6 de abril de 2026

Rusia contra Napoleón. La batalla por Europa (1807-1814) - Dominic Lieven

Fecha de edición: septiembre 2.025
Editorial: Acantilado
Páginas: 928
Precio: 44 €
Género: Ensayo histórico

Sinopsis: En verano de 1812, Napoleón, en el apogeo de su dominio de Europa, marchó hacia Rusia con el mayor ejército de la historia y la convicción de que la expansión de su imperio era imparable. Sin embargo, apenas dos años después sus ejércitos fueron derrotados y Rusia salió victoriosa. Gracias a un profundo conocimiento de la singular realidad social, política y económica en tiempos del zar Alejandro I, este ensayo muestra por primera vez el papel crucial que desempeñó Rusia en las guerras napoleónicas. Dominic Lieven despliega ante los ojos del lector un auténtico fresco en el que tanto el emperador y los oficiales de su Estado Mayor como los soldados cobran vida. El fascinante relato pormenorizado de los acontecimientos que marcaron primero la estratégica retirada de las tropas rusas y finalmente la marcha sobre Europa liderada por el ejército del zar permite al autor desmantelar el afianzado mito según el cual la derrota de Napoleón fue el resultado del inclemente paisaje invernal ruso y señalar así el decisivo lugar de Rusia en la política europea, un lugar que incluso hoy merece la pena recordar.


OPINIÓN

En el vasto corpus historiográfico dedicado a las guerras napoleónicas, pocas obras han logrado desplazar con semejante autoridad el eje narrativo desde la perspectiva franco-británica dominante hacia el corazón del Imperio ruso, restituyéndole su condición de protagonista indiscutible en la caída del emperador corso y en la refundación del orden europeo. Rusia contra Napoleón. La batalla por Europa (1807-1814), de Dominic Lieven —historiador británico formado en Cambridge, profesor emérito en la London School of Economics y miembro de la Academia Británica—, publicado en español por Acantilado en una excelente traducción de José Manuel Álvarez-Flórez, representa una contribución profundamente revisionista que reconstruye, con rigor documental inédito, una guerra total que se prolongó siete años y que culminó con la entrada de las tropas zaristas en París, alterando para siempre el equilibrio continental.

El volumen abarca desde la paz de Tilsit de 1807 hasta la campaña de Francia de 1814, integrando con maestría los planos militar, diplomático, logístico, político y social. La invasión de 1812, inmortalizada por Tolstói, deja de ser el clímax aislado para convertirse en un capítulo dentro de una estrategia de mayor aliento: la preparación meticulosa del Estado ruso, la reorganización del ejército, la ampliación del reclutamiento, las mejoras en el abastecimiento y la inteligencia, y la “retirada profunda” concebida como arma decisiva. Las batallas emblemáticas se analizan con precisión quirúrgica, revelando cómo la persecución de la Grande Armée hasta el corazón de Europa no fue improvisación, sino culminación de un plan coherente que transformó a Rusia de víctima en libertadora del continente. 


El objetivo principal del libro de Lieven, tal como él mismo señala en la introducción, es presentar un análisis breve, atractivo y accesible —aunque con un nivel razonable de rigor académico— sobre el esfuerzo militar ruso y su contribución decisiva a la caída de Napoleón. A pesar de tratarse de una obra de un solo volumen sobre un tema tan amplio, el autor cumple su propósito de forma notable. Sin duda, lo más destacado es la primera mitad del libro, que cubre el contexto previo a 1812 y los acontecimientos de ese año crucial. Allí, Lieven detalla con claridad cómo una serie de factores entrelazados terminaron provocando la derrota del emperador francés. 

La derrota de Napoleón no obedeció al “General Invierno”, a la inmensidad geográfica ni al patriotismo ciego del pueblo ruso, sino a la eficacia de una maquinaria estatal sofisticada, a una estrategia deliberada y a un liderazgo superior en varios ámbitos decisivos. Alejandro I emerge retratado no como monarca vacilante, sino como un visionario pragmático que comprendió mejor al adversario que este a los rusos, mantuvo la legitimidad autocrática incluso tras la evacuación de Moscú y demostró una habilidad diplomática excepcional para forjar y sostener la coalición final con Prusia y Austria. Lejos del estereotipo de un coloso desorganizado y lento, el ejército ruso destacó por su logística (especialmente en el suministro de caballos y pertrechos, talón de Aquiles francés), su caballería irregular, sus partisanos, su servicio de inteligencia y su asombrosa capacidad de regeneración tras pérdidas colosales.

Cabe destacar que Rusia contó con un buen liderazgo, a pesar de las intrigas políticas y las luchas de egos, las figuras cobran relieve tridimensional. Barclay de Tolly, artífice frío y visionario de la retirada estratégica y la guerra de desgaste concebida ya desde 1810; Kutúzov, designado por motivos políticos para encarnar al carismático “general del pueblo” y galvanizar la moral de las tropas rusas, quien heredó y ejecutó con prudencia ejemplar esa doctrina de atrición, resistiendo las intensas presiones para batallas decisivas, preservando intacto el núcleo del ejército en Borodinó (donde forzó a Napoleón a combatir en términos rusos), tomando la dolorosa pero calculada decisión de abandonar Moscú para no arriesgar la fuerza principal, y optando durante la persecución por una táctica fabiana de hostigamiento continuo sin comprometerse en enfrentamientos de alto riesgo que podrían haber destruido su propio contingente, todo ello a pesar de las carencias logísticas que también aquejaban a los rusos; los cosacos y los soldados rasos anónimos. 

El autor evita todo maniqueísmo, reconociendo errores rusos y virtudes francesas, pero insiste, con documentación abrumadora procedente de archivos militares rusos abiertos tras 1991, en que el núcleo de la victoria fue ruso. Señala que Napoleón acumuló una serie de fallos estratégicos que, vistos con la perspectiva del tiempo, resultan palmarios. Los mariscales, y muy especialmente Oudinot, cargan con una responsabilidad decisiva en el desastroso desempeño tanto de las fuerzas francesas como de la coalición durante la campaña rusa. No obstante, conviene no olvidar que las pérdidas rusas —muertos, prisioneros y desertores— fueron también muy elevadas, no solo las francesas. Aunque Kutúzov consiguió preservar el núcleo elite del ejército y a sus oficiales más destacados que sobrevivieron a Borodinó, las tropas zaristas distaban mucho de encontrarse en plenitud de condiciones cuando llegó la primavera. Finalmente, llega la parte dedicada a la marcha sobre Europa en 1813-1814, las subsiguientes campañas y la posterior caída de Napoleón, que muestra cómo el zarismo pasó de defensor a árbitro del destino continental, influyendo decisivamente en el Congreso de Viena. 

En síntesis, superando con creces las narrativas occidentales centradas exclusivamente en la campaña de 1812, Lieven restituye al Imperio ruso su protagonismo absoluto en la derrota de Napoleón y en la reconfiguración del continente. Lo logra a través de una obra de colosal ambición, excepcional profundidad y excelencia narrativa que perdurará como referencia obligada sobre las guerras napoleónicas.



Andrés CM

3 de abril de 2026

Lecturas de marzo

Marzo ha sido un viaje literario e histórico increíble. Este mes nos hemos sumergido en las fascinantes mujeres del mundo romano de la mano del libro de la historiadora Cristina Rosillo López. No faltaron las biografías: en esta ocasión, por partida triple, desde el legendario Mitrídates el Grande, pasando por la emperatriz Mesalina, hasta llegar a Léon Degrelle, uno de los mayores colaboracionistas del Tercer Reich. También hemos estrenado colaboración con Ediciones Tercios Viejos, la editorial de la librería del mismo nombre y todo un referente nacional en el ámbito de la historia militar, con la reseña de Resiste Tucson, de Álber Vázquez. Si sois o pasáis por Madrid, no dudéis en visitarlos en la calle María Panés n.º 4; tienen cosas maravillosas.


¿Habéis leído mucho durante el mes de marzo? ¿Coincidimos en algún libro?




- "Mesalina" de Honor Cargill-Martin - Edhasa (Reseña)

- "Guerra. La evolución del conflicto militar desde 1945 a Gaza" de General David Petraeus y Andrew Roberts - Ático de los libros (Reseña)

- "Las caídas de Roma" de Michele Renee Salzman - Gredos (Reseña)

- "Léon Degrelle" de Pablo Cuevas - Pinolia (Reseña)

- "El rey del veneno" de Adrienne Mayor - Desperta Ferro (Reseña)

- "Códigos de la muerte" de Doña Gorgo - Oberon (Reseña)

- "Resiste Tucson" de Álber Vázquez - Ediciones Tercios Viejos (Reseña)

- "Barbarroja 1941. La guerra absoluta" de Jean Lopez y Lasha Otkhmezuri - Ático de los libros (Reseña)

- "Romanas. Voces rescatadas" de Cristina Rosillo López - Desperta Ferro (Reseña)


Andrés y Susana

1 de abril de 2026

Tras las huellas de Aníbal - Arturo Gonzalo Aizpiri

Fecha de edición: septiembre 2.022
Editorial: Almuzara
Páginas: 224
Precio: 17,95 €
Género: Ensayo, historia, arqueología
Otro libro reseñado del autor:

Sinopsis: Su nombre parece condenado. Su rostro apenas se adivina en las vitrinas de un museo. Una nebulosa de olvido envuelve hoy la figura de Aníbal Barca en la otrora Hispania, como parte casi accidental de su postergada historia antigua. ¿Por qué tal destino para el hombre que osó desafiar a Roma desde nuestra tierra? Desde que pusiera pie en Gadir acompañando a su padre, en 237 a. e. c., hasta su partida, al frente de su ejército, en 218 a. e. c., transcurrieron casi dos décadas. Sin embargo, la atención dedicada a este periodo en la vida de Aníbal es insólitamente escasa. De todo este tiempo han debido quedar huellas, unas muchas enterradas y otras resistiendo inclemencias y desprecios. Sí: en Cádiz, en Cartagena, en el Tajo o en Sagunto, entre otros lugares, resuenan aún los ecos de sus sueños y batallas, al menos en el oído de quienes quieren oírlos, impelidos a recorrer los pasos de aquellos que los precedieron y acaso como respuesta a un profundo anhelo de permanencia. Es esta la historia ilustrada de un emocionante viaje cuyas conclusiones reivindican su dimensión hispánica y desagravian a uno de los personajes más fascinantes de la Antigüedad.


OPINIÓN

Hay libros que no solo se leen, sino que se recorren con los pies y el alma. Tras las huellas de Aníbal, de Arturo Gonzalo Aizpiri (Almuzara, 2022), es uno de ellos: un ensayo híbrido de viaje, arqueología y divulgación histórica que transforma la Península Ibérica en un escenario vivo, palpitante, casi cinematográfico. En apenas 224 páginas —edición ilustrada con dibujos del propio autor—, el volumen sigue, paso a paso, los casi dos décadas que Aníbal Barca estuvo en Hispania entre 237 y 218 a. C., el año que inició su marcha al frente de un ejército multiétnico rumbo a Italia. Aquellos años formativos, donde el joven cartaginés se forjó como militar, heredó el proyecto bárcida y aprendió a comandar a íberos, celtíberos y vacceos, han sido sistemáticamente eclipsados por la epopeya alpina. Aizpiri se pregunta, con lucidez y urgencia, por qué el hombre que osó desafiar a Roma desde nuestra tierra sigue siendo un gran olvidado en museos y libros de texto. La respuesta es el libro que hoy reseñamos. 

El autor, doctor en Ciencias Químicas y CEO de Enagás, es uno de esos espíritus que se resisten a las etiquetas fáciles. Tras tres décadas compaginando la alta dirección empresarial con una pasión desbordante por la Antigüedad, ya había conquistado a miles de lectores con su Trilogía de Aníbal —El heredero de Tartessos, El cáliz de Melqart (Premio Hislibris 2014) y La cólera de Aníbal (Premio Hislibris 2019)—, novelas que reconstruyen con rigor y viveza el mundo de los Barca en Iberia. Ahora da un paso más y abandona la ficción para entregarnos este ensayo que, por momentos, parece un cuaderno de campo elevado a la categoría de literatura.

La estructura es muy equilibrada. Aizpiri alterna tres planos con gran maestría: el contexto histórico riguroso —citas a fuentes clásicas y a especialistas como Pedro Barceló o Manuel Bendala Galán, sin nunca caer en la erudición estéril—, la crónica de viaje personal —visitas reales a Cádiz, Cartagena, Sagunto, Carmona o el valle del Tajo, con encuentros inolvidables con arqueólogos, guardas de yacimientos y vecinos que aún respiran historia— y las ilustraciones a mano alzada que él mismo dibuja: monedas, relieves, murallas, esculturas. Estos dibujos no son mero adorno; actúan como ventanas directas a lo que las palabras a veces no alcanzan a transmitir, y convierten el libro en un objeto bello y útil. A todo ello también contribuye el estilo narrativo del autor, fluido y apasionado. Los capítulos breves se devoran, y al cerrar el volumen uno siente el impulso irrefrenable de calzarse las botas y repetir el itinerario. 

Con el pasar de los capítulos he aprendido que, en el fondo, la obra defiende una tesis clara y poderosa: Aníbal no fue un invasor de paso, sino un producto genuino de Hispania. Aquí se educó, aquí mandó por primera vez y aquí concibió un imperio helenístico en Occidente. Aizpiri reivindica esa “dimensión hispánica” y, al mismo tiempo, eleva una defensa apasionada de la arqueología como patrimonio vivo. Denuncia —con datos y sin dogmatismo— la infravaloración de muchos yacimientos cartagineses e íberos: mal señalizados, amenazados e invisibles en los planes educativos. Así, su trabajo se convierte, casi sin pretenderlo, en una llamada sutil pero firme a proteger y a mirar con ojos nuevos lo que yace bajo nuestros pies, mientras seguimos los pasos del cartaginés más famoso de la historia. 

En suma, Tras las huellas de Aníbal es una obra madura, hermosa y profundamente sugestiva que combina con destreza rigor histórico, sensibilidad literaria y una pasión auténtica por el patrimonio. Tanto para quienes se acercan por primera vez a la figura del insigne cartaginés como para aquellos que ya han leído sobre él en profundidad, tienen aquí una excelente oportunidad de sumergirse —o redescubrir— aquel remoto pasado a través de sus didácticas líneas y sus magníficas ilustraciones.




Tras las huellas de César en Hispania



Susana D.