14 de agosto de 2026

Los hombres de Hiroshima - Iain MacGregor

Fecha de edición: mayo 2.026
Editorial: Ático de los libros
Páginas: 480
Precio: 25,95 €
Género: Ensayo histórico

Sinopsis: A las 8.15 de la mañana del 6 de agosto de 1945, un único avión sobrevoló Hiroshima. Segundos después, un destello blanco, más brillante que el sol, convirtió la ciudad en un infierno. En ese instante comenzó una nueva era, y el mundo cambió para siempre. 

En Los hombres de Hiroshima, recorreremos el camino que condujo hasta ese momento decisivo. Durante años, en laboratorios secretos y despachos del más alto nivel, se desarrolló una carrera científica y militar sin precedentes. Bajo la dirección de Leslie Groves y Robert Oppenheimer, el Proyecto Manhattan dio forma a un arma capaz de cambiar el curso de la guerra… y de la historia. Mientras tanto, en los cielos del Pacífico, los hombres del coronel Paul Tibbets se preparaban para ejecutar una misión de la que dependía el desenlace del conflicto. 

A través de las vidas de quienes tomaron las decisiones, de quienes las ejecutaron y de quienes las padecieron, Iain MacGregor nos sumerge en una historia coral donde la ambición, la guerra y sus consecuencias humanas se entrelazan en un momento crucial de la historia. 

De los ensayos nucleares en el desierto de Nuevo México a los bombardeos sobre Japón, de la Casa Blanca a la guerra total en el Pacífico, este es el relato de una decisión que transformó para siempre el destino de la humanidad.


OPINIÓN

El 6 de agosto de 1945 cambió para siempre la historia de la humanidad, inaugurando un orden mundial sustentado en la amenaza de la destrucción total. Tras conmemorarse recientemente las ocho décadas del primer uso de un arma nuclear en combate, nos llega Los hombres de Hiroshima (Ático de los Libros), del historiador y editor Iain MacGregor. Sin embargo, quien espere encontrar aquí otra exhaustiva crónica centrada exclusivamente en los laboratorios de Nuevo México, las pizarras de J. Robert Oppenheimer o las intrigas del Proyecto Manhattan, se equivocará de pleno. MacGregor, haciendo gala del pulso narrativo que ya demostró en El faro de Stalingrado, desplaza el foco desde la física teórica hacia el factor humano, táctico y periodístico. Su ensayo es un caleidoscopio de «micronarrativas» que disecciona a los hombres que ordenaron, transportaron, sufrieron y, finalmente, documentaron el lanzamiento de la bomba Little Boy.

El gran acierto estructural de la obra radica en su elenco coral y en su inteligente uso de la yuxtaposición. El autor no se limita a la perspectiva de los vencedores, sino que integra desde la primera página la voz de los supervivientes japoneses —como el desgarrador testimonio de Michiko Kodama, de 87 años—, logrando que el lector inicie su recorrido bajo la ineludible sombra de la tragedia. A través de capítulos cortos y muy dinámicos, perfila a figuras radicalmente opuestas que el destino unió en aquel fatídico agosto. Por un lado, conocemos a Paul Tibbets, el piloto de carácter indómito que no dudó en desafiar a sus superiores en el norte de África, pero que cumplió su «papel de toda una vida» pilotando el Enola Gay (bautizado así en honor a su madre). En el otro extremo, el ensayo nos presenta a Senkichi Awaya, el "buen alcalde" de Hiroshima; un funcionario civil, cristiano y receloso del fanatismo militar de su propio gobierno, que trasladó a su familia a la ciudad sin saber que caminaba hacia el epicentro del infierno. 

Junto a ellos, destaca un protagonista de acero: el bombardero B-29 Superfortress. MacGregor, trata al avión casi como a un personaje con entidad propia, fundamental para entender el surgimiento de la hegemonía aérea estadounidense. Aunque el autor transita con mayor soltura por los despachos, las cabinas de vuelo y el paisaje asfixiante de los bombardeos —espléndida y terrible su recreación del ataque incendiario sobre Tokio— que por las descripciones de infantería pura en Iwo Jima u Okinawa, el ritmo de la obra no decae en ningún momento. A todo ello se suma la cuidada edición de Ático de los Libros, que integra los mapas y un gran número de fotografías en blanco y negro directamente en el cuerpo del texto. Esto permite poner rostro y marco geográfico a los protagonistas en el momento exacto en que la narrativa los convoca, haciendo la experiencia de lectura sensiblemente más inmersiva y fluida. 

El último tercio del ensayo aborda uno de los aspectos más fascinantes y menos transitados por la historiografía generalista: la censura posterior a la masacre. Tras la repentina rendición japonesa, la maquinaria gubernamental estadounidense se apresuró a "controlar el relato", vendiendo la idea de que unas superbombas convencionales habían ganado la guerra y negando categóricamente los agónicos efectos de la radiación a largo plazo. Es aquí donde emerge la figura del periodista John Hersey. Descubriremos cómo este reportero, frustrado por las reticencias de las revistas Time y Life, logró viajar a un Japón que, un año después, aún olía a muerte. Entrevistando a los supervivientes y burlando la narrativa oficial, Hersey publicó un demoledor reportaje de 30.000 palabras en The New Yorker en agosto de 1946. Fue ese texto el que realmente mostró al mundo occidental el paisaje macabro y los cuerpos carbonizados que la burocracia militar intentaba ocultar, cimentando el tabú moral contra el uso de armamento nuclear que pervive hasta nuestros días.

 

Para comprender la tremenda disonancia cognitiva entre la retaguardia estadounidense y el horror real de la bomba, el autor rescata un episodio escalofriante ocurrido en octubre de 1945. Durante las celebraciones del «Día de la Victoria» en el Memorial Coliseum de Los Ángeles, ante más de 100.000 espectadores enfervorecidos, el famoso actor de Hollywood Edward G. Robinson ejerció de maestro de ceremonias. Mientras tres bombarderos B-29 sobrevolaban el estadio a baja altura, una gigantesca nube de hongo simulada se elevó tras el escenario y Robinson gritó por megafonía: «¡Señoras y señores, les presento… Hiroshima!». Una banalización del apocalipsis que pronto quedaría sepultada por la cruda realidad de los reportajes sobre el terreno. 

Por último, diré que quien se acerque a las páginas de Los hombres de Hiroshima encontrará una autopsia implacable de la primera arma de destrucción masiva y de las personas que orbitaron a su alrededor. Iain MacGregor ha logrado articular un ensayo impecablemente documentado, sin caer en el dogmatismo ni en el morbo fácil, obligando al lector a relexionar sobre hasta donde pueden llegar la política y el progreso tecnológico cuando se desvinculan de la ética. 




Andrés CM

12 de agosto de 2026

¿Qué vimos en julio?

Julio se despide dejando tras de sí una selección de lo más heterogénea, un mes donde la reescritura de los mitos clásicos, el entretenimiento palomitero sin complejos y las distopías subterráneas han compartido el protagonismo en nuestras pantallas. En las salas de cine, el plato fuerte vino de la mano de Christopher Nolan y su particular reinterpretación de La Odisea, un despliegue visual de ambición desmedida que no ha dejado a nadie indiferente. El terreno seriéfilo no se ha quedado atrás y nos ha regalado un abanico de propuestas repleto de intensidad. La tensión política y el fuego regresaron por todo lo alto con La Casa del Dragón, mientras que la primera temporada de Silo se convirtió en una de las sorpresas más absorbentes que hemos descubierto este año gracias a su claustrofóbica atmósfera de misterio. A este potente menú hay que sumar la madurez emocional alcanzada por la tercera entrega de The Chosen. Un cóctel variopinto, repleto de luces y sombras, que desglosamos en detalle a continuación.


Películas  



La Odisea ★★★★✰ Partamos de una base fundamental: estamos ante una experiencia cinematográfica, no en una clase de historia antigua. Quien busque fidelidad absoluta al texto original, hará mejor en acudir a Homero o a los múltiples ensayos que diseccionan la obra. Christopher Nolan ofrece aquí su versión particular del mito, imprimiendo su inconfundible pulso narrativo y su asombrosa capacidad visual para abordar la naturaleza humana, el coste de la guerra y la sombría amenaza de los Pueblos del mar. Sin embargo, en esta reescritura, da la sensación de que los personajes responden a menudo más a la "ley de Nolan" que a la sagrada xenia o ley de Zeus, respetándola o rompiéndola según le conviene al guion para hacer avanzar la historia.

En el apartado interpretativo, el reparto cumple con nota en esta reinterpretación del clásico. Tom Holland convence como Telémaco, Robert Pattinson perfila a un Antínoo maquiavélico, Zendaya funciona como una Atenea que ejerce de conciencia del protagonista y destaca especialmente la fantástica interpretación de John Leguizamo como Eumeo. Junto a la melancólica Calipso de Charlize Theron y la enigmática Circe de Samantha Morton, la película omite inteligentemente ciertas tramas —como la de Nausícaa— para concentrar el núcleo del relato en el anhelo del reencuentro.

En definitiva, la propuesta es un espectáculo audiovisual apabullante que rescata esa hermosa noción que resuena al poema de Kaváfis (Ítaca no como un punto en el mapa, sino como la esperanza de regresar siendo la misma persona). Sin embargo, deja la agridulce sensación de ser una oportunidad perdida: uno no sale del cine con la sensación de haber presenciado la gran obra maestra que prometía.

He-Man y los Masters del universo ★★ El regreso a Eternia apela directamente a la nostalgia de quienes crecieron empuñando la espada del poder en los años ochenta, pero el resultado final es una de cal y otra de arena. Por un lado, la cinta no oculta su vocación de desacomplejado pasatiempo palomitero, ofreciendo un abrumador despliegue visual repleto de criaturas fantásticas y trepidantes batallas digitales. Por otro lado, la balanza se desequilibra debido a un guion empeñado en abusar del humor estilo Marvel. El exceso de bromas condescendientes y un protagonista que por momentos resulta algo cargante evidencian que el lenguaje cinematográfico actual busca contentar casi exclusivamente al público infantil, perdiendo esa magia de los clásicos ochenteros que, aunque nos fascinaban de críos, poseían un tono mucho más adulto.

A pesar de contar con una trama predecible, diálogos de relleno y personajes de poco calado, la aventura logra mantenerse a flote gracias al innegable cariño con el que homenajea su propio legado. Los constantes guiños a la mítica serie animada y a la icónica cinta de Dolph Lundgren son un acierto absoluto para el fan veterano. Además, el conjunto brilla respaldado por una épica banda sonora a base de rock y sintetizadores, y coronado por un Jared Leto que nos regala un Skeletor aterrador y deliciosamente histriónico, muy consciente de su propia naturaleza de villano. En definitiva, un festival de adrenalina que acierta al no tomarse en serio a sí mismo; quizá no sea el gran amo del universo cinematográfico, pero cumple con nota como digno y vistoso entretenimiento veraniego.

We the Hispanos ★★ El nuevo trabajo de José Luis López-Linares busca restaurar el verdadero contexto histórico de la Hispanidad frente al ruido ideológico. Lejos de intentar reescribir el pasado, el documental se enfrenta directamente a la hostilidad y a los prejuicios anglosajones que, durante siglos, han distorsionado el inmenso legado compartido entre España y América. Aunque en su capacidad de sorpresa se sitúe un leve escalón por debajo de las anteriores obras del director sobre esta materia, resultando quizá algo más reiterativa, sigue siendo una cinta muy sólida, elegante y enormemente disfrutable. Su principal logro es sacudir los habituales complejos y despertar un merecido orgullo por una herencia cultural que ha sido sistemáticamente subvalorada.

El mayor tesoro de la película reside en las lúcidas intervenciones de sus especialistas, quienes nos regalan reflexiones tan certeras como que la historia no es de quien la vive, sino de quien la cuenta. Con una narrativa serena que no necesita levantar la voz, el filme demuestra que la identidad hispana no es una reliquia del pasado, sino una fuerza viva que sigue moldeando el presente de los Estados Unidos. Es una propuesta altamente recomendable que, además, respeta y confía plenamente en la inteligencia del espectador, huyendo de esa mala costumbre actual de masticar cada mensaje para, en su lugar, invitarnos a una reflexión genuina.


Series




La Casa del Dragón ★★✰✰ (Temporada 3) En esta ocasión regresamos a Poniente para adentrarnos en la tercera temporada de La Casa del Dragón, una entrega en la que los guionistas intentan pisar el acelerador apostando por un arranque y un cierre verdaderamente espectaculares. El impacto visual es indiscutible gracias a hitos de gran escala como la implacable Batalla del Gaznate en sus primeros compases y la Primera Batalla de Ladera coronando el desenlace, secuencias donde el despliegue técnico y la majestuosidad de las criaturas alcanzan su punto más alto. Sin embargo, el gran problema radica en el tramo intermedio: la narrativa vuelve a tropezar con su propia densidad, diluyéndose en interminables debates de consejo, rencillas familiares y una guerra que por momentos se vuelve excesivamente dialéctica, ralentizando el ritmo general y haciendo que varios episodios se sientan pesados y estirados.

Es innegable que el apartado técnico sigue siendo impecable; los efectos visuales son asombrosos y la majestuosidad de los dragones en pantalla resulta indiscutible. Sin embargo, la serie olvida una lección fundamental: unas criaturas espectaculares no salvan una historia que no logra atrapar al espectador.  Se echa en falta la alquimia perfecta entre épica, intriga palaciega y desarrollo de personajes que consagró al universo de George R. R. Martin en Juego de Tronos. En su lugar, esta tercera entrega confía en que el espectáculo de sus dos grandes clímax compense largas horas de disputas políticas a veces agotadoras, dejando la sensación de una propuesta impresionante en las formas, pero que aún no termina de recuperar la solidez y la fluidez narrativa de antaño.

The Chosen ★★ (Temporada 3) Esta tercera entrega supone un auténtico punto de inflexión para la producción. Retomando la acción en las secuelas directas del Sermón de la Montaña, la trama ahonda con valentía en el desgaste físico y emocional de los discípulos. Fiel al significado de su título, la serie sigue descentrando el foco de la figura del Mesías para poner la lupa sobre las personas que lo rodearon, regalándonos arcos personales de una enorme profundidad, como la dura y conmovedora crisis que atraviesan Simón y Edén.

El guion demuestra una maestría excepcional a la hora de fusionar con absoluto respeto los pasajes evangélicos con añadidos de ficción que enriquecen enormemente el relato. Gracias a este complejo equilibrio, la narrativa transita con total naturalidad entre un humor muy bien medido y un dramatismo punzante, coronando la temporada con momentos visualmente épicos como la alimentación de los 5.000 o el emblemático pasaje de Jesús caminando sobre las aguas. Al final, el mayor triunfo de la serie sigue intacto: lograr humanizar a Cristo retratándolo como alguien cercano, cálido y afable, sin obviar en ningún momento la magnitud de su divinidad.

Silo ★★★✰ (Temporada 1) Si te apasionan las distopías, esta adaptación de la saga de Hugh Howey es una cita obligada. La serie nos sumerge en una gigantesca ciudad vertical subterránea regida por reglas opresivas, donde el conocimiento del pasado está prohibido y la única visión del exterior es una pantalla que muestra un mundo aparentemente inhabitable. Lo que arranca con las sospechas de un jefe de seguridad buscando respuestas se convierte pronto en un tenso thriller de conspiraciones y paranoia sobre la idea del "universo cerrado" —evocando a clásicos como La Nave de Tomás Salvador—, todo apoyado en un soberbio diseño de producción que asfixia a través de sus pasillos metálicos y su imponente escalera de caracol.

Todo este complejo rompecabezas funciona gracias al arrollador carisma de Rebecca Ferguson, secundada con maestría por un reparto donde destaca Tim Robbins. Con un ritmo modélico que dosifica los giros de guion y hace crecer el suspense capítulo a capítulo, la temporada destapa con pulso firme las capas de mentiras que sostienen la comunidad. El broche de oro lo pone un final impecable que responde con valentía al gran interrogante de la historia —¿qué hay realmente ahí fuera?— mientras abre de par en par la puerta a fascinantes y nuevos misterios.


Andrés y Susana

10 de agosto de 2026

La Guerra del Opio - Julia Lovell

Fecha de edición: 2.026
Editorial: Desperta Ferro
Páginas: 472 + 32 a color
Precio: 28,95 €
Género: Ensayo histórico

Sinopsis: La Guerra del Opio es uno de los episodios más infames de la historia de Gran Bretaña, arrastrada por los intereses de empresarios de dudosa reputación, corporaciones privadas, lobistas sin escrúpulos y halcones del imperialismo más depredador a un conflicto inmoral por un negocio que generaba formidables fortunas a costa de diezmar a la población y destruir la economía del Imperio Qing: el derecho a vender opio y, en última instancia, el sometimiento de China a la supremacía occidental. El libro La Guerra del Opio. Drogas, codicia y la forja de la China moderna, de la historiadora y sinóloga Julia Lovell, que lleva décadas estudiando las fuentes chinas, va mucho más allá de la perspectiva occidental tradicional al otorgar protagonismo y voz propia al Imperio Qing, explorando sus intensas interacciones con el mundo más allá de sus fronteras –desterrando el mito de un país cerrado e impermeable–, su idiosincrasia interna, así como la incomprensión mutua que empujó a ambas partes hacia la guerra; un conflicto tan brutal como asimétrico condicionado por la abrumadora superioridad tecnológica occidental y la falta de realismo militar de China, no exento de episodios tragicómicos, hipocresía victoriana, tropiezos burocráticos, errores militares y oportunismo político. A lo largo de los últimos dos siglos, esta guerra desatada por la droga y la codicia –motivos que resuenan en conflictos actuales– se ha convertido en el episodio fundacional del nacionalismo chino, una humillación que ha moldeado las interacciones de Pekín con el resto del mundo, y una memoria y unos prejuicios que han enturbiado su relación con Occidente hasta el día de hoy.


OPINIÓN

La Primera Guerra del Opio (1839-1842) suele despacharse en los currículos occidentales como el choque inevitable entre el progreso del libre comercio británico y el inmovilismo de la dinastía Qing. Sin embargo, tras esa fachada civilizatoria se esconde uno de los episodios de narcotráfico de Estado más flagrantes de la historia. En La Guerra del Opio (Desperta Ferro, 2016), la sinóloga Julia Lovell disecciona este conflicto inmoral y nos muestra cómo, paradójicamente, terminó convirtiéndose en el crisol donde se forjó el nacionalismo chino contemporáneo. El resultado es un trabajo muy revelador que, por un lado, busca curar la amnesia histórica del Reino Unido, recordando a los lectores que buena parte de la opulencia victoriana se construyó financiando la Royal Navy y la importación de té mediante los ingresos del monopolio del opio cultivado en la India. Por otro lado, pretende explicar a Occidente por qué este enfrentamiento lejano sigue condicionando las relaciones diplomáticas de Pekín en pleno siglo XXI.

Lovell hace gala de una gran capacidad para dinamitar mitos a ambos lados del tablero. Frente al relato tradicional, la autora nos presenta el conflicto como el triunfo del caos, repleto de chapuzas burocráticas, improvisaciones y cinismo. Los británicos jamás ejecutaron ningún plan maestro de conquista; más bien, justificaron la defensa militar de contrabandistas privados bajo la bandera del librecambismo, enviando cañoneras entre remordimientos parlamentarios y vacilaciones constantes.


Del lado Qing, el retrato resulta igual de desmitificador. El Imperio chino era un Estado fragmentado, asolado por la corrupción y plagado de disidencias. Muchos ciudadanos, lejos de oponer resistencia patriótica, aprovecharon el desconcierto para vender suministros a la flota invasora o espiaron a su favor. La corte imperial, atrapada en su propio orgullo y desconectada de la realidad geográfica, recibía informes delirantes donde las aplastantes derrotas frente a la artillería inglesa se camuflaban como formidables victorias. 

Aunque su título sugiera que va a abarcar las guerras en plural, el volumen se centra casi por completo en la Primera Guerra del Opio (1839-1842), relegando la Segunda a escasas páginas. Esto obedece a que el objetivo principal del ensayo esquiva la estricta crónica castrense para sumergirse en la sociopolítica y la construcción de la memoria histórica. Lovell detalla magistralmente cómo las hostilidades, que en su momento los mandarines consideraron secundarias frente a amenazas existenciales internas como la Rebelión Taiping, fueron elevadas décadas después a la categoría de trauma existencial. Para la historiografía oficial del Partido Comunista, la derrota marca el inicio del llamado «Siglo de la Humillación», narrativa explotada intensamente tras la masacre de Tiananmen. Convertir el desastre bélico en símbolo perpetuo de la agresión imperialista permitió (y permite) al gobierno desviar el descontento interno y unificar al país bajo el rentable paraguas del victimismo patriótico. 

La cuidada edición de Desperta Ferro brilla con su habitual e impecable aparato gráfico y cartográfico. La pluma de Lovell resulta ágil y domina el retrato psicológico de personajes clave como el intransigente Henry Pottinger, el comisionado Lin Zexu o el emperador Daoguang, cuya desconexión de la realidad condicionó la debacle. No obstante, algunos echarán en falta una mayor profundidad táctica sobre las batallas terrestres y los asedios, ya que el foco recae mayoritariamente en los personajes, los despachos y los debates políticos. Lejos de ser un punto negativo, esto es precisamente todo lo contrario: esta decisión narrativa dota a la obra de una riqueza fascinante, priorizando el pulso diplomático y humano por encima del simple análisis militar.


En definitiva, Julia Lovell firma un ensayo magistral que sirve para desmontar tanto la interesada desmemoria británica como la propaganda victimista china. El mejor resumen del conflicto llegó dos años y medio después del inicio de las hostilidades: tras dilapidar millones de onzas de plata y sacrificar miles de vidas, el emperador Daoguang demostró la desconexión total de la Ciudad Prohibida al escribir a su comandante en primera línea para preguntarle, genuinamente sorprendido: «¿Dónde está exactamente Inglaterra?».



Andrés CM