21 de septiembre de 2026

Hispania. una historia de España antes de España - Santiago Castellanos

Fecha de edición: 2.026
Editorial: Pinolia
Páginas: 249
Precio: 23,95 €
Género: Ensayo histórico
Otros libros reseñados del autor:

Sinopsis: ¿Cómo se formaron las sociedades de la península ibérica antes de la llegada de Roma? ¿Qué papel desempeñaron fenicios y griegos en este extremo del Mediterráneo? ¿Cómo se desarrolló la larga conquista romana y qué consecuencias tuvo?

En «Hispania», Santiago Castellanos recorre más de mil quinientos años de historia, desde las primeras colonizaciones hasta el final del dominio romano. El recorrido se inicia con Tarteso y la presencia fenicia y griega, se detiene en la diversidad de los pueblos ibéricos e indoeuropeos y sigue el avance de Roma, un proceso lento, complejo y lleno de matices.

A medida que la conquista progresa, el relato muestra cómo estos territorios fueron incorporándose al mundo romano. La creación de provincias, el desarrollo de las ciudades, la implantación de nuevas formas jurídicas y administrativas o la transformación de la vida económica permiten entender qué significó, en términos concretos, pasar a formar parte de Roma.

Desde la crisis de la República hasta el Alto Imperio y la etapa tardorromana, Hispania ofrece una visión de conjunto que permite situar los grandes cambios sin perder de vista a las sociedades que los protagonizaron.

Un recorrido por un tiempo largo y cambiante en el que estas tierras pasaron de ser un confín del Mediterráneo a formar parte de uno de los grandes sistemas políticos de la Antigüedad.


OPINIÓN

En la historiografía sobre la Antigüedad peninsular, el concepto de Hispania suele verse distorsionado por lecturas anacrónicas que proyectan hacia el pasado identidades nacionales inexistentes. En Hispania. Una historia de España antes de España (Pinolia, 2026), Santiago Castellanos, doctor por la Universidad de Salamanca y profesor de Historia Antigua en la Universidad de León, aborda un ambicioso recorrido de más de un milenio para reconstruir la génesis de este territorio con un claro propósito divulgativo. 

El estudio arranca examinando el mundo de Tarteso y la determinante influencia de las colonizaciones fenicias y griegas, desgranando cómo evolucionaron las formas de organización, las lenguas, las creencias y las relaciones de estas comunidades con el resto del Mediterráneo. Castellanos analiza este contacto temprano evidenciando que el intercambio comercial y tecnológico no respondió a una asimilación pasiva, sino a un dinámico proceso de hibridación que transformó de manera irreversible las estructuras socioeconómicas autóctonas.

Uno de los mayores aciertos del libro radica en su capacidad para exponer la extraordinaria diversidad cultural que definía a la Península. A través de una rigurosa síntesis histórica, la obra desglosa el vasto mosaico de identidades, estableciendo una clara distinción entre el auge y caída de las sociedades ibéricas del litoral y el sur —caracterizadas por una acusada jerarquización y el desarrollo urbano— y las numerosas comunidades indoeuropeas del interior y el septentrión. Castellanos evita la trampa de clasificar a estos grupos bajo categorías estáticas; por el contrario, retrata sociedades sumamente dinámicas, regidas por complejas redes de clientela y modos de producción adaptados a sus respectivos entornos. Comprender esta heterogeneidad resulta una herramienta indispensable para evaluar la magnitud del choque cultural y militar que se avecinaba.

 El relato histórico adquiere intensidad al abordar el estallido de la Segunda Guerra Púnica, un episodio que operó como el auténtico punto de inflexión en la historia peninsular. El texto detalla cómo la llegada de las tropas romanas en el año 218 a. C. no respondía inicialmente a un plan de ocupación permanente, sino a la urgencia estratégica de frenar el avance de Cartago cuando ambas potencias trasladaron su feroz pugna hegemónica a este rincón del Mediterráneo. Sin embargo, la permanencia de Roma derivó en un conflicto de asimilación y resistencia extrema plasmado en episodios dramáticos como las Guerras Celtibéricas. El autor expone la crudeza de una diplomacia senatorial que combinó la represión militar implacable con la cooptación de las élites locales, ilustrando cómo un escenario de alianzas tácticas se transformó en un proceso sistemático de dominio. 

A medida que se consolidaba el control territorial, la península ibérica dejó de ser un frente periférico para convertirse en un escenario decisivo de las cruentas guerras civiles que desmantelaron la República y forjaron el Imperio romano. Aquí se reconstruye con notable agilidad cómo los conflictos entre populares y optimates, personificados en la rebelión sertoriana, y el posterior enfrentamiento directo entre Julio César y los partidarios de Pompeyo ensangrentaron el suelo hispano. Esta etapa de enorme inestabilidad provocó una intensa movilización de recursos indígenas y un desgaste humano colosal, pero también aceleró de forma drástica la vertebración administrativa de los territorios. Las campañas finales dirigidas por el propio Octavio Augusto contra cántabros y astures cerraron definitivamente el ciclo de las conquistas, marcando el hito a partir del cual el territorio quedó integrado en la nueva arquitectura del Principado.

A partir de ese momento, el fenómeno de la romanización se erige como el eje central de la narración, abordado desde la honestidad metodológica. Castellanos profundiza con exhaustividad cuando la documentación lo permite y reconoce abiertamente las lagunas cuando las fuentes son escasas o contradictorias. Gracias a este enfoque, huye de interpretaciones reduccionistas que limitan la asimilación a una simple imposición armada, presentando en su lugar una compleja interacción entre conquista, adaptación e integración. La implantación de un marco jurídico común, el florecimiento urbano, la explotación minera y los posteriores reajustes de la etapa tardorromana demuestran cómo las comunidades provinciales hallaron nuevas vías de promoción política. Lejos de ofrecer una visión excesivamente simplificada, el ensayo retrata una sociedad mestiza capaz de aportar ingentes recursos e incluso sus primeros emperadores al Estado romano. 

En conclusión, Hispania. Una historia de España antes de España cumple con creces su propósito de ofrecer una herramienta divulgativa excelente para quienes deseen iniciarse en este periodo y así comprender el profundo proceso que transformó un mosaico de pueblos mediterráneos en una pieza clave del engranaje imperial romano.



Santiago Castellanos



Susana D.

17 de septiembre de 2026

Los cañones de Port Arthur - Antonio Muñoz Lorente

Fecha de edición: junio 2.026
Editorial: HRM Ediciones
Páginas: 346
Precio: 25,95 €
Género: Historia militar
Otro libro reseñado del autor: 

Sinopsis: En Los cañones de Port Arthur, la guerra ruso-japonesa de 1904-1905 emerge del olvido como el verdadero prólogo sangriento del siglo XX. A través de una narración que combina el pulso del relato histórico con la intensidad de los testimonios contemporáneos, esta obra reconstruye un conflicto decisivo que anticipó la guerra moderna en toda su crudeza. En los campos de Manchuria y en las aguas del Pacífico, dos imperios —enfrentados por el acceso a los ricos mercados asiáticos, el prestigio y un imperialismo agresivo que caracterizaba las relaciones internacionales de la época— desencadenaron una contienda marcada por la industrialización de la muerte: ametralladoras, artillería de fuego rápido, trincheras y asedios interminables. Port Arthur, símbolo y epicentro de la lucha, se convirtió en escenario de sacrificios masivos donde los soldados japoneses fueron reducidos a “balas humanas” en los asaltos contra las defensas rusas. Aunque se libraron enormes batallas terrestres, la guerra ruso-japonesa se decidió con un encuentro épico entre las dos flotas, la del almirante Togo, considerado el “Nelson de Asia”, y la armada del almirante Rodzhéventski, enviada desde el Báltico a realizar un periplo de más de treinta mil kilómetros para ser aniquilada en el estrecho de Tsushima. Pero esta no es solo la historia de una guerra olvidada. Es también la crónica de un cambio de era que todavía tiene influencia en nuestro mundo. La inesperada victoria japonesa alteró el equilibrio de poder global, precipitó la crisis del régimen zarista y la primera revolución rusa y abrió el camino al expansionismo nipón que marcaría el destino de Asia durante décadas. El conflicto dejó profundas huellas en China y Corea. Un Estados Unidos en plena expansión de su poder medió en la firma de la paz entre japoneses y rusos. Por su parte, las potencias de la época observaron la guerra como un anticipo de la gran catástrofe que se desencadenaría en agosto de 1914. Los cañones de Port Arthur rescata para el lector actual una guerra que fue mucho más que un choque entre imperios: fue el laboratorio donde nació la violencia contemporánea.


OPINIÓN

En los albores del siglo XX, el equilibrio de poder mundial sufrió una sacudida tectónica en los confines de Asia Oriental. La Guerra Ruso-Japonesa (1904-1905), a menudo relegada a una nota al pie en la historiografía general, emerge en Los cañones de Port Arthur (HRM Ediciones, 2026) como el verdadero y sangriento prólogo de la modernidad bélica. Antonio Muñoz Lorente articula una crónica exhaustiva sobre el choque de dos expansionismos contrapuestos: la ambición del Imperio zarista por dominar Manchuria y asegurarse el estratégico puerto de aguas cálidas de Port Arthur, frente a un Japón emergente decidido a consolidar su hegemonía en el norte de China y Corea. A través de esta pugna por recursos y prestigio imperial, el autor desentraña un conflicto que no solo reconfiguró el mapa geopolítico, sino que certificó el ascenso del país nipón como potencia de primer orden al derrotar, contra todo pronóstico contemporáneo, a un gigante europeo.

La obra expone cómo la península de Liaodong se transformó en un laboratorio de la guerra industrial que anticiparía las hecatombes de Verdún y el Somme. Muñoz Lorente detalla con precisión quirúrgica el asedio de la plaza fortificada de Port Arthur, un infierno de alambre de espino, ametralladoras y artillería de tiro rápido. En estas páginas, el lector asiste a la brutal mutación del combate táctico, donde la doctrina japonesa de asalto frontal masivo se estrelló repetidamente contra unas defensas rusas inexpugnables, generando carnicerías que la propaganda nipona bautizaría trágicamente como oleadas de «balas humanas». El análisis operacional de estas batallas de desgaste demuestra que las herramientas de la matanza mecanizada ya estaban plenamente operativas una década antes de que las trincheras rasgaran el corazón de Europa. 

Sin embargo, el autor no confina su mirada exclusivamente a los muros de la fortaleza asediada, sino que despliega el vasto lienzo de las operaciones terrestres en Manchuria, desde los primeros cruces en el río Yalu hasta las enormes batallas campales en Liaoyang. El relato histórico, dotado de un gran pulso narrativo, se entrelaza hábilmente con testimonios contemporáneos que devuelven la voz a quienes padecieron la guerra en el foso y el barro. La culminación de esta espiral de violencia terrestre se materializa en la narración del enfrentamiento de Mukden, descrito como un duelo en la nieve entre dos ejércitos física y moralmente exhaustos. Es en estas llanuras heladas donde el libro capta la desolación de unas tropas empujadas al límite de la resistencia humana, víctimas de la ineficacia de sus mandos y de la implacable crudeza del clima oriental.

Paradójicamente, aunque las llanuras manchúes absorbieron el mayor coste en vidas, Muñoz Lorente sostiene con acierto que el destino del imperio y el desenlace de la guerra se decidieron definitivamente en el mar. Reconstruye con notable rigor el épico, surrealista y desesperado viaje de la flota rusa del Báltico, comandada por el almirante Zinovi Rozhétsvenski, que tras navegar más de treinta mil kilómetros en un intento agónico por rescatar Port Arthur, esta armada extenuada fue aniquilada en el estrecho de Tsushima por las fuerzas del almirante Tōgō Heihachirō, a quien la prensa de la época bautizaría como el «Nelson de Asia». El análisis de esta contienda naval ilustra de manera contundente cómo la supremacía tecnológica y la destreza táctica en el dominio de las aguas sentenciaron cualquier esperanza de victoria para el zarismo.

Las réplicas de este seísmo bélico trascendieron ampliamente el ámbito estrictamente militar, y el texto aborda sus profundas consecuencias sociopolíticas. La mediación de unos Estados Unidos en plena expansión facilitó la firma del Tratado de Portsmouth, un acuerdo que oficializó la humillación rusa y el abandono de sus ambiciones en la región. Para San Petersburgo, la derrota frente a una nación considerada inferior supuso un auténtico cataclismo: al empobrecimiento crónico y la abultada deuda se sumó un desprestigio institucional tan severo que actuó como detonante directo de la Revolución de 1905. Resulta especialmente reveladora la lectura que hace el autor sobre la ceguera de las potencias occidentales, cuyos observadores militares, pese a presenciar la masacre en primera fila, fueron incapaces de asimilar las advertencias tácticas que habrían podido evitar el estancamiento de agosto de 1914. 

En su conjunto, Los cañones de Port Arthur se consagra como uno de los estudios en español más completos y rigurosos sobre un conflicto incomprensiblemente olvidado. El esmerado trabajo de edición de HRM Ediciones redondea la propuesta, dotando al volumen de un valioso aparato gráfico que incluye fotografías de época, tablas estadísticas y, sobre todo, mapas detallados que resultan indispensables para orientarse en la complejidad de las maniobras. Un trabajo, en definitiva, imprescindible para comprender no solo los orígenes de la hegemonía japonesa y la agonía de la autocracia rusa, sino el momento exacto en que la humanidad cruzó el umbral hacia la guerra total.

 


Libros de Antonio Muñoz Lorente



Andrés CM

14 de septiembre de 2026

Rasputín y la caída de los Románov - Antony Beevor

Fecha de edición: mayo 2.026
Editorial: Crítica
Páginas: 400
Precio: 24,90 €
Género: Biografía
Otro libro reseñado del autor: 

Sinopsis: Cuando la emperatriz viuda de Rusia estaba embarazada del futuro zar, tuvo un sueño que marcaría el resto de sus días: su hijo moriría a manos de un campesino. ¿Se cumpliría esa profecía con la llegada a la corte de Grigori Rasputín, un enigmático monje apenas alfabetizado, procedente de Siberia? 

En este retrato extraordinario, Antony Beevor nos acerca como nunca antes a la escandalosa vida y muerte de Rasputín. Aunque nunca ocupó un cargo oficial en la corte, ejerció una influencia decisiva sobre los Románov y protagonizó episodios de corrupción política y financiera y numerosos escándalos sexuales. Las consecuencias de los rumores y las teorías conspirativas a su alrededor propiciaron tal desafección hacia la corte del zar que, cuando estalló la Revolución de febrero de 1917, casi nadie alzó una espada en su defensa. 

A través de informes, entrevistas e interrogatorios inéditos, Beevor revela la verdad tras la leyenda de Rasputín: las motivaciones de su oportunismo político, su profunda hipocresía y la lujuria desenfrenada. Entre un thriller político y un misterio gótico, esta biografía revela una historia fascinante de perversión humana y caída de imperios.


OPINIÓN

En el gélido crepúsculo del Imperio ruso, pocos personajes concentran una carga mítica tan desfigurada como Grigori Rasputín. Convertido por el morbo popular, la propaganda revolucionaria y la ficción en el arquitecto diabólico del colapso de los Románov, la figura del campesino siberiano suele ocultar bajo su leyenda una trama política mucho más opaca y reveladora. En Rasputín y la caída de los Románov (Crítica, 2026), el reconocido historiador Antony Beevor desmantela el sensacionalismo acumulado durante más de un siglo para situar a este místico no como la causa aislada de la ruina imperial, sino como el síntoma definitivo de una autocracia asfixiada por la paranoia, la ceguera de Nicolás II y Alejandra, y la catástrofe de la Primera Guerra Mundial. La obra abarca desde la irrupción del peregrino en la capital imperial hasta el arresto domiciliario de la familia real en Tsárskoye Seló mientras la revolución estallaba a las puertas del palacio.

Despojando el relato de los tópicos más manidos de la cultura popular, Beevor elude la caricatura de la zarina Alejandra como una figura manipuladora y descarta los rumores sobre una relación sentimental con el campesino siberiano. La dependencia de la emperatriz no nacía del escándalo, sino de la desesperación de una madre acorralada por la hemofilia de su hijo, el zarévich Alexéi. Desde esa empatía psicológica, el historiador examina la sugestión que el místico ejercía para aliviar las crisis del heredero, manteniendo un equilibrio cauteloso que rehúsa tanto el escepticismo drástico como la credulidad mágica. Además, al apoyarse en testimonios directos —incluidas las memorias de María Rasputín, la hija del místico—, el texto matiza la información disponible para sopesar hasta qué punto sus presuntas facultades curativas respondían a una fuerza magnética o a una astuta contención del pánico familiar. 

Como si de una matrioska rusa se tratara, la figura de Rasputín revela nuevas capas a medida que se profundiza en su trayectoria. El autor retrata la desconcertante dualidad de un místico capaz de combinar una fe ferviente con una conducta desenfrenada, alternando la oración ostentosa con noches de borrachera y extravagantes rituales en los baños públicos de San Petersburgo. Esta dinámica encajaba de manera perturbadora en una aristocracia sedienta de espiritualismo y experiencias ocultistas. 

Sin embargo, este comportamiento no habría pasado de ser una anécdota turbia sin la parálisis del poder imperial: con Nicolás II ausente en el frente durante la Gran Guerra, la intriga política se desplazó al gabinete de la emperatriz, donde las arbitrarias injerencias del stárets en el nombramiento de ministros terminaron por fracturar la confianza de la propia aristocracia.

Beevor recrea la atmósfera de la capital con una pulcritud cinematográfica, alcanzando su cima en la narración del magnicidio de diciembre de 1916. Aquella secuencia despliega una dramática ironía: mientras en el piso superior los conspiradores mataban la espera escuchando en bucle el único disco de gramófono que poseían (Yankee Doodle Dandy), en el piso inferior Rasputín mostraba una insólita resistencia al cianuro de los pasteles. El episodio culminó con los disparos a quemarropa bajo la nieve nocturna contra el místico ataviado con su camisa de satén y fajín rojo, certificando el trágico contraste entre la reputación de clarividencia del personaje y su incapacidad para prever la trampa tendida por sus propios allegados. 

Si bien los historiadores especializados en el periodo encontrarán pasajes ya conocidos en la amplia bibliografía sobre los Románov, el valor de la obra reside en la solidez de su arquitectura narrativa, su estilo ágil y su distancia crítica. Más que aportar revelaciones inéditas, el historiador británico logra un trabajo de síntesis sobresaliente que convierte al volumen en una puerta de entrada idónea para lectores no iniciados. El libro no busca satanizar ni santificar al personaje; lo expone como el reflejo distorsionado en el que se proyectaron las paradojas de un régimen agonizante. 

En suma, Rasputín y la caída de los Románov se consolida como una lectura esclarecedora para comprender cómo la desinformación, el rumor y la erosión moral del poder prepararon el terreno para que, al estallar la Revolución de Febrero de 1917, nadie estuviera dispuesto a empuñar una espada en defensa de la autocracia.




Antony Beevor



Andrés CM