27 de agosto de 2026

Moneta. Una historia de la Roma antigua en doce monedas - Gareth Harney

Fecha de edición: marzo 2.026
Editorial: Deusto
Páginas: 350
Precio: 21,95 €
Género: Ensayo histórico


Sinopsis: La historia de Roma puede contarse a través de sus batallas y de sus emperadores, pero también ―y de forma sorprendentemente directa― de sus monedas.

En este libro, el historiador Gareth Harney, conocido por su labor divulgativa como @OptimoPrincipi, demuestra cómo las monedas romanas eran mucho más que un medio de pago: eran también verdaderos instrumentos de comunicación política, piezas de propaganda y testimonios inmediatos de los grandes acontecimientos. 

Mediante doce monedas emblemáticas, Moneta ofrece una nueva mirada a la historia de Roma: desde la República convulsa hasta la caída del Imperio. Un recorrido riguroso, narrado con la agilidad de un gran contador de historias, que revela cómo el dinero modeló la política, la cultura y la memoria de Occidente.


OPINIÓN

La fascinación de Gareth Harney por el mundo clásico no comenzó ante las ruinas del Foro ni en las aulas universitarias, sino en la palma de su mano cuando era un niño. Su padre le entregó un denario de plata con el retrato del emperador Trajano, una pieza delgada con la que en su día se podía comprar pan tanto en Britania como en Mesopotamia. Tras dos décadas recorriendo yacimientos romanos y compartiendo su afición con una amplia comunidad en redes sociales, el autor vuelca su experiencia en Moneta (Deusto, 2026), un trabajo que demuestra cómo la moneda antigua es una vía inmejorable para aproximarse a la historia. 

El acierto principal del libro radica en vertebrar la evolución de Roma —desde su fundación en el 753 a. C. hasta el fin del Imperio de Occidente en el año 476 d. C.— a través de doce piezas principales, acompañadas por una treintena de ejemplos complementarios. En lugar de ofrecer un catálogo aislado, Harney conecta cada acuñación con la política, la economía y las mentalidades de su época.

Durante las etapas republicanas, la moneda sirvió para estructurar la identidad romana frente a sus grandes rivales. Un ejemplo temprano es la didracma del periodo 269-266 a. C., una pieza de siete gramos de plata pura —equivalente a una doble dracma griega— que mostraba a la loba amamantando a los gemelos bajo la inscripción «de los romanos». Poco después, en el 211 a. C. y bajo la presión de la Segunda Guerra Púnica contra Cartago, nació el primer denario de plata. Esta acuñación, que presentaba la cabeza con casco de la diosa Roma y la marca de valor «X» (diez ases), presumía de un 98 % de pureza. De aquel término latino (deni, «que contiene diez») surgirían palabras cotidianas como dinero o denaro, además del dinar islámico, que sigue siendo la unidad monetaria principal en nueve países en la actualidad. 

El recorrido avanza hacia el Imperio y sus momentos críticos. Harney examina cómo Julio César rompió la tradición republicana al grabar su propio retrato en vida sobre el metal en el año 44 a. C., una decisión que precipitó su asesinato y dio lugar al célebre denario de Bruto con las dagas y la fecha de los Idus de Marzo. Décadas más tarde, el sestercio de bronce póstumo de Tito, un cuarto de denario emitido para conmemorar la inauguración del Coliseo en el 81 d. C., dejó para la posteridad la única representación masiva del pueblo llano en las gradas. 

La obra también aborda etapas de profunda inestabilidad, como la crisis del siglo III. En este contexto, piezas como el argenteus de Diocleciano del año 294 d. C. ayudan a entender un periodo caótico en el que, en ocasiones, las monedas son la única evidencia histórica que conservamos sobre la existencia de ciertos aspirantes al trono. Finalmente, se documenta la progresiva cristianización reflejada en el follis de Constantino, el primero en incluir el crismón tras la batalla del Puente Milvio, hasta llegar al colapso con la media siliqua de plata del año 477 d. C. En ella, el rey bárbaro Odoacro aparece retratado con el pelo largo y bigote, pero rodeado por una corona de laurel, en un intento de legitimar su reinado bajo los símbolos de la civilización que acababa de derribar.

 

Harney explica la numismática de forma clara. El apoyo de mapas y fotografías de ambas caras de las monedas facilita que el texto mantenga un ritmo de lectura ágil. Su análisis sobre la devaluación monetaria es especialmente revelador: muestra cómo la hiperinflación y la reducción del peso en las aleaciones provocaron el acaparamiento generalizado. Tal y como señala el autor, los antiguos ciudadanos no eran ingenuos y vigilaban de cerca su dinero; para ellos, la pureza de la pieza funcionaba como un indicador directo de la salud del Estado, por lo que esas devaluaciones se percibían como un fraude monetario deliberado contra el pueblo romano.

 

Moneta es un ensayo equilibrado que logra acercar el pasado clásico desde una perspectiva tangible y muy humana. En un contexto donde el dinero físico pierde presencia frente a las transacciones digitales, la obra de Gareth Harney ofrece una mirada de gran interés sobre el papel que desempeñaron estos pequeños objetos en la articulación de la sociedad antigua.




Susana D.

24 de agosto de 2026

Yo, el rey. La historia de Carlos II - Alberto Bravo

Fecha de edición: abril 2.026
Editorial: Ático de los libros
Páginas: 768
Precio: 36,95 €
Género: Biografía

Sinopsis: Madrid, 1665. Un niño de cuatro años hereda el trono de la Monarquía de España, el mayor imperio de su tiempo. Desde Bruselas hasta Nápoles, desde México hasta Manila, millones de súbditos quedan bajo la autoridad de un rey cuya figura ha sido durante siglos objeto de burla y lástima. La historia lo ha recordado con el cruel apodo de «el Hechizado» y como símbolo de la decadencia de los Austrias. Pero ¿y si esa imagen no fuera más que un mito, fruto de la propaganda? 

En Yo, el rey, Alberto Bravo desmonta una de las leyendas negras más persistentes de la historia de España y devuelve a Carlos II su verdadera dimensión. Lejos de la caricatura del monarca incapaz, descubriremos a un soberano consciente del peso de su corona, que gobernó durante más de tres décadas y logró mantener la cohesión de la Monarquía de España en uno de los momentos más delicados de su historia. Así, bajo su reinado, la economía de los reinos peninsulares se recuperó y la maquinaria política siguió funcionando con una sorprendente capacidad de adaptación. 

Fruto de años de investigación y de un profundo conocimiento de las fuentes, Yo, el rey es el retrato más completo y revelador del último Austria. Con pulso narrativo y rigor histórico, Alberto Bravo mira con nuevos ojos a Carlos II y nos desvela al rey que se oculta tras la leyenda: no el fantasma enfermizo de un imperio en ruinas, sino un monarca que sostuvo su herencia hasta el final.


OPINIÓN

Si hay un monarca que ha sido maltratado por la historiografía tradicional y la cultura popular, ese es Carlos II de España. Condenado a ser recordado bajo el cruel sobrenombre de «el Hechizado», su figura ha servido durante siglos como la metáfora perfecta de la decadencia absoluta y el fin de la dinastía de los Habsburgo. Sin embargo, en Yo, el rey (Ático de los libros, 2026), Alberto Bravo se propone dinamitar esta caricatura para devolvernos la imagen de un gobernante mucho más complejo, consciente de su deber y rodeado de un imperio que, contra todo pronóstico, se resistía a morir.

El gran triunfo de Bravo en esta obra es humanizar al monarca sin caer en la hagiografía. El autor, un historiador modernista que ha dedicado años a investigar esta figura, disecciona magistralmente cómo la propaganda (tanto interna como extranjera) moldeó la imagen de un rey débil e incapaz. Como bien señala Bravo, esa «leyenda negra» fue fomentada deliberadamente para desautorizar a los Austrias y allanar el camino a los Borbones. Lejos del monarca pasivo y eternamente enfermo que nos han vendido (de hecho, Bravo aclara que la salud de Carlos II no se quebró verdaderamente hasta 1696, con 31 años), vamos a descubrir un rey trabajador, lúcido y profundamente implicado en los asuntos de Estado. Los documentos y la correspondencia privada, como se detalla en los primeros capítulos del libro («El nacimiento de un príncipe de España» y «Un príncipe de salud frágil»), revelan a un niño que, dentro de los estándares de la época, creció relativamente sano. 

Resulta especialmente revelador el análisis sobre las complejas relaciones de Carlos II con sus dos esposas, un entramado de afectos y presiones dinásticas fundamentales para entender las decisiones de su reinado. Además, la obra rescata una faceta fascinante y olvidada del monarca: su papel como mecenas cultural. Lejos del oscurantismo, su corte atrajo a genios como Luca Giordano (responsable de los frescos de El Escorial) o Claudio Coello, convirtiendo a Madrid en un vibrante centro cultural. 

Otro de los pilares fundamentales de la biografía es el retrato de la geopolítica de la época, estrechamente unida al ámbito militar. Bravo desmonta con datos la idea de un imperio en ruina absoluta. Al contrario, expone cómo durante el reinado de Carlos II se tomaron medidas cruciales para la recuperación económica y militar. La Pragmática de la Plata de 1686, por ejemplo, estabilizó la moneda castellana y sentó las bases del crecimiento del siglo posterior. Por su parte, los ejércitos españoles, respaldados siempre por ingenieros de primer nivel, lograron mantener una resistencia global admirable frente al expansionismo implacable de la Francia de Luis XIV. La Monarquía Hispánica demostró una asombrosa resiliencia, manteniendo su vitalidad y expansión en América y Asia. De hecho, el autor dedica capítulos a explorar cómo se percibía la figura del rey en territorios como Indias y Filipinas, ofreciendo una perspectiva verdaderamente global.

El testamento final de Carlos II en octubre de 1700, por el que nombró sucesor al duque de Anjou (futuro Felipe V), no fue el delirio de una mente manipulada, sino un ejercicio de pragmatismo y alta diplomacia. Fue un acto de grandeza donde el rey sacrificó los lazos afectivos con su propia casa en favor de mantener la integridad de la monarquía frente a los tratados de partición que las otras potencias fraguaban a sus espaldas. Aquí, el autor vuelve a cuestionar dogmas con rigor y frescura al diseccionar la complejidad política, médica y humana del momento, desmontando incluso las leyendas de brujería sobre su muerte para apuntar a causas mucho más terrenales. Si hubiera que ponerle un pequeño reparo, quizás la inmensa cantidad de datos diplomáticos y militares podría resultar densa en algún tramo para el lector menos habituado a la biografía histórica rigurosa, pero es un peaje menor y necesario para fundamentar la sólida tesis del autor. 

Rigurosa y reveladora, esta biografía no solo hace justicia a una de las figuras más incomprendidas de nuestra historia, sino que nos obliga a desaprender la caricatura del «Hechizado» para descubrir a un gobernante eficaz y a un imperio que, lejos de desmoronarse en silencio, luchó tenazmente por su supervivencia. Una lectura obligatoria para cualquiera que desee entender el verdadero ocaso de los Austrias sin los filtros de la propaganda.



Andrés CM

20 de agosto de 2026

Fuego y bronce - Luis Villalón

Fecha de edición: 2.026
Editorial: Desperta Ferro
Páginas: 680
Precio: 26,95 €
Género: Novela histórica

Sinopsis: «Padre, he aquí que los barcos del enemigo llegaron [aquí]. Mis ciudades […] fueron quemadas, y los invasores cometieron infamias en mi país. ¿No sabe acaso mi padre que todas mis tropas y carros […] se encuentran en la Tierra de Hatti, y todos mis barcos están en la Tierra de Lukka? […] De esta manera, el país ha quedado abandonado a su suerte […]». (Carta de Ammurapi, rey de Ugarit, al soberano de Alasiya/Chipre). 

Fue en esos años cuando el Mediterráneo ardió, cuando Troya cayó ante el inmisericorde bronce y el poderío hitita se derrumbó como un castillo de naipes, cuando los mismos aqueos que se habían regocijado en las ruinas de Ilión vieron destruidos sus palacios y cuando Egipto tembló. Sí, el Mediterráneo ardió, y gentes sin número, los pueblos del mar, vagaron sobre sus olas, en pos de un nuevo hogar. Desde el Egeo y Anatolia hasta Chipre y Canaán, Fuego y bronce. Una epopeya de los pueblos del mar, la nueva novela histórica de Luis Villalón, narra la odisea de esas gentes: los supervivientes de Troya, de Pilos y de Hatti. Una epopeya de migrantes y piratas, de comerciantes y asaltadores de ciudades, de familias que durante una generación y varias vidas vagabundean por mar y tierra buscando un futuro y una paz que siempre están más adelante. Es el mundo y el momento del colapso de las civilizaciones del Próximo Oriente antiguo, en 1200 a. C., un cataclismo que empuja a nuestros protagonistas contra el único muro que permanecía en pie: Egipto. Allí, entre los juncos del delta del Nilo, será donde se consume esta apasionante historia.


OPINIÓN

Cuando la editorial Desperta Ferro —referente indiscutible en la edición de revistas y libros de historia en nuestro país— apuesta por la novela histórica, el lector sabe de antemano a qué atenerse: no habrá licencias gratuitas, ni anacronismos de cartón piedra, ni batallas resueltas con heroicidades de Hollywood. En Fuego y bronce, el galardonado escritor Luis Villalón asume el reto de trasladar esa exigencia académica al terreno de la ficción narrativa, entregando una epopeya monumental que huele a ceniza, a mar y a bronce fundido.

La trama nos sitúa en uno de los periodos más oscuros y fascinantes de la Antigüedad: el colapso del Bronce Final (hacia el 1200 a. C.). Villalón nos sumerge en un apocalipsis antiguo donde el Imperio hitita se resquebraja, los suntuosos palacios micénicos caen uno tras otro y Troya (Wilios en la novela) es consumida por las llamas. Frente a la visión tradicional que despacha a los temidos «pueblos del mar» como una simple horda de saqueadores bárbaros, el gran acierto de esta obra es ponerles rostro. A través de una estructura itinerante que avanza desde las costas del Egeo y Anatolia hasta las fronteras de Canaán, la novela nos presenta a un mosaico de supervivientes: piratas, soldados desubicados, comerciantes y familias enteras que vagan buscando un hogar. Es el drama de unos refugiados empujados por el hambre, la guerra o el clima contra el único muro que aún permanece en pie: el Egipto de Ramses III.

 

Uno de los grandes desafíos de la ficción hiperdocumentada es evitar que la erudición asfixie el ritmo de la historia. Luis Villalón, curtido en el mundo griego antiguo y avalado por varios premios Hislibris, sortea este obstáculo con maestría. Fiel a su estilo, huye de los clichés del género para conjugar un profundo conocimiento histórico con la ironía y el dinamismo. A mi juicio, también acierta de pleno al estructurar el índice del libro bajo la atenta mirada de distintos dioses (el de la Tormenta, el del Mar, el de la Montaña...), marcando el implacable paso del tiempo desde «el Desastre» inicial. Las tramas, en apariencia historias sencillas de supervivencia, se sostienen sobre personajes de una enorme complejidad psicológica que evolucionan a golpe de tragedia. 

La ambientación de la novela bebe directamente de testimonios reales desgarradores que han sobrevivido milenios, como la carta de Ammurapi, último rey de Ugarit, pidiendo auxilio desesperado a Chipre mientras su mundo se hundía: «Mis ciudades fueron quemadas, y los invasores cometieron infamias en mi país [...] El país ha quedado abandonado a su suerte».

 

El punto más brillante de Fuego y bronce es su capacidad de inmersión. El trabajo de documentación es titánico, pero fluye de manera orgánica. Además, la cuidada edición de Desperta Ferro eleva la experiencia a otro nivel: el dramatis personae, los mapas a todo color, el glosario, la guía de topónimos y, muy especialmente, el posfacio histórico a cargo del especialista Jordi Vidal Palomino, convierten el libro en un artefacto cultural completísimo. Por buscarle un contrapeso, la inmensa escala del relato y la avalancha de topónimos antiguos y gentilicios en los primeros compases pueden abrumar ligeramente al lector casual que busque una lectura ligera. Exige atención, pero la recompensa visual y emocional para quien acepta el reto es inmensa.


Ambiciosa, vibrante y brutalmente realista, esta epopeya de Luis Villalón demuestra que la historia antigua y la buena literatura están condenadas a entenderse. Fuego y bronce no solo atrapa y entretiene, sino que nos obliga a saborear el polvo de un mundo al borde del abismo, transformando el mito de los pueblos del mar en un relato humano y tangible. 




Susana D.