Sinopsis: Se han perseguido y acuchillado en las Alpujarras y en Lepanto, han perdido por culpa del otro a los que amaban, se han infligido heridas demasiado profundas como para que cicatricen… Sí, José de Monteagudo y Mehmet al-Rumi tienen motivos más que sobrados para odiarse y para buscarse, como imanes de rencor. Pero ambos son piezas en un juego más grande, mucho más grande: el que enzarza a los dos mayores imperios de la tierra, la España de Felipe II y el Imperio otomano de Selim II, y que hace bullir el Mediterráneo de galeras, corsarios, renegados y espías.
En Tu sangre en mis manos, segunda parte de la saga que arrancó con Hasta que pueda matarte, nos adentramos en esas dos pugnas paralelas, la de los hombres y la de los imperios, obsesionados unos en acabar con los otros. Las intrigas del harén del sultán en Constantinopla y las escaramuzas navales en Modón y Navarino; los espías, las conjuras, las batallas y los duelos que se suceden de modo trepidante; hombres y mujeres que son llevados al límite. Y, a su alrededor, toda una constelación de grandes personajes, retratados en su tiempo y sus pasiones: el joven don Juan de Austria y el imbatible Álvaro de Bazán, el astuto corsario Ulug Alí y Nurbanu, la favorita del sultán, el intrigante banquero sefardí José Nasí y la misteriosa espía veneciana Angela Dominica… Y todo con el nervio narrativo y la carga humana de un maestro de la novela histórica, José Soto Chica.
La trama se desarrolla en
1572, justo tras la emblemática Batalla de Lepanto (1571), un hito que alteró
el equilibrio en las guerras entre la Liga Santa —aliada de España, Venecia y
el Papado— y el Imperio otomano. Tu sangre en mis manos continúa la saga
sirviéndose de la desconocida jornada de Navarino para situar la acción. El
autor sigue centrándose en el antagonismo visceral entre José de Monteagudo, un
soldado español marcado por el trauma, y Mehmet al-Rumi, un jenízaro otomano
impulsado por la venganza. Ambos, supervivientes de enfrentamientos previos en
las Alpujarras y Lepanto, se persiguen mutuamente en un ciclo de sangre y
rencor que trasciende lo personal para entrelazarse con las maquinaciones de
dos imperios rivales: la España de Felipe II y el otomano de Selim II.
Todo comienza en Dillenburg, ciudad natal de Guillermo de Orange. Mehmet al-Rumi llega desde Constantinopla, comisionado por el banquero sefardí José Nasí y el gran visir Sokullu Mehmet Pachá, con la misión de negociar con el Taciturno un pacto que involucre también a otros actores europeos, obligando así a España a dispersar sus recursos en varios escenarios de guerra. De manera clandestina, el financiero sefardí y el gran visir otomano urden un acuerdo con Venecia sin el conocimiento de Selim II ni del Kapudan Pachá al mando de la armada turca, buscando que la República Serenísima se retire de la Liga Santa y evite que don Juan de Austria logre un triunfo rotundo contra los otomanos en los Dardanelos. Sin embargo, un agente de Felipe II desentrañará el complot, dando caza a una emisaria veneciana que transporta una evidencia de las intenciones turcas, cuyas embarcaciones naufragan en las costas de Mani. Es en ese momento cuando José de Monteagudo y Mehmet al-Rumi se reencuentran, después de lo sucedido en Lepanto.
La novela está estructurada en dos partes implícitas: la primera, una explosión de acción en la citada península de Maní, transforma una escaramuza menor en una epopeya apoteósica, con combates descritos con un ritmo endiablado y una visualidad casi cinematográfica. La segunda, algo más reflexiva, gira en torno a las secuelas de Lepanto, con conjuras en Constantinopla, traiciones venecianas y duelos navales que llevan a los personajes al límite físico y emocional. El autor no escatima en detalles históricos: desde las intrigas de la Serenísima República hasta las dinámicas de poder en la corte otomana bajo Selim II, todo está respaldado por una documentación sólida que, como es habitual en Soto Chica, no lastra la narración sino que la enriquece, y de qué manera.
Pero si salgo mueve a esta historia es el rencor entre sus protagonistas que actúa como catalizador de la novela, equilibrado por el amor, encarnado en figuras como María la Bailaora, que recuerda cómo las pasiones pueden redimir o aniquilar. La alternancia de perspectivas entre bandos genera tensión constante, evitando simplificaciones, aquí, los personajes son complejos, forjados por su tiempo. José de Monteagudo y Mehmet al-Rumi forman un dúo magnético, unidos por un odio que los define. Entre los históricos destacan Álvaro de Bazán, el almirante invicto con su imponente montante; Don Juan de Austria, el joven bastardo de Carlos V, retratado en sus ambiciones de juventud; Ulug Alí, el corsario sagaz; y Nurbanu, la influyente favorita del sultán. Ninguno de ellos son meros adornos, Soto Chica les infunde profundidad, explorando demonios internos, lealtades fracturadas y decisiones trascendentales.
La novela se enriquece con la incorporación de una nota histórica al final, complementada por un posfacio del experto en el periodo Hugo A. Cañete, que aclara los hechos reales y las licencias literarias, haciendo de ella un puente ideal entre historia y ficción. Así pues, José Soto Chica ha escrito una obra entretenida, y muy bien documentada, que no solo nos permite conocer una época olvidada del Mediterráneo post-Lepanto, sino que nos obliga a reflexionar sobre las pasiones eternas del ser humano. Si disfrutaste de Hasta que pueda matarte, esta secuela te dejará sin aliento.







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