17 de junio de 2026

¿Qué vimos en mayo?

El pasado mayo ha resultado ser un mes de grandes contrastes y, para ser sinceros, de unas cuantas decepciones que nos han dejado un sabor algo agridulce frente a la pantalla. La balanza se ha inclinado peligrosamente hacia las oportunidades perdidas: desde el conservador regreso del universo Star Wars a los cines, hasta el descontrol excesivo de Marty Supreme y el thriller derivativo que ha resultado ser La asistenta. Afortunadamente, no todo han sido chascos. El mes lo ha salvado de forma incontestable el terreno televisivo gracias a la bellísima y magistral adaptación de La casa de los espíritus, que se erige como nuestro gran refugio de ficción de estas últimas semanas. Nos vemos dentro de treinta días, esperando que la pantalla grande remonte el vuelo.


Películas



The Mandalorian and Grogu ★★✰ El regreso de la franquicia galáctica a las salas de cine se salda con un sabor agridulce y una inevitable sensación de oportunidad desaprovechada. Pese al salto a la gran pantalla, la producción peca de un enfoque excesivamente conservador por parte de Dave Filoni, ofreciendo una propuesta que no termina de cuajar ni como la clásica aventura de ciencia ficción de la serie original ni como la buddy movie que presagiaba su propio título. La cinta se despliega visualmente como una inmensa sucesión de secuencias de acción que se alarga durante algo más de dos horas, un despliegue artificial que, lamentablemente, dificulta que el espectador logre sumergirse en la historia. Aunque cumple a duras penas con el condescendiente mantra actual de "entretener y hacer que el tiempo pase rápido", el potente legado previo del personaje merecía un retorno al cine por la puerta grande que fuera mucho más allá del simple pasatiempo. Una verdadera lástima.

La asistenta  A pesar del escepticismo inicial por no ser devoto de la novela en la que se basa, esta adaptación despertaba curiosidad gracias al sólido reclamo de Paul Feig tras las cámaras y al magnético duelo interpretativo entre Sydney Sweeney y Amanda Seyfried. Para sorpresa de muchos, la cinta arranca con fuerza y logra engatusar al espectador; lo que se perfila como una intriga convencional pronto se transforma en un absorbente juego de sospechas donde nadie es de fiar y la protagonista se mueve en una interesante escala de grises. Sin embargo, este prometedor arranque termina desmoronándose narrativamente: el giro central resulta del todo previsible y ciertos recursos —como el flashback sobre el pasado de Nina— se sienten como un calco descarado de fórmulas ya explotadas en Perdida de Gillian Flynn. Con todo, su mayor problema no es su falta de originalidad, sino el poso que deja. Al poblar la trama exclusivamente de personajes desequilibrados y carentes de cualquier filtro ético, la película deviene en una experiencia incómoda y profundamente desagradable.

Marty Supreme ★★ Inspirada libremente en el jugador de tenis de mesa Marty Reisman, esta cinta se aleja del biopic clásico para abrazar la ficción pura con resultados cuestionables. El director Josh Safdie intenta replicar la fórmula espídica de Diamantes en bruto, pero aquí el ritmo se le va de las manos en un metraje excesivo al que le sobran 45 minutos y que termina generando hastío. A esto se suma un Timothée Chalamet pasadísimo de frenada que confunde la intensidad con el puro nerviosismo, evocando los papeles más histriónicos de Tom Cruise. Solo la sorprendente contención de Gwyneth Paltrow aporta un oasis de sensatez a un guion que desparrama sin control. Una propuesta fallida a la que le faltó mucha finura.


Series y documentales




La casa de los espíritus  ★★★ (Miniserie) Esta ambiciosa adaptación de la obra cumbre de Isabel Allende se consolida de forma incontestable como un triunfo televisivo absoluto. La serie revoluciona el drama de época trasladando a la pantalla el realismo mágico con una elegancia visual arrebatadora, tejiendo un complejo tapiz intergeneracional donde las pasiones familiares chocan de frente con la convulsa historia política de Chile. Bajo una puesta en escena exquisita y un reparto coral en estado de gracia, la trama prioriza la profundidad emocional sobre el melodrama barato. Sencillamente, una adaptación magistral que hace justicia a uno de los grandes hitos de la literatura contemporánea.

Vicios ocultos ★★ (Temporada 2) El regreso de esta ficción pone de manifiesto el peligro de estirar las buenas premisas de forma indefinida. Tras una entrega inicial sumamente entretenida que destacaba por su ácida disección de las élites, esta segunda temporada flaquea al transformar lo que era un suspense afilado en un melodrama de alta alcurnia. La trama avanza a golpe de decisiones absurdas por parte de unos personajes que parecen inmunes a las consecuencias de sus propios actos, provocando que los conflictos se repitan y que la tensión original se diluya en mera rutina. Aunque el despliegue visual sigue siendo impecable y un magnético Jon Hamm se esfuerza por sostener el barco, ni su arrollador carisma logra salvar un guion que parece concebido con el único propósito de justificar una renovación más.

Desde la celda: crimen en León ★★★✰ El documental nos devuelve al 12 de mayo de 2014, cuando Montserrat González y su hija Triana Martínez asesinaron a plena luz del día a Isabel Carrasco, un crimen que conmocionó al país. Su mayor valor reside en el material exclusivo: tras doce años de silencio y habiendo cumplido la mitad de su condena, las acusadas toman la palabra desde prisión. A través de este testimonio inédito, ambas explican las motivaciones del asesinato, reflexionan sobre su encierro y muestran su arrepentimiento. Alejándose del morbo fácil, la producción complementa estas entrevistas con el análisis de policías, abogados y criminólogos para comprender la mentalidad de madre e hija. Al final, el relato funciona no solo como reconstrucción policial, sino como un reflejo de los rencores y el clientelismo de la política de provincias.


Andrés y Susana

15 de junio de 2026

Cartago - Eve MacDonald

Fecha de edición: marzo 2.026
Editorial: Taurus
Páginas: 392
Precio: 24,90 €
Género: Ensayo histórico 

Sinopsis: La historia de Cartago suele contarse desde la mirada de quienes la destruyeron. Pero durante casi seiscientos años, esta poderosa ciudad del norte de África fue una de las civilizaciones más ricas, influyentes y temidas del Mediterráneo occidental. Hogar de figuras legendarias como Aníbal y Dido, de imponentes elefantes de guerra, de creaciones artísticas de enorme belleza y de una fuerza militar capaz de rivalizar con cualquier potencia, Cartago fue mucho más que la sombra proyectada por Roma sobre su memoria. 

En este libro apasionante, la doctora Eve MacDonald reconstruye la cultura perdida de Cartago y la vida de su pueblo. Gracias a nuevos hallazgos arqueológicos y a una lectura crítica de las fuentes, MacDonald rescata del silencio la historia real tras la leyenda: un viaje que se inicia en el Levante fenicio de los inicios de la Edad de Hierro y que se despliega a lo largo de toda la costa africana hasta el Atlántico. Su narración devuelve a Cartago el lugar que le corresponde en la historia mediterránea y muestra cómo su influencia fue decisiva para el mundo antiguo. Recuperada de los romanos, esta es la versión cartaginesa del relato. Una historia que revela una verdad incómoda: sin Cartago, nunca habría existido Roma.


OPINIÓN

Pocas consignas han sepultado tanto la verdad histórica como el implacable Carthago delenda est (Cartago debe ser destruida) pronunciado por Catón el Viejo. Durante milenios, nuestra comprensión de la gran potencia norteafricana ha estado filtrada, casi en exclusiva, por la lente deformante y la propaganda imperial de sus destructores romanos. En Cartago. Una nueva historia de un antiguo imperio, la historiadora y arqueóloga Eve MacDonald asume el monumental reto de sortear este sesgo. Publicada por Taurus, esta obra se aleja del tradicional enfoque centrado en las Guerras Púnicas—que también analiza convenientemente— para devolverle la voz, la dignidad y la identidad a una de las civilizaciones fundacionales del Mediterráneo occidental. 

El primer gran acierto del ensayo de MacDonald es su incisivo análisis crítico de las fuentes clásicas. La autora disecciona cómo Polibio o Tito Livio construyeron una imagen de Cartago diseñada a medida para justificar la conquista romana. El propio término "púnico", derivado del latín poenus, nace con una carga hostil destinada a retratar a los cartagineses como bárbaros crueles, codiciosos y carentes de honor.

Frente a esta otredad fabricada, la historiadora británica desplaza el centro de gravedad hacia las pruebas materiales modernas: dataciones por radiocarbono, análisis de isótopos en fosas comunes y excavaciones urbanas. El resultado desmiente el mito del aislamiento cartaginés, revelando una metrópolis cosmopolita, densamente urbanizada y tecnológicamente avanzada. Un ejemplo revelador de la hipocresía romana ante este nivel de desarrollo es el destino del enciclopédico tratado agrícola del pensador cartaginés Magón: mientras la ciudad ardía hasta los cimientos en el 146 a. C., el Senado romano ordenó salvar la obra y traducirla al latín, apropiándose sin pudor del conocimiento práctico de aquellos a quienes tildaban de enemigos de la civilización.

 

El libro también desmonta la narrativa tradicional sobre el origen de la ciudad. MacDonald rescata a la figura de Dido de la tragedia romántica impuesta por la Eneida de Virgilio para devolverle su nombre original, Elishat, y su dimensión histórica como princesa fenicia. La fundación de Cartago se entiende así como una expedición colonial planificada desde Tiro, que mantuvo siempre un fuerte vínculo identitario a través del culto al dios Melqart. 

Sobre esta base, el ensayo detalla el motor del poder cartaginés: su inigualable red marítima. La expansión hacia Occidente fue una compleja trama de diplomacia y comercio que conectó el Levante con las minas de Iberia y las rutas de África occidental. Se subraya, además, que la cultura púnica estaba profundamente entrelazada con el mundo helenístico a través de la política y el arte compartido. Cartago y figuras como Aníbal no operaban como forasteros bárbaros, sino que participaban plenamente en las mismas dinámicas culturales que moldearon el Mediterráneo clásico.

Uno de los capítulos más delicados de la historia cartaginesa es la religión y la práctica del sacrificio asociada al tofet (el santuario de Tanit). MacDonald aborda este tema con una notable sensibilidad crítica, separando la evidencia arqueológica de la acusación polémica. La autora expone el debate actual integrando estos rituales en la compleja economía de los sacrificios cívicos y demostrando que el panteón púnico era enormemente permeable a las influencias exteriores. 

Esta sofisticación se reflejaba también en un sistema institucional alabado por el propio Aristóteles. Lejos de la caricatura de tiranos sostenidos por mercenarios, el escenario que se dibuja es el de un estado regido por magistrados electos (sufetes), un consejo oligárquico y una asamblea de ciudadanos, donde el mando militar operaba bajo una severa vigilancia civil. 

Con Cartago. Una nueva historia de un antiguo imperio, Eve MacDonald firma un genuino acto de restauración intelectual. Al combinar un profundo conocimiento arqueológico con una ética narrativa que cuestiona las herencias de la conquista, la autora logra apartar el pesado velo del olvido impuesto por Roma. El resultado es un ensayo riguroso que reequilibra la balanza de la memoria histórica, permitiendo al lector comprender que la identidad cartaginesa no se resume en ser el enemigo derrotado de las legiones, sino en haber sido el epicentro de la fusión cultural y comercial del mundo antiguo.



Andrés CM

11 de junio de 2026

Enrique V - Dan jones

Fecha de edición: marzo 2.026
Editorial: Ático de los libros
Páginas: 480
Precio: 29,95 €
Género: Biografía
Otros libros reseñados del autor: 

Sinopsis: En otoño de 1415, un joven rey inglés condujo a un ejército exhausto hacia una victoria imposible. En Azincourt, frente a un enemigo muy superior, Enrique V derrotó a la flor y nata de la nobleza francesa y se convirtió en una figura legendaria. Tras este triunfo, estuvo a punto de hacer realidad el viejo sueño angevino: que el rey de Inglaterra ocupase también el trono de Francia. Gobernó menos de una década y murió con apenas treinta y cinco años, pero su nombre quedó ligado para siempre al ideal del rey guerrero. 

En esta biografía definitiva, Dan Jones nos sumerge en la vida de uno de los monarcas más célebres del Medievo. Enrique V fue un líder brillante y curtido en la batalla: un gobernante culto y reflexivo que siempre logró imponerse cuando más importaba. Enrique, que en su juventud sobrevivió casi de milagro a la herida de una flecha que se le incrustó en el cráneo, creció convencido de estar destinado a una misión. Como rey, salvó a Inglaterra de la ruina, sofocó rebeliones internas, aseguró sus fronteras y devolvió al reino un papel central en la política europea. 

Más allá del mito forjado por Shakespeare, esta obra desvela al hombre real tras la corona. Con rigor histórico y un ritmo narrativo irresistible, Dan Jones firma la biografía definitiva de un coloso de la Edad Media y una lectura imprescindible para comprender la guerra de los Cien Años, y cómo se ejercía el poder y el liderazgo en la Europa medieval.


OPINIÓN

La historia medieval inglesa nunca anduvo escasa de monarcas forjados en el campo de batalla. Nombres de la talla de Guillermo el Conquistador, Enrique II o Eduardo IV jalonan las crónicas como arquetipos de reyes guerreros. Sin embargo, hay una figura que brilla con una intensidad singular en el imaginario colectivo. A pesar de ostentar el trono durante poco más de nueve años, su breve paso por la historia redefinió el equilibrio de poder en Europa. En Enrique V. El extraordinario ascenso del legendario rey guerrero de Inglaterra, publicado por Ático de los Libros, el célebre historiador Dan Jones firma su primera biografía pura, alejándose de los mitos literarios shakespearianos para ofrecer un retrato crudo, vibrante y minuciosamente documentado. 

Uno de los mayores aciertos del libro es mostrar que el destino de Enrique V como soberano fue prácticamente un milagro político. Como nieto de Juan de Gante e hijo de un noble desterrado por oponerse a Ricardo II, las probabilidades de que el joven Enrique ciñera la corona eran remotas. Jones guía al lector a través de una infancia marcada por la inestabilidad y el giro radical que supuso el regreso de su padre, Enrique Bolingbroke, para reclamar el trono.


Esta transición obligó al príncipe de Gales a madurar en un entorno hostil, defendiendo los intereses de la corona en Gales frente a la resistencia de Owain Glyndwr y la traición de la poderosa familia Percy. Fue una escuela de guerra brutal que culminó en la batalla de Shrewsbury; allí, el futuro rey estuvo a punto de perder la vida tras recibir un flechazo directo en el rostro, una herida gravísima de la que sobrevivió gracias a la audaz intervención médica del cirujano John Bradmore. Jones destaca este trauma físico como un punto de inflexión psicológico: tras el incidente, el joven príncipe desarrolló una profunda veta piadosa y un sentido del deber que lo llevó a asumir las riendas políticas del consejo real durante la enfermedad de su progenitor.

 

Tras su coronación en la primavera de 1413, el monarca demostró una lucidez geopolítica impecable. Entendía que la legitimidad de un rey medieval se demostraba en el campo de batalla, y fijó su objetivo en el enemigo histórico de Inglaterra: Francia. Al adentrarse en la Guerra de los Cien Años, Jones desmantela la idea preconcebida del mero general afortunado. La célebre victoria en la batalla de Agincourt no fue un hecho aislado, sino el resultado de una maquinaria administrativa y logística sin precedentes que el propio Enrique supervisaba. 

El libro incide en que es imposible separar al administrador del comandante militar. Enrique V no descuidó la política interna; pacificó las facciones cortesanas y saneó las finanzas reales para financiar sus campañas. Esta perfecta sincronización entre la gestión del Parlamento y la estrategia en el cuartel general le permitió forzar el Tratado de Troyes y emparentar con Catalina de Valois. Sin embargo, el destino de los hombres en el siglo XV dependía de hilos muy frágiles y la muerte prematura era una realidad cotidiana. Jones aborda con brillantez el abrupto final del monarca y abre la puerta a la especulación histórica: de haber envejecido en el trono, ¿habría logrado neutralizar definitivamente al Delfín francés y unificar ambas coronas para siempre? La realidad fue mucho más fulminante. Tras regresar al continente, Enrique contrajo disentería durante el verano de 1422, falleciendo el 31 de agosto, apenas un par de semanas después de cumplir los 36 años.

La desaparición de un rey en la plenitud de sus facultades dejó un escenario geopolítico dramático en un territorio tan complejo de gestionar como el francés. Aunque el sofisticado sistema de regencia que el propio Enrique organizó en su lecho de muerte funcionó durante los primeros compases para evitar golpes internos, el tiempo terminó por erosionar su legado. Su heredero, Enrique VI, que apenas era un lactante cuando falleció su padre, demostró al crecer que no poseía el carácter de su progenitor.

 

La biografía subraya este contraste trágico: el nuevo rey heredó la profunda piedad de Enrique V, pero careció por completo de la rudeza y la determinación necesarias para el implacable gobierno feudal. Su debilidad y apatía arrastraron a Inglaterra al abismo civil de la guerra de las Dos Rosas, mientras Francia recuperaba paso a paso el terreno perdido, sepultando de forma definitiva el sueño del dominio inglés en el continente. 

Dan Jones despliega en Enrique V su característica agilidad narrativa, apuntalada por un sólido rigor biográfico y un cuidado manejo de las fuentes. El lector o lectora se sumerge en un escenario cambiante y con múltiples actores, la Inglaterra de los Plantagenet. Si se me permite, esta es una de las biografías que más he disfrutado últimamente; la crónica de una vida y un tiempo verdaderamente apasionantes.



Serie Dan Jones



Andrés CM