11 de mayo de 2026

El águila y la sotana - Julián Chaves

Fecha de edición: febrero 2.026
Editorial: Ático de los libros
Páginas: 600
Precio: 29,95 €
Género: Ensayo histórico

Sinopsis: Cuando Franco presentó la Guerra Civil como una cruzada por la fe y la patria, la Iglesia católica abrazó su discurso casi sin reservas. Desde ese momento, religión y poder caminaron juntos. En 1939, el papa Pío XII celebró la «victoria de la España católica» y selló una alianza que consolidó el poder del régimen franquista. 

A partir de entonces, la Iglesia no se limitó a legitimar al nuevo Estado: se convirtió en uno de sus pilares fundamentales. En El águila y la sotana, Julián Chaves nos descubre cómo la jerarquía eclesiástica participó activamente en la construcción del primer franquismo, influyendo de manera decisiva en la educación, la censura, la moral pública y los mecanismos de control social que marcaron la posguerra y dieron origen al nacionalcatolicismo franquista.

Fruto de una investigación rigurosa basada en fuentes inéditas de archivo, esta obra recorre los años decisivos que van del final de la Guerra Civil a 1945 y muestra cómo la alianza entre Iglesia y régimen moldeó la ideología franquista y condicionó la vida cotidiana de millones de españoles. El águila y la sotana es un libro imprescindible para comprender cómo se forjó el franquismo y el papel central que la Iglesia desempeñó en sus orígenes.


OPINIÓN

Casi todos tenemos interiorizado que la relación entre la Iglesia católica y el primer franquismo no fue simplemente una alianza política; fue una simbiosis ideológica tan profunda que dio lugar a un término único: el Nacionalcatolicismo. No obstante, esta relación no siempre fue tan idílica ni estuvo exenta de fricciones estratégicas. Para entender este periodo en toda su complejidad, Julián Chaves Palacios nos ofrece en su obra El águila y la sotana (Ático de los libros, 2026) una disección fundamental que huye del tópico para centrarse en el rigor documental. La obra de Chaves, catedrático de Historia Contemporánea, se erige como una radiografía de la columna vertebral del régimen. A diferencia de otros estudios que tratan esta relación como una coincidencia de intereses, el autor sostiene que estamos ante una unión orgánica donde ambas instituciones se necesitaban para refundar España sobre las cenizas de la República. 

Uno de los puntos que Chaves desarrolla con mayor lucidez es la transformación del golpe de Estado de 1936 en una "Cruzada de Liberación”. El autor explica cómo la Iglesia, herida por la persecución religiosa en la zona republicana, decidió otorgar al bando sublevado una justificación moral absoluta. Mediante el análisis de la Carta Colectiva de los Obispos de 1937, el libro demuestra cómo se "purificó" la violencia bélica: matar al enemigo ya no era un pecado, sino un acto de servicio a Dios contra el "comunismo ateo". Esta sacralización fue un proceso bidireccional. Mientras los obispos bendecían las armas, el ejército de Franco adoptaba una liturgia y un lenguaje religioso que permeaba desde los cuarteles hasta las trincheras. Esta comunión de intereses permitió que, tras la victoria en 1939, el régimen no tuviera que buscar una legitimación democrática convencional, pues ya contaba con la "bendición celestial" que la Iglesia le administraba generosamente ante el mundo.

Seguidamente la obra pasa a profundizar en la posguerra, Chaves describe cómo el Estado entregó las llaves de la sociedad civil a la Iglesia a cambio de su lealtad incondicional. La institución eclesiástica recuperó privilegios que no disfrutaba desde el Antiguo Régimen, obteniendo el control casi total sobre el sistema educativo y la censura de las costumbres. Este periodo convirtió a España en un Estado confesional extremo, donde el pecado y el delito se confundían bajo una misma legislación penal y moral. La obligatoriedad de la religión y el control sobre la vida privada fueron el pago de Franco a una Iglesia convertida en el principal agente de socialización. Dicha hegemonía no fue solo administrativa, sino que se filtró en la cotidianidad a través de las misiones pedagógicas católicas y la Acción Católica, configurando la mentalidad de las generaciones de posguerra bajo un prisma estricto de obediencia y tradición. 

Como he mencionado, a pesar de la imagen de unidad, el autor no elude las tensiones que existieron bajo la superficie, especialmente entre el sector eclesiástico y los falangistas más radicales. Se detalla cómo la Iglesia recelaba del carácter totalitario y potencialmente pagano de la Falange, que miraba con admiración los modelos de Hitler y Mussolini. Existía un temor fundado entre los obispos de que el Estado absorbiera las prerrogativas de la Iglesia, tal y como había sucedido en otros fascismos europeos. Franco utilizó magistralmente este conflicto para actuar como árbitro, apoyándose en la Iglesia para neutralizar a los falangistas cuando el escenario internacional obligó a España a moderar su estética fascista tras 1942. 

Finalmente, Chaves reflexiona sobre la eficacia de este sistema de control que perduró durante décadas. Señala que la Iglesia no solo legitimó el poder político, sino que participó activamente en la vigilancia de la población a través de los informes parroquiales. Estos documentos eran muchas veces decisivos para que los ciudadanos pudieran obtener empleos o evitar represalias, convirtiendo al párroco en una figura de autoridad civil y policial en cada localidad. 

En síntesis, una lectura esencial para entender por qué la identidad nacional española estuvo tan ligada al catolicismo durante el siglo XX. Esta herencia marcó profundamente la Transición, dejando una huella cultural y sociológica que todavía es perceptible en diversos debates de la España contemporánea.



Andrés CM

8 de mayo de 2026

Korea (1950-1953) La guerra olvidada - Russell A. Gugeler

Fecha de edición: 2.026
Editorial: Ediciones Licurgo
Páginas: 310
Precio: 24,95 €
Género: Historia militar

Sinopsis: Este libro es una recopilación de relatos que describen la acción de combate de pequeñas unidades del Ejército —escuadras y pelotones, compañías y baterías—. Son estas las unidades que entran directamente en combate, sufren las bajas y constituyen la verdadera fuerza combatiente de los batallones, regimientos, divisiones, cuerpos de ejército y, en última instancia, del ejército de campaña. Para los miembros de estas pequeñas unidades, el combate es una experiencia profundamente personal. Absorbidos por las tareas temibles y constantes de combatir y sobrevivir, estos hombres no pueden concebir la guerra en términos de una “visión de conjunto” tal como aparece representada en los mapas de situación de los cuarteles generales de cuerpo de ejército o de ejército. 

Los integrantes de una escuadra o de un pelotón solo conocen y comprenden aquello que pueden ver y oír del combate. Conocen el terreno por el que luchan, la ventaja que supone dominar las alturas, la protección que ofrece una trinchera o un pozo individual. Saben distinguir el sonido de las armas enemigas del de las propias; reconocen el sonido tranquilizador de los proyectiles de artillería amiga pasando sobre sus cabezas y el de los aviones aliados picando sobre el objetivo. Conocen la excitación del combate, la sensación alternante de euforia y desesperación, la percepción de una fuerza colectiva avasalladora y, al mismo tiempo, de una soledad absoluta. 

El autor ha tratado de describir el combate tal como lo han vivido los individuos, o al menos tal como se percibía desde el puesto de mando de una compañía. Para ello se ha incluido un nivel de detalle que rara vez aparece en los más áridos registros oficiales. Estos detalles y pequeños episodios del combate fueron aportados por los miembros supervivientes de las escuadras y compañías, a través de entrevistas y conversaciones minuciosas realizadas poco después de finalizar los combates.


OPINIÓN

A menudo eclipsada por la magnitud de la Segunda Guerra Mundial o la carga traumática de Vietnam, la Guerra de Corea suele denominarse "la guerra olvidada". Sin embargo, la obra de Russell A. Gugeler —publicada por Ediciones Licurgo— se propone rescatar este conflicto del ostracismo al que suele estar relegado en las librerías de lengua hispana, ofreciendo una crónica técnica pero profundamente humana de lo que fue, en realidad, el primer gran choque de la Guerra Fría. A diferencia de las historias oficiales que analizan el conflicto a nivel de divisiones, Gugeler centra su lente exclusivamente en la realidad visceral del combate a nivel de pequeña unidad. Al ignorar las "grandes flechas" de los mapas continentales, el autor logra capturar la esencia de lo que significa combatir en el barro, la nieve y la oscuridad de una península que se convirtió en el laboratorio de un nuevo orden mundial.


El conflicto estalló en junio de 1950 tras la incursión de las tropas norcoreanas en el sur, dando inicio a una fase bélica que solo vería su fin el 27 de julio de 1953, cuando la pequeña localidad de Panmunjom se convirtió en el escenario histórico donde se selló el armisticio. Aunque tras un primer año de movimientos intensos el frente se estabilizó, la letalidad de la guerra no disminuyó, dejando tras de sí un saldo humano devastador de entre 2 y 3 millones de personas fallecidas, una cifra escalofriante para una población que apenas alcanzaba los 30 millones en esa época.


En este contexto de atrocidades constantes en ambos bandos, la obra de Gugeler no se concibió meramente como un registro histórico, sino como un manual pedagógico crudo y directo. A través de estudios de caso meticulosamente documentados, el autor disecciona las acciones de escuadras y pelotones, demostrando que el curso de la historia a menudo se decidió en la iniciativa individual y la resiliencia de un puñado de soldados enfrentados al caos absoluto del frente. 

En Corea se prescindió del arsenal atómico en favor de un despliegue masivo de armamento convencional heredado de la Segunda Guerra Mundial, sumando hitos tecnológicos como los aviones a reacción y los helicópteros. Este imponente tablero militar contó con Estados Unidos liderando una coalición de 22 naciones bajo la bandera de la ONU con 325.000 efectivos, mientras que China movilizó a más de un millón de combatientes para frenar el avance aliado y la URSS mantuvo una presencia discreta para evitar un choque directo con Washington.

 

Gugeler traslada esta macro-escala al nivel del suelo, donde la honestidad técnica y moral es la norma; el autor no oculta los fallos en las comunicaciones, los errores de juicio de líderes inexpertos o el impacto del pánico. Su prosa es funcional y austera, cargada de una tensión que se ve reforzada por la descripción de armas encasquilladas por el frío glacial y la fatiga física extrema de hombres que debían escalar picos bajo fuego cruzado, ofreciendo una lección inolvidable sobre la logística del miedo.

 

Es fundamental señalar que la edición en español de Ediciones Licurgo es excelente, superando las expectativas del lector especializado. Esta versión cuenta con una traducción impecable que respeta la terminología militar original sin perder fluidez narrativa, e incluye una generosa cantidad de fotografías y mapas detallados que son esenciales para comprender la verticalidad extrema del terreno coreano, el cual actúa como un antagonista más en cada relato. 

En última instancia, la relevancia de esta obra persiste porque desmitifica el combate, presentándolo como un oficio complejo donde los fundamentos tácticos son la única barrera entre la supervivencia y el desastre. Para el lector en español, esta edición de Licurgo es una herramienta indispensable que humaniza las estadísticas de la guerra y explica su mecánica interna con una precisión técnica que ha resistido impecablemente la prueba del tiempo. 

Una joya de la historia mlitar que permite al público hispanohablante entender por fin la verdadera dimensión humana, táctica y profesional de los combates de pequeñas unidades en la Guerra de Corea.



Andrés CM

5 de mayo de 2026

Juana de Castilla - Eduardo Juárez Valero

Fecha de edición: marzo 2.026
Editorial: Ático de los libros
Páginas: 504
Precio: 27,95 €
Género: Biografía

Sinopsis: Relegada durante siglos al mito de su supuesta locura, Juana I de Castilla fue en realidad una de las figuras políticas más decisivas y maltratadas del Renacimiento europeo. Hija de los Reyes Católicos, esposa de Felipe el Hermoso y madre de Carlos I, heredó de Isabel la Católica el reino de Castilla y fue su reina de iure durante casi cuatro décadas, en un momento clave para la construcción de la Monarquía Hispánica. 

En esta biografía definitiva, Eduardo Juárez Valero reconstruye con rigor y precisión la auténtica trayectoria de Juana, desmontando los tópicos que la han reducido a un personaje pasivo. A partir de una profunda investigación y del acceso a documentación inédita, el autor muestra a una soberana plenamente consciente de su papel, capaz de gobernar y de comprender el alcance político de su herencia, pero apartada del poder por los intereses de quienes la rodearon. 

Desde la corte de Flandes hasta su prolongado encierro en Tordesillas, pasando por la muerte de Isabel la Católica, la crisis sucesoria en Castilla, las luchas de poder entre Fernando el Católico y Felipe el Hermoso, la revuelta de los comuneros y el ascenso de Carlos I, este libro devuelve a Juana de Castilla su verdadera dimensión política, cultural y humana, la de una soberana formada en las artes liberales y en la cultura humanista de su tiempo. Una obra imprescindible para entender el nacimiento del Estado moderno y la historia de una reina a la que se negó el trono por ser mujer.


OPINIÓN

Nos sumergimos hoy en las páginas de un ejercicio de justicia histórica sumamente necesario: la biografía de la reina Juana I de Castilla firmada por el reputado historiador Eduardo Juárez Valero. Bajo el título Juana de Castilla. Conspiración, locura y poder en la Castilla renacentista (Ático de los libros, 2026), el autor nos ofrece una aproximación que busca sacudir los cimientos de la historiografía oficial, esa que durante siglos ha maltratado y desdibujado a una de las soberanas más trascendentales —y a la vez silenciadas— de nuestro pasado. A través de este volumen, Juárez Valero no solo reconstruye una vida, sino que desmonta el persistente mito de la enajenación mental para reivindicar su posición legítima como reina, ayudándonos a captar la verdadera magnitud de un personaje femenino cuya complejidad es, sencillamente, fascinante. 

"Una tesis contra el dogma" o "la soberana frente a la conspiración; cualquiera de estos podría ser el titular de esta reseña. Eduardo Juárez Valero, doctor en Historia y profundo conocedor de los entresijos del poder y los Sitios Reales, emplea su vasta experiencia para plantear una premisa valiente: Juana no fue una mujer "loca", sino una mujer de Estado deliberadamente anulada. El autor sostiene que su supuesta patología fue, en realidad, una construcción política diseñada por los hombres de su entorno familiar y político —su padre Fernando el Católico, su esposo Felipe el Hermoso y su hijo Carlos I— con el fin de apartarla del mando y justificar un encierro en Tordesillas que se prolongó casi medio siglo. La obra indaga en la resiliencia de una mujer que, pese a las traiciones, nunca renunció a sus derechos sucesorios.

La obra se articula con una coherencia envidiable a lo largo de seis capítulos que recorren con meticulosidad la trayectoria de la soberana, permitiendo al lector captar la evolución de su figura desde su formación en una corte culta y exigente hasta su muerte en la penumbra. Entre ellos, destaca con luz propia el tercer capítulo, sugerentemente titulado "Locura y oportunidad política", el cual se erige como el núcleo argumental más potente y revelador de la investigación. En estas páginas, Juárez Valero despliega un análisis fascinante en el que demuestra cómo se orquestó una auténtica usurpación administrativa y simbólica. A través del estudio pormenorizado de los documentos públicos de la época, el autor pone al descubierto las maniobras legales y notariales para desdibujar la firma y la autoridad de la reina. Se evidencia así que la etiqueta de la "locura" fue la coartada perfecta para silenciar su voluntad y suplantar su figura en el ejercicio del mando, permitiendo que otros gobernaran en su nombre mientras ella permanecía custodiada. 

A diferencia de otros enfoques más románticos o cinematográficos, Juárez Valero se apoya en una metodología rigurosa y un análisis exhaustivo de las fuentes documentales. El autor huye de tesis y dogmas preestablecidos, sumergiendo al lector en la compleja mentalidad de Juana desde una visión moderna que combina el dato de archivo con la agudeza psicológica. El estilo del autor es claro, fluido y profundamente humano; logra imprimir un ritmo vibrante a la narración, transformando lo que podría ser un denso tratado histórico en un relato que fluye de forma orgánica. 

La edición de Ático de los libros es excelente, cuidada al detalle y enriquecida con un aparato crítico que incluye imágenes, tablas, notas y una extensa sección de bibliografía. Estos elementos facilitan el entendimiento del gran volumen de información que contiene el libro, haciendo que la historia de los Trastámara y los Habsburgo sea accesible para cualquier interesado en el tema. 

En definitiva, Juana de Castilla, de Eduardo Juárez Valero es mucho más que una biografía; es un fabuloso ejercicio de divulgación que nos invita a mirar a Juana I a los ojos, despojada de los velos de la leyenda negra. Es una obra que ofrece una visión renovada y original de una soberana que merece ser valorada por su inteligencia y su trayectoria política, y no por el estigma de la locura que el patriarcado y los intereses de Estado le impusieron por sistema. Estamos, sin duda, ante la puerta de entrada definitiva para comprender a la mujer que, desde su cautiverio, siguió siendo el eje sobre el cual giró la historia de España durante décadas.



Susana D.