25 de mayo de 2026

Roma victa - Iban Martín

Fecha de edición: marzo 2.026
Editorial: Roca Editorial
Páginas: 320
Precio: 22,90 €
Género: Ensayo, divulgación histórica

Sinopsis: Los secretos mejor guardados de la Ciudad Eterna no solo hablan de triunfo: hasta el mayor imperio de la historia tiene debilidades fatales. Roma victa recoge una mirada nueva, apasionante y rigurosa, además de profundamente humana, de todo lo que Roma fue pero a veces trató de olvidar. 

Roma no fue invicta: fue resistente. 

No fue perfecta: fue humana. 

Y cada cicatriz la construyó más que todas sus victorias. 

Iban Martín construye aquí una historia fascinante que nos sumerge en un auténtico descenso a los infiernos: desde las derrotas militares a la corrupción, desde la humillación política al delirio imperial, este libro es tanto una crónica de los hechos como una crítica al relato oficial. Roma también fue esto: gloria y fracaso, orgullo e infamia. Lejos de debilitar su legado, esta obra lo hace más grande, deslumbrante y necesario.


OPINIÓN

La cultura popular —y en ocasiones también la historiografía— ha tendido a consolidar una imagen idealizada de la Antigua Roma, presentándola como una maquinaria bélica e institucional infalible, un rodillo civilizatorio inmune al error. Sin embargo, detrás del mármol y las legiones supuestamente invictas, también subyacían a veces la rigidez táctica, la incompetencia logística y la arrogancia de sus élites. En Roma victa. Errores, derrotas y delirios de un imperio que ha marcado nuestra historia (Roca Editorial, 2026), Iban Martín subvierte este relato oficial para ofrecer un examen crítico de las grandes fisuras estructurales que cuartearon el devenir romano, transitando desde sus orígenes míticos hasta los compases finales de su descomposición.

Como oyente habitual de su podcast Roma Aeterna —consagrado hoy en día como todo un referente indiscutible en la divulgación de la Antigua Roma—, resulta sumamente estimulante comprobar cómo Martín impregna estas páginas con la misma impronta analítica y narrativa que define su propuesta sonora. El tono de este nuevo libro sigue fielmente la estela de su espacio digital y de sus anteriores trabajos editoriales, logrando trasladar esa cercanía al formato impreso. Lejos de ofrecer un catálogo impresionista de desgracias, el autor propone un descenso sistemático a la memoria reprimida de la Urbe. Apoyándose en el aparato crítico que ofrecen las fuentes clásicas —revisitando los testimonios de Tito Livio, Plutarco, Suetonio o Apiano—, disecciona los rincones más sombríos de una civilización que, paradójicamente, cimentó su supervivencia en la capacidad de transformar sus cicatrices en un relato de resistencia.

La estructura de la obra huye de la linealidad cronológica convencional para articularse en torno a una sugerente tipología del fracaso. Tras una primera parte destinada a analizar cómo el Estado romano instrumentalizó su propio mito fundacional al servicio del poder, el grueso del volumen se adentra en un pormenorizado "descenso al inframundo" dividido en cuatro vectores analíticos bien diferenciados. 

La cartografía del descalabro que propone el volumen se articula, en primera instancia, a través de una profunda disección de la humillación militar y la corrupción orgánica del sistema. Martín examina la quiebra del orgullo legionario frente a la asimetría bélica de los pueblos fronterizos, desgranando traumas fundacionales como el saqueo de Breno o el yugo de las Horcas Caudinas, así como los colapsos tácticos de Trasimeno y Cannas, donde la rigidez del mando patricio se demostró incapaz de competir con la flexibilidad del adversario. Lejos de tratarse de accidentes aislados, estas debacles conectan directamente con las taras estructurales y la incompetencia que asolaron, en determinados periodos, las instituciones; fenómenos ilustrados con crudeza en la matanza de Arausio, el desastre logístico y moral del bosque de Teutoburgo, o la sorprendente vulnerabilidad de figuras de la talla de Julio César en Gergovia, hitos que evidencian la fragilidad del factor humano frente a su posterior mitificación historiográfica. 

De forma paralela, el texto se adentra en las dinámicas de fractura social y descomposición terminal que corroían el corazón mismo de la Urbe. La aparente solidez interna de Roma queda desarmada al analizar las tensiones inherentes a su ordenamiento político, recuperando episodios de disidencia y conflicto civil como las secesiones de la plebe, el motín de Sucro y las cruentas revueltas serviles, cuyas represiones violentas delatan que la cohesión del Estado dependía de un equilibrio puramente punitivo y precario. Esta hemorragia interna desembocó de manera inevitable en el estadio definitivo de la degradación estructural, un escenario de implosión donde el propio aparato público devino en mercancía. Desde las listas de proscripción y el año de los cuatro emperadores hasta la humillante captura del emperador Valeriano por el monarca sasánida Sapor o la subasta literal del trono imperial, la obra radiografía con precisión un organismo hipertrofiado, sumido en una crisis de valores insalvable y asfixiado por sus propias disfunciones macroeconómicas. 

Más allá de su estructura, el gran acierto de esta obra radica en un estilo pulido en el dinamismo de la divulgación histórica. El texto elude la épica superficial para devolver el protagonismo a la causalidad histórica: el fallo de aprovisionamiento, la ceguera estratégica de las oligarquías y el colapso psicológico en el frente. Con este título, Iban Martín aporta un ensayo desmitificador de notable calado; una propuesta idónea para comprender que la trascendencia de Roma no residió en una inexistente imbatibilidad, sino en su asombrosa y pragmática resiliencia para reconstruirse tras sus propios e históricos fracasos.



Susana D.

22 de mayo de 2026

Las Guerras de Italia (1494-1504) El amanecer de los Tercios - Alberto Calvo Rúa

Fecha de edición: 2.025
Editorial: Ediciones Tercios Viejos
Páginas: 472
Precio: 27,95 €
Género: Ensayo histórico
Otro libro reseñado del autor: 

Sinopsis: El débil equilibrio europeo de la segunda mitad del siglo XV saltó por los aires cuando Carlos VIII de Francia atravesó los Alpes junto a un gran ejército en el verano de 1494. Sus falsas intenciones de proteger Europa de la amenaza del Imperio Otomano no escondieron sus verdaderos objetivos: conquistar el Reino de Nápoles y someter toda Italia bajo su dominio. Al otro lado de los Pirineos, Isabel I de Castilla y Fernando V de Aragón, los Reyes Católicos, comprendieron que debían tratar de frenar a Francia. Con escasos medios económicos y militares, depositaron toda su confianza en una red de embajadores y diplomáticos que buscaron apoyos sin descanso en Génova, Florencia, Milán, Venecia, Inglaterra, el Sacro Imperio y, por supuesto, la Roma del papa Borgia. El débil Reino de Nápoles, ligado a la Corona de Aragón por la rama italiana de los Trastámara aragoneses, no era rival para la poderosa maquinaria de guerra francesa. Los Reyes Católicos enviaron en su ayuda a un hombre dispuesto a demostrar al mundo que se podía vencer a la gendarmería francesa con infantes ataviados con picas, espadas, ballestas y espingardas: Gonzalo Fernández de Córdoba, el «Gran Capitán». Y todo ello en la apasionante Italia del 1500, tierra del Humanismo, el Renacimiento y el comercio, pero también de las intrigas palaciegas, las traiciones y la guerra. La magnitud de las potencias europeas enfrentadas, la joven Monarquía de España y Francia, y la acechante amenazada de los otomanos, convirtieron las guerras de Italia en el escenario que determinó el futuro de toda Europa


OPINIÓN

El epílogo de la Reconquista en 1492 no supuso una parálisis en la inercia expansiva de Castilla y Aragón, sino el rediseño estratégico de una monarquía compuesta que desvió de inmediato su mirada hacia el Mediterráneo. En Las Guerras de Italia (1494-1504). El amanecer de los Tercios, publicado por Ediciones Tercios Viejos, Alberto Calvo Rúa examina minuciosamente los cimientos de la hegemonía hispánica global a través de la contención de las ambiciones galas en suelo itálico. La obra elude con acierto el relato meramente anecdótico para sumergirse en la complejidad de un territorio atomizado donde la diplomacia y el arte de la guerra sufrieron una metamorfosis irreversible.

 

El gran valor diferenciador del texto de Calvo Rúa radica en su densa contextualización política, demostrando que los choques armados estuvieron precedidos —y condicionados— por un laberinto de cancillerías. A finales del siglo XV, la península itálica constituía un mosaico de estados recelosos (Venecia, Milán, Florencia, los Estados Pontificios y el Reino de Nápoles) cuya estabilidad, sostenida por la frágil Paz de Lodi, saltó por los aires ante las rencillas internas. El autor desglosa con agudeza cómo la inestabilidad propiciada por facciones locales, singularmente las maniobras de Ludovico Sforza el Moro, abrió las puertas a las potencias extranjeras.

 

La irrupción en 1494 de Carlos VIII de Francia, respaldado por una artillería que conmocionó al continente, alteró el equilibrio regional y precipitó la respuesta coordinada de la Liga Santa en 1495. Calvo Rúa analiza este juego de contrapesos geopolíticos, detallando cómo la coalición forzó la retirada gala tras el encuentro de Fornovo. Lejos de estabilizar la región, los posteriores intentos de solución pacífica, como el ambiguo Tratado de Granada en 1500 entre los Trastámara y los Valois, solo aplazaron un conflicto estructural que, por su propia naturaleza jurídica y territorial, estaba abocado a resolverse manu militari. 

Es en la resolución de este pulso dinástico donde la obra entrelaza la alta política con la crónica técnico-militar. El escenario italiano sirvió de sepultura para las guerras de condottieros medievales, abriendo paso a la crudeza de la guerra moderna caracterizada por el uso masivo de la pólvora y el choque de imperios ecuménicos. En este bloque, el texto otorga el protagonismo merecido a la figura de Gonzalo Fernández de Córdoba. El Gran Capitán no es presentado como un mito providencial, sino como un riguroso organizador que asimiló las lecciones de los primeros reveses para consolidar una auténtica doctrina institucional.

El análisis de las batallas de Ceriñola y el Garellano es brillante, y sirve precisamente para ilustrar la cristalización de una revolución táctica que llevaba madurando décadas. Este fenómeno se tradujo, por un lado, en la obsolescencia de la caballería pesada tras el colapso de la supremacía de la gendarmería feudal francesa frente a las nuevas dinámicas de hostigamiento; y, por otro, en la primacía definitiva de la infantería a través del desarrollo de cuadros cerrados de picas combinados sistemáticamente con armas de fuego portátiles como la arcabucería. Una profunda transformación doctrinal que, más allá de lo puramente operativo, halló su génesis orgánica en la creación de las coronelías, configuradas aquí como la estructura institucional y embrionaria de lo que posteriormente terminarían siendo los Tercios españoles. 

Más allá del rigor conceptual con el que se abordan los debates latentes y las disoluciones de los viejos equilibrios de poder, la obra destaca por una factura material sobresaliente. Ediciones Tercios Viejos ofrece una edición excelente que no opera como mero ornamento, sino como una herramienta didáctica de primer orden. La inclusión de mapas detallados a color, láminas y dibujos resulta imprescindible para que el lector pueda descifrar tanto las intrincadas maniobras previas en los despachos como la disposición de las tropas en el campo de batalla. 

En última instancia, Las Guerras de Italia (1494-1504) se consolida como un ensayo de gran calado, cuya lectura es obligada para comprender el tránsito hacia la Edad Moderna. Alberto Calvo Rúa equilibra de manera impecable el análisis político y diplomático con el relato de los hechos de armas, entregando una obra madura que demuestra que los cimientos del Imperio español se fraguaron sobre el suelo más fértil, codiciado y complejo del Renacimiento europeo.



Andrés CM

20 de mayo de 2026

Helena, la luz de Roma - Mar Rodríguez Vacas

Fecha de edición: noviembre 2.025
Editorial: Almuzara
Páginas: 608
Precio: 27,95 €
Género: Novela histórica

Sinopsis: Mientras en las arenas de los circos y anfiteatros morían tanto héroes como cobardes, en los palacios imperiales, un puñado de hombres decidía el rumbo de la civilización. En el corazón de aquella tormenta, una mujer llamada Helena escribiría una de las páginas más extraordinarias de la historia. Siglos antes de ser canonizada, Santa Helena fue compañera y madre de emperadores, además de la mujer que logró lo imposible: que el símbolo de la cruz triunfara sobre el águila de Roma.

A finales del siglo III, el Imperio se desmorona en una crisis sin precedentes. Roma desata su furia contra los cristianos, las legiones luchan contra los bárbaros, y Helena sobrevive en un mundo plagado de conspiraciones y traiciones con la sola certeza de que su hijo Constantino está destinado a cambiar el rumbo de la historia.

Cuando se cumplen 1700 años del Concilio de Nicea, la autora de El olivo de los Claudio nos transporta al epicentro de la revolución más silenciosa y poderosa de la Antigüedad. Junto a Constantino y el sabio obispo Osio de Córdoba, Helena hará realidad la tolerancia religiosa tras siglos de persecución. Al final de sus días, como culmen de una vida extraordinaria, Helena emprende su último viaje: la peregrinación a Tierra Santa, donde descubrirá los lugares sagrados que sellarán para siempre su leyenda.

Con el pulso narrativo de los grandes maestros de la novela histórica, Mar Rodríguez Vacas recrea magistralmente una época de transición épica en la que el paganismo milenario cedió ante la revolución espiritual del cristianismo. Una historia de fe inquebrantable, de amor conyugal y maternal, de traiciones, amenazas y determinación femenina que cambió el mundo para siempre.

 


OPINIÓN

La transición del orden clásico tardío hacia la revolución constantiniana suele analizarse desde la óptica exclusiva de las grandes batallas campales o las reformas administrativas de la Tetrarquía. Sin embargo, en la novela histórica Helena, la luz de Roma, Mar Rodríguez Vacas realiza una aproximación diferente, descentrando la mirada puramente masculina del poder para explorar los cimientos humanos y geopolíticos de la dinastía que cambió el destino de Occidente. Publicada por la editorial Almuzara, la obra se desmarca con firmeza del simple relato hagiográfico para sumergirse en la compleja biografía de Flavia Julia Helena. Esta figura, tradicionalmente encorsetada entre el filtro deformante del mito cristiano y la hostilidad de algunos cronistas, es restituida aquí en un momento de quiebre absoluto: aquel en el que Roma comienza a sepultar su pasado pagano para abrazar el monoteísmo de Estado. 

La novela arranca con un gancho dramático de gran potencia: el abandono de Helena y su hijo Constantino por parte de Constancio Cloro. A partir de este umbral, la estructura —dividida en seis partes— retrocede en el tiempo mediante una sugerente analepsis que traslada al lector a Bitinia y a la rica geografía de Oriente. Rodríguez Vacas despliega un mapa geopolítico de una enorme ambición, conectando el destino de la protagonista con los estertores de la crisis del siglo III y el desafío de la reina Zenobia de Palmira frente al emperador Aureliano. La autora demuestra una notable destreza para mantener un ritmo narrativo sumamente ágil, valiéndose de capítulos cortos y una sucesión vertiginosa de acontecimientos. Así, las maniobras militares de Constancio para pacificar las fronteras se entrelazan de forma constante con sus encrucijadas íntimas, construyendo un tapiz donde la intriga palaciega y los lazos afectivos operan como verdaderos motores de la gran historia.


​Esta decidida apuesta por la intrahistoria afectiva y el conflicto sentimental representa, sin duda, un riesgo calculado dentro del género. En varios pasajes, especialmente durante los primeros compases del libro, la trama se sumerge de lleno en una intensa marea de tensiones emocionales y vínculos complejos que desafían en ocasiones el registro documental estricto. Si bien este peso de la ficción puede distanciar momentáneamente a algunos lectores, funciona como un eficaz dinamizador de las más de seiscientas páginas de la obra. Rodríguez Vacas utiliza estas licencias poéticas —honestamente aclaradas en las notas finales— para humanizar las dinámicas del poder. El diseño de los personajes, fuertemente perfilados en sus virtudes y antagonismos, subraya esta intencionalidad dramática.


El verdadero núcleo de la novela explora la implantación de la Tetrarquía —ese complejo sistema de equilibrio diseñado por Diocleciano y Maximiano junto a sus respectivos césares, Galerio y Constancio Cloro— y cómo dicho engranaje administrativo terminó zozobrando ante las ambiciones personales. En este turbulento escenario, el relato coral cede el testigo a un fascinante cuarteto de mujeres: la astucia de Helena se mide y complementa con las intrigas de Zenobia, Teodora y, en el tramo final, Fausta, la esposa de Constantino. A través de este prisma femenino, asistimos a la paulatina transformación del propio Constantino, de quien no se oculta su veta más cruel y tiránica en su ascenso hacia el mando absoluto. La obra desmitifica el proceso y demuestra que la instauración del nuevo orden cristiano no fue una simple mutación teológica, sino una encarnizada lucha política contra el arrianismo y los cultos tradicionales, jalonada por la intolerancia de los concilios y el martirio en el circo. 

Es en este tramo final, de un calado político y religioso soberbio, donde la novela alcanza su cénit y recupera toda su autoridad. La peregrinación de la ya anciana Augusta se transforma en un viaje didáctico de una enorme riqueza descriptiva, transportando al lector desde los cimientos del Vaticano y la tumba del apóstol Pedro hasta los complejos escenarios de Jerusalén. Mar Rodríguez Vacas, partiendo de una documentación histórica fragmentaria y escasa, demuestra una gran maestría para hilvanar los vacíos documentales con una narrativa que retrata adecuadamente el umbral de la Antigüedad Tardía. La narrativa logra capturar la esencia de un periodo fascinante y saturado de contradicciones estructurales; un territorio en mutación donde coexistían de forma agónica e inevitable una Roma pagana que se resistía a morir y otra cristiana que todavía no terminaba de nacer. 

En definitiva, una lectura de gran poso que desmonta los mitos oficiales y confirma que, detrás del nacimiento del nuevo orden que cambió la Antigüedad, latía la persistencia inquebrantable de una superviviente.



Susana D.