27 de mayo de 2026

Damas, torres y leones. Los íberos a través de su escultura - Jesús Robles Moreno

Fecha de edición: 2.026
Editorial: Desperta Ferro 
Páginas: 176
Precio: 29,95 €
Género: Historia, ilustrados
Otros libros reseñados de la colección: 

Sinopsis: Damas pétreas de sonrisa enigmática, guerreros que empuñan falcatas en un combate eterno y rugientes leones, todavía terribles pese a su inmovilidad milenaria. Todos ellos evocan un mundo, el de los antiguos íberos, desaparecido hace siglos pero que sigue fascinándonos. Un mundo que este maravilloso libro ilustrado recorre desde su origen en el siglo V a. C. hasta su lenta desaparición en el cambio de era, tras la conquista romana. Y lo hace a partir de la manifestación cultural más señera de los íberos, su escultura, que ya enamorase a Picasso, y que sirve a Jesús Robles Moreno como hilo conductor para recorrer en Damas, torres y leones. Los íberos a través de su escultura la historia del pueblo que habitó la franja mediterránea de la península ibérica. Desde los grandes monumentos como la torre de Pozo Moro o el fabuloso conjunto heroico de Cerrillo Blanco hasta efigies tan emblemáticas como las damas de Elche o Baza, pasando por las esfinges y grifos que custodiaban las necrópolis, la escultura ibérica sirve para entender la sociedad ibérica y sus transformaciones, pero también para conocer su religión y sus mitos, sus valores y sus anhelos, su origen y su final. En diálogo con el texto, un aparato visual deslumbrante, con abundante fotografía pero, sobre todo, con reconstrucciones documentadas e ilustradas con esmero, al detalle. A través de ellas, se consigue sacar a esas piezas del hieratismo de la sala de un museo para que vuelvan a vibrar con sus colores originales y en los emplazamientos que las cobijaron, desde el trabajo en un taller a su dedicación en un santuario. Porque la escultura ibérica es piedra, pero dista de estar inerte, y, reviviéndola, reviven los íberos.


OPINIÓN

Tengo que confesaros que, desde que era un niño, siento una fascinación hipnótica por la Dama de Elche. Todavía recuerdo el impacto de quedarme mirándola en las vitrinas del Museo Arqueológico Nacional (MAN), atrapado por sus ropajes, sus imponentes rodetes y esa mirada que parece custodiar secretos de miles de años. Por eso, cuando cayó en mis manos Damas, torres y leones. Los íberos a través de su escultura (Desperta Ferro, 2026), supe que estaba ante un viaje inmejorable para entender las raíces de aquella obsesión infantil. 

La obra viene firmada por el arqueólogo e historiador Jesús Robles Moreno, un autor que defiende a ultranza que la buena arqueología requiere "una hora de bota y diez de bata"; es decir, combinar el sudor a pie de excavación con el análisis científico más riguroso en el laboratorio. El resultado de esa filosofía es un libro extraordinario que huye conscientemente de la fría rigidez de un catálogo museístico para estructurar un relato vivo. Robles Moreno utiliza los restos arqueológicos no como meros objetos decorativos, sino como cápsulas del tiempo que nos revelan las inquietudes, mitos y realidades de la sociedad que las esculpió.

Lo primero que salta a la vista al abrir este volumen —y aquí reside el gran valor de pertenecer a la colección de ilustrados de Desperta Ferro— es su soberbio e impecable planteamiento visual. La editorial ha puesto el peso gráfico del proyecto en manos de Román García Mora, cuyo trabajo como ilustrador principal es sencillamente magistral. Es precisamente a través del arte de García Mora donde el libro logra su objetivo más ambicioso: desmontar el mito de la piedra gris. Tradicionalmente, los museos nos han acostumbrado a ver las esculturas íberas como piezas de roca fría y descolorida. Sin embargo, las reconstrucciones a todo color que salpican estas páginas demuestran que estas obras estaban originalmente policromadas con pigmentos vivos y deslumbrantes, devolviéndoles el empaque y la suntuosidad con la que fueron concebidas.

 

El índice propone una travesía cronológica que arranca en los albores de esta cultura con el espectacular monumento turriforme de Pozo Moro (Albacete), donde los relieves de un héroe uniéndose a una diosa nos hablan de las primeras estrategias de las élites para legitimar su poder a través del mito. A partir de ahí, el texto avanza con un ritmo magnífico, deteniéndose en hitos clave que equilibran el dato arqueológico con la crónica más vibrante. 

La obra analiza la consolidación y el apogeo de esta cultura durante los siglos V y IV a. C. El autor examina conjuntos como el de Cerrillo Blanco (Porcuna), detallando su destrucción intencionada y posterior enterramiento, y recurre a las esfinges de Agost para demostrar que la relación con el arte heleno no fue una mera imitación, sino fruto del contacto directo entre artesanos. Este desarrollo coincide con el aumento de piezas exentas en necrópolis murcianas como Cabecico del Tesoro o El Cigarralejo. Además, Robles Moreno amplía el foco fuera del ámbito funerario hacia santuarios de carácter político y territorial, destacando el conjunto de El Pajarillo (Jaén), con la escena de la lucha entre el héroe y el lobo, y el hallazgo del área sacra de Las Agualejas (Alicante).

El recorrido avanza hacia el siglo III a. C., un periodo condicionado por la presencia cartaginesa en yacimientos como Cástulo (Jaén), la gran urbe ibero-púnica de Himilce, esposa de Aníbal. En esta etapa, la estatuaria se desplaza de las necrópolis a los santuarios en forma de exvotos, siendo el Cerro de los Santos (Albacete) el principal exponente para estudiar la indumentaria y los rituales a través de las representaciones de los fieles. Al analizar este yacimiento, el libro recupera también la intrahistoria de la arqueología del siglo XIX, detallando desde las falsificaciones del "Relojero de Yecla" hasta el robo de dos cabezas íberas exhibidas en el Museo del Louvre, un caso de expolio en el que estuvo implicado un joven Pablo Picasso. 


Uno de los puntos más agudos del texto es cómo logra corregir la deformación romana. La historia tradicional, escrita por los vencedores, simplificó a los íberos; Robles Moreno, en cambio, utiliza el arte tardío para mostrar un fascinante mapa de identidades híbridas tras la Segunda Guerra Púnica. Es fascinante observar cómo el mundo íbero se diluye lentamente en Roma a través de exvotos que comienzan a vestir togas, o príncipes locales que adoptan panoplias romanas, como el jinete de Las Atalayuelas o los célebres relieves de Osuna. 

Asimismo, se salda una deuda histórica al dedicar espacio a la escultura del noreste peninsular (al norte del río Júcar), habitualmente ignorada por su escasez. El análisis de las estelas del Bajo Aragón o monumentos como el de La Vispesa aporta una perspectiva única sobre una sociedad fuertemente militarizada, plasmada en relieves de combates y cruentas representaciones de manos y cabezas cortadas. El volumen cierra con un broche de oro científico dedicado en exclusiva a los talleres de escultura. A través del estudio de las marcas de talla, las herramientas utilizadas y los residuos de policromía, el autor nos baja al taller del artesano, respondiendo al cómo se hacían las cosas y humanizando por completo el proceso creativo. 

Damas, torres y leones se consolida como una herramienta de divulgación histórica impecable. Que exista un volumen como este, capaz de ofrecer una síntesis tan sistemática, ordenada y completa es para congratularse, convirtiéndose en una lectura imprescindible para cualquier apasionado de la historia que busque limpiar el polvo del tiempo de nuestras raíces y descubrir, por fin, el verdadero color, la complejidad y el alma del mundo íbero.



Colección Ilustrados




Andrés CM

25 de mayo de 2026

Roma victa - Iban Martín

Fecha de edición: marzo 2.026
Editorial: Roca Editorial
Páginas: 320
Precio: 22,90 €
Género: Ensayo, divulgación histórica

Sinopsis: Los secretos mejor guardados de la Ciudad Eterna no solo hablan de triunfo: hasta el mayor imperio de la historia tiene debilidades fatales. Roma victa recoge una mirada nueva, apasionante y rigurosa, además de profundamente humana, de todo lo que Roma fue pero a veces trató de olvidar. 

Roma no fue invicta: fue resistente. 

No fue perfecta: fue humana. 

Y cada cicatriz la construyó más que todas sus victorias. 

Iban Martín construye aquí una historia fascinante que nos sumerge en un auténtico descenso a los infiernos: desde las derrotas militares a la corrupción, desde la humillación política al delirio imperial, este libro es tanto una crónica de los hechos como una crítica al relato oficial. Roma también fue esto: gloria y fracaso, orgullo e infamia. Lejos de debilitar su legado, esta obra lo hace más grande, deslumbrante y necesario.


OPINIÓN

La cultura popular —y en ocasiones también la historiografía— ha tendido a consolidar una imagen idealizada de la Antigua Roma, presentándola como una maquinaria bélica e institucional infalible, un rodillo civilizatorio inmune al error. Sin embargo, detrás del mármol y las legiones supuestamente invictas, también subyacían a veces la rigidez táctica, la incompetencia logística y la arrogancia de sus élites. En Roma victa. Errores, derrotas y delirios de un imperio que ha marcado nuestra historia (Roca Editorial, 2026), Iban Martín subvierte este relato oficial para ofrecer un examen crítico de las grandes fisuras estructurales que cuartearon el devenir romano, transitando desde sus orígenes míticos hasta los compases finales de su descomposición.

Como oyente habitual de su podcast Roma Aeterna —consagrado hoy en día como todo un referente indiscutible en la divulgación de la Antigua Roma—, resulta sumamente estimulante comprobar cómo Martín impregna estas páginas con la misma impronta analítica y narrativa que define su propuesta sonora. El tono de este nuevo libro sigue fielmente la estela de su espacio digital y de sus anteriores trabajos editoriales, logrando trasladar esa cercanía al formato impreso. Lejos de ofrecer un catálogo impresionista de desgracias, el autor propone un descenso sistemático a la memoria reprimida de la Urbe. Apoyándose en el aparato crítico que ofrecen las fuentes clásicas —revisitando los testimonios de Tito Livio, Plutarco, Suetonio o Apiano—, disecciona los rincones más sombríos de una civilización que, paradójicamente, cimentó su supervivencia en la capacidad de transformar sus cicatrices en un relato de resistencia.

La estructura de la obra huye de la linealidad cronológica convencional para articularse en torno a una sugerente tipología del fracaso. Tras una primera parte destinada a analizar cómo el Estado romano instrumentalizó su propio mito fundacional al servicio del poder, el grueso del volumen se adentra en un pormenorizado "descenso al inframundo" dividido en cuatro vectores analíticos bien diferenciados. 

La cartografía del descalabro que propone el volumen se articula, en primera instancia, a través de una profunda disección de la humillación militar y la corrupción orgánica del sistema. Martín examina la quiebra del orgullo legionario frente a la asimetría bélica de los pueblos fronterizos, desgranando traumas fundacionales como el saqueo de Breno o el yugo de las Horcas Caudinas, así como los colapsos tácticos de Trasimeno y Cannas, donde la rigidez del mando patricio se demostró incapaz de competir con la flexibilidad del adversario. Lejos de tratarse de accidentes aislados, estas debacles conectan directamente con las taras estructurales y la incompetencia que asolaron, en determinados periodos, las instituciones; fenómenos ilustrados con crudeza en la matanza de Arausio, el desastre logístico y moral del bosque de Teutoburgo, o la sorprendente vulnerabilidad de figuras de la talla de Julio César en Gergovia, hitos que evidencian la fragilidad del factor humano frente a su posterior mitificación historiográfica. 

De forma paralela, el texto se adentra en las dinámicas de fractura social y descomposición terminal que corroían el corazón mismo de la Urbe. La aparente solidez interna de Roma queda desarmada al analizar las tensiones inherentes a su ordenamiento político, recuperando episodios de disidencia y conflicto civil como las secesiones de la plebe, el motín de Sucro y las cruentas revueltas serviles, cuyas represiones violentas delatan que la cohesión del Estado dependía de un equilibrio puramente punitivo y precario. Esta hemorragia interna desembocó de manera inevitable en el estadio definitivo de la degradación estructural, un escenario de implosión donde el propio aparato público devino en mercancía. Desde las listas de proscripción y el año de los cuatro emperadores hasta la humillante captura del emperador Valeriano por el monarca sasánida Sapor o la subasta literal del trono imperial, la obra radiografía con precisión un organismo hipertrofiado, sumido en una crisis de valores insalvable y asfixiado por sus propias disfunciones macroeconómicas. 

Más allá de su estructura, el gran acierto de esta obra radica en un estilo pulido en el dinamismo de la divulgación histórica. El texto elude la épica superficial para devolver el protagonismo a la causalidad histórica: el fallo de aprovisionamiento, la ceguera estratégica de las oligarquías y el colapso psicológico en el frente. Con este título, Iban Martín aporta un ensayo desmitificador de notable calado; una propuesta idónea para comprender que la trascendencia de Roma no residió en una inexistente imbatibilidad, sino en su asombrosa y pragmática resiliencia para reconstruirse tras sus propios e históricos fracasos.



Susana D.

22 de mayo de 2026

Las Guerras de Italia (1494-1504) El amanecer de los Tercios - Alberto Calvo Rúa

Fecha de edición: 2.025
Editorial: Ediciones Tercios Viejos
Páginas: 472
Precio: 27,95 €
Género: Ensayo histórico
Otro libro reseñado del autor: 

Sinopsis: El débil equilibrio europeo de la segunda mitad del siglo XV saltó por los aires cuando Carlos VIII de Francia atravesó los Alpes junto a un gran ejército en el verano de 1494. Sus falsas intenciones de proteger Europa de la amenaza del Imperio Otomano no escondieron sus verdaderos objetivos: conquistar el Reino de Nápoles y someter toda Italia bajo su dominio. Al otro lado de los Pirineos, Isabel I de Castilla y Fernando V de Aragón, los Reyes Católicos, comprendieron que debían tratar de frenar a Francia. Con escasos medios económicos y militares, depositaron toda su confianza en una red de embajadores y diplomáticos que buscaron apoyos sin descanso en Génova, Florencia, Milán, Venecia, Inglaterra, el Sacro Imperio y, por supuesto, la Roma del papa Borgia. El débil Reino de Nápoles, ligado a la Corona de Aragón por la rama italiana de los Trastámara aragoneses, no era rival para la poderosa maquinaria de guerra francesa. Los Reyes Católicos enviaron en su ayuda a un hombre dispuesto a demostrar al mundo que se podía vencer a la gendarmería francesa con infantes ataviados con picas, espadas, ballestas y espingardas: Gonzalo Fernández de Córdoba, el «Gran Capitán». Y todo ello en la apasionante Italia del 1500, tierra del Humanismo, el Renacimiento y el comercio, pero también de las intrigas palaciegas, las traiciones y la guerra. La magnitud de las potencias europeas enfrentadas, la joven Monarquía de España y Francia, y la acechante amenazada de los otomanos, convirtieron las guerras de Italia en el escenario que determinó el futuro de toda Europa


OPINIÓN

El epílogo de la Reconquista en 1492 no supuso una parálisis en la inercia expansiva de Castilla y Aragón, sino el rediseño estratégico de una monarquía compuesta que desvió de inmediato su mirada hacia el Mediterráneo. En Las Guerras de Italia (1494-1504). El amanecer de los Tercios, publicado por Ediciones Tercios Viejos, Alberto Calvo Rúa examina minuciosamente los cimientos de la hegemonía hispánica global a través de la contención de las ambiciones galas en suelo itálico. La obra elude con acierto el relato meramente anecdótico para sumergirse en la complejidad de un territorio atomizado donde la diplomacia y el arte de la guerra sufrieron una metamorfosis irreversible.

 

El gran valor diferenciador del texto de Calvo Rúa radica en su densa contextualización política, demostrando que los choques armados estuvieron precedidos —y condicionados— por un laberinto de cancillerías. A finales del siglo XV, la península itálica constituía un mosaico de estados recelosos (Venecia, Milán, Florencia, los Estados Pontificios y el Reino de Nápoles) cuya estabilidad, sostenida por la frágil Paz de Lodi, saltó por los aires ante las rencillas internas. El autor desglosa con agudeza cómo la inestabilidad propiciada por facciones locales, singularmente las maniobras de Ludovico Sforza el Moro, abrió las puertas a las potencias extranjeras.

 

La irrupción en 1494 de Carlos VIII de Francia, respaldado por una artillería que conmocionó al continente, alteró el equilibrio regional y precipitó la respuesta coordinada de la Liga Santa en 1495. Calvo Rúa analiza este juego de contrapesos geopolíticos, detallando cómo la coalición forzó la retirada gala tras el encuentro de Fornovo. Lejos de estabilizar la región, los posteriores intentos de solución pacífica, como el ambiguo Tratado de Granada en 1500 entre los Trastámara y los Valois, solo aplazaron un conflicto estructural que, por su propia naturaleza jurídica y territorial, estaba abocado a resolverse manu militari. 

Es en la resolución de este pulso dinástico donde la obra entrelaza la alta política con la crónica técnico-militar. El escenario italiano sirvió de sepultura para las guerras de condottieros medievales, abriendo paso a la crudeza de la guerra moderna caracterizada por el uso masivo de la pólvora y el choque de imperios ecuménicos. En este bloque, el texto otorga el protagonismo merecido a la figura de Gonzalo Fernández de Córdoba. El Gran Capitán no es presentado como un mito providencial, sino como un riguroso organizador que asimiló las lecciones de los primeros reveses para consolidar una auténtica doctrina institucional.

El análisis de las batallas de Ceriñola y el Garellano es brillante, y sirve precisamente para ilustrar la cristalización de una revolución táctica que llevaba madurando décadas. Este fenómeno se tradujo, por un lado, en la obsolescencia de la caballería pesada tras el colapso de la supremacía de la gendarmería feudal francesa frente a las nuevas dinámicas de hostigamiento; y, por otro, en la primacía definitiva de la infantería a través del desarrollo de cuadros cerrados de picas combinados sistemáticamente con armas de fuego portátiles como la arcabucería. Una profunda transformación doctrinal que, más allá de lo puramente operativo, halló su génesis orgánica en la creación de las coronelías, configuradas aquí como la estructura institucional y embrionaria de lo que posteriormente terminarían siendo los Tercios españoles. 

Más allá del rigor conceptual con el que se abordan los debates latentes y las disoluciones de los viejos equilibrios de poder, la obra destaca por una factura material sobresaliente. Ediciones Tercios Viejos ofrece una edición excelente que no opera como mero ornamento, sino como una herramienta didáctica de primer orden. La inclusión de mapas detallados a color, láminas y dibujos resulta imprescindible para que el lector pueda descifrar tanto las intrincadas maniobras previas en los despachos como la disposición de las tropas en el campo de batalla. 

En última instancia, Las Guerras de Italia (1494-1504) se consolida como un ensayo de gran calado, cuya lectura es obligada para comprender el tránsito hacia la Edad Moderna. Alberto Calvo Rúa equilibra de manera impecable el análisis político y diplomático con el relato de los hechos de armas, entregando una obra madura que demuestra que los cimientos del Imperio español se fraguaron sobre el suelo más fértil, codiciado y complejo del Renacimiento europeo.



Andrés CM