fosas comunes y excavaciones urbanas. El resultado desmiente el mito del aislamiento cartaginés, revelando una metrópolis cosmopolita, densamente urbanizada y tecnológicamente avanzada. Un ejemplo revelador de la hipocresía romana ante este nivel de desarrollo es el destino del enciclopédico tratado agrícola del pensador cartaginés Magón: mientras la ciudad ardía hasta los cimientos en el 146 a. C., el Senado romano ordenó salvar la obra y traducirla al latín, apropiándose sin pudor del conocimiento práctico de aquellos a quienes tildaban de enemigos de la civilización.

 

El libro también desmonta la narrativa tradicional sobre el origen de la ciudad. MacDonald rescata a la figura de Dido de la tragedia romántica impuesta por la Eneida de Virgilio para devolverle su nombre original, Elishat, y su dimensión histórica como princesa fenicia. La fundación de Cartago se entiende así como una expedición colonial planificada desde Tiro, que mantuvo siempre un fuerte vínculo identitario a través del culto al dios Melqart. 

Sobre esta base, el ensayo detalla el motor del poder cartaginés: su inigualable red marítima. La expansión hacia Occidente fue una compleja trama de diplomacia y comercio que conectó el Levante con las minas de Iberia y las rutas de África occidental. Se subraya, además, que la cultura púnica estaba profundamente entrelazada con el mundo helenístico a través de la política y el arte compartido. Cartago y figuras como Aníbal no operaban como forasteros bárbaros, sino que participaban plenamente en las mismas dinámicas culturales que moldearon el Mediterráneo clásico.

Uno de los capítulos más delicados de la historia cartaginesa es la religión y la práctica del sacrificio asociada al tofet (el santuario de Tanit). MacDonald aborda este tema con una notable sensibilidad crítica, separando la evidencia arqueológica de la acusación polémica. La autora expone el debate actual integrando estos rituales en la compleja economía de los sacrificios cívicos y demostrando que el panteón púnico era enormemente permeable a las influencias exteriores. 

Esta sofisticación se reflejaba también en un sistema institucional alabado por el propio Aristóteles. Lejos de la caricatura de tiranos sostenidos por mercenarios, el escenario que se dibuja es el de un estado regido por magistrados electos (sufetes), un consejo oligárquico y una asamblea de ciudadanos, donde el mando militar operaba bajo una severa vigilancia civil. 

Con Cartago. Una nueva historia de un antiguo imperio, Eve MacDonald firma un genuino acto de restauración intelectual. Al combinar un profundo conocimiento arqueológico con una ética narrativa que cuestiona las herencias de la conquista, la autora logra apartar el pesado velo del olvido impuesto por Roma. El resultado es un ensayo riguroso que reequilibra la balanza de la memoria histórica, permitiendo al lector comprender que la identidad cartaginesa no se resume en ser el enemigo derrotado de las legiones, sino en haber sido el epicentro de la fusión cultural y comercial del mundo antiguo.



Andrés CM