27 de julio de 2026

Las mujeres que gobernaron el mundo - Elizabeth Norton

Fecha de edición: marzo 2.026
Editorial: Pasado & Presente
Páginas: 480
Precio: 29 €
Género: Ensayo histórico

Sinopsis: Una historia mundial de las mujeres que han reinado a lo largo de toda la historia. El relato de cinco mil años de poder femenino. 

Desde Merneit de Egipto hasta Isabel II del Reino Unido, pasando por Isabel I de Castilla, las reinas de la lluvia de los lobedus, la emperatriz Wu o las ocho emperatrices del Japón, la historia está repleta de ejemplos de mujeres que lucharon contra los límites que les imponía una sociedad patriarcal y consiguieron (con mayor o menor fortuna) prevalecer y reinar por derecho propio en todo el mundo. Este es el relato de sus victorias, sus derrotas, sus sacrificios y su ejemplo.




OPINIÓN

A lo largo de los siglos, la figura de la reina ha sido vista a menudo como una anomalía, un accidente dinástico o, en el peor de los casos, un mal menor ante la falta de un heredero varón. La historia tradicional, escrita mayoritariamente por hombres, ha tendido a relegar a estas mujeres al papel de consortes, regentes temporales o peones matrimoniales. Sin embargo, con Las mujeres que gobernaron el mundo, la historiadora Elizabeth Norton, de la mano del siempre riguroso sello Pasado & Presente, da un golpe sobre la mesa para analizar a aquellas que ostentaron la soberanía por derecho propio. 

Lo primero que conviene señalar es que no estamos ante un simple catálogo biográfico. Fiel a su prestigio como investigadora —especialmente reconocida por sus trabajos sobre la época Tudor—, Norton nos entrega un ensayo que abarca cinco milenios de historia global para desentrañar qué significaba realmente tener el poder absoluto en manos femeninas.

Uno de los aspectos más llamativos de la obra lo he encontrado en su estructura. En lugar de optar por un orden estrictamente cronológico o geográfico, que habría convertido el texto en una enciclopedia previsible, la autora organiza los doce capítulos de forma temática. Bajo epígrafes como «El problema del pariente varón», «Reinas niñas» o «Reinas guerreras», la autora agrupa a monarcas de épocas y latitudes radicalmente distintas. Aunque en un primer momento este enfoque pueda desconcertar al lector —al saltar del Antiguo Egipto de Hatshepsut a la Rusia de Catalina II, o de la China de Wu Zetian a la Inglaterra de Isabel I—, pronto se revela como el mayor acierto del ensayo. Esta perspectiva comparada permite trazar paralelismos fascinantes y demuestra una verdad incómoda: sin importar la cultura, la religión o el milenio, las mujeres en el poder se enfrentaron exactamente a los mismos prejuicios estructurales. 

El libro disecciona con precisión quirúrgica cómo las gobernantes tenían que justificar constantemente su legitimidad. Si un rey varón heredaba la corona sin grandes cuestionamientos, una mujer debía trabajar el doble para demostrar su valía, a menudo bajo la constante amenaza de parientes masculinos dispuestos a usurpar el trono, sin importar lo mediocres que estos fueran política o militarmente. 

Norton huye de los mitos y las leyendas romantizadas. Nos muestra a mujeres pragmáticas, con motivaciones a veces muy distintas a las de sus homólogos masculinos, pero igualmente capaces de repeler invasiones, tejer alianzas y gobernar con éxito. Desde figuras universalmente célebres como Cleopatra, hasta reinas menos mediáticas pero fascinantes, como las ocho emperatrices reinantes de Japón, las candaces de Kush o la cacica mexica Tecuichpotzin. 

Otro de los análisis más reveladores es el que trata el impacto del colonialismo europeo en las soberanías femeninas. Norton dedica el último tercio del libro a documentar cómo la expansión imperial no solo conquistó territorios, sino que desmanteló activamente sociedades matriarcales o naciones lideradas por mujeres que eran plenamente independientes. Los casos de Lili‘uokalani en Hawái, las nababs begunes de Bhopal o las reinas de la lluvia de los lobedus son un testimonio demoledor de cómo la imposición de los valores occidentales supuso, en muchos rincones del mundo, un retroceso letal para el poder femenino. 

Las mujeres que gobernaron el mundo es una obra monumental por su alcance y brillante por su ejecución. Elizabeth Norton logra el siempre difícil equilibrio entre una investigación académica meticulosa y una narrativa envolvente que no decae en sus casi cinco mil años de recorrido histórico. Lejos de victimizar a sus protagonistas, la autora les devuelve su verdadera agencia política, demostrando que el gobierno femenino no fue una anomalía decorativa, sino una lucha constante por la supervivencia en un tablero diseñado para que perdieran. Una delicia de libro. 




Susana D.

23 de julio de 2026

Por el ojo de una aguja - Peter Brown

Fecha de edición: 2.016
Editorial: Acantilado
Páginas: 1232
Precio: 48 €
Género: Ensayo histórico

Sinopsis: Como un maestro en el arte del mosaico, Peter Brown reúne una inmensa variedad de fuentes para ofrecernos una recreación vívida y colorida de un momento histórico extraordinario: la desaparición de la cosmovisión antigua y el nacimiento de la cristiana, que, al cabo de los siglos, dominaría en Occidente. Por el ojo de una aguja describe cómo terminaron en poder de la Iglesia las inmensas riquezas de unas pocas familias privilegiadas, y traza la historia de la creación del Occidente postimperial y de la Europa del Medioevo. A través de los textos de Agustín, Ambrosio y Jerónimo, el historiador analiza la paulatina inuencia de ideas como la renuncia a la riqueza, la virtud de la pobreza, la limosna o la caridad, que fueron popularizándose entre los estamentos más modestos del Imperio en crisis hasta desbancar a las antiguas formas de lantropía tan arraigadas en el mundo romano.


OPINIÓN

La gran paradoja del ocaso de la pars occidentalis romana no reside en el colapso de sus fronteras, sino en cómo una religión fundamentada en el rechazo explícito de los bienes mundanos terminó heredando, de forma lenta y sistemática, las inmensas riquezas temporales de Roma. Mi primer acercamiento a la erudición de Peter Brown fue a través de su magnífico ensayo El mundo de la Antigüedad Tardía, una lectura tras la cual me quedó la ineludible cuenta pendiente de enfrentarme a su obra magna. Por el ojo de una aguja salda esa deuda con una brillantez arrolladora. En este monumental fresco, el historiador irlandés derriba por completo el mito del «giro constantiniano» —la falsa creencia de que el Imperio cristianizó y enriqueció a la Iglesia de la noche a la mañana— para presentarnos una transición gradual, repleta de tensiones terrenales y de una profunda reescritura de la moralidad del dinero. 

Bajo el exquisito cuidado editorial de Acantilado, Brown aparca las viejas tesis sobre el fin de la Antigüedad y utiliza el problema de la riqueza como un auténtico estetoscopio clínico para auscultar los órganos internos de una sociedad en metamorfosis, explorando las costuras financieras que unieron la caída del mundo clásico con la construcción de la Europa medieval.

El ensayo disecciona magistralmente el choque paulatino entre dos modelos económicos. Por un lado, el clásico evergetismo pagano, donde las élites invertían grandes fortunas en el circo, el teatro y la arquitectura monumental para cimentar su estatus ciudadano. Por otro, el nuevo paradigma de caridad cristiana, que desvió esa inmensa liquidez hacia una «economía sagrada» articulada en torno a la figura del pobre. Sin embargo, Brown demuestra que este trasvase de fondos estuvo lejos de ser pacífico o unánime. Los laicos adinerados que deseaban legar su patrimonio a la Iglesia se enfrentaban a la feroz oposición de sus propias familias, que veían amenazado su linaje. Dado que el aparato legal romano dificultaba ceder herencias a instituciones abstractas, las élites tuvieron que recurrir a la astuta fórmula de nombrar al obispo local como perceptor directo en sus testamentos, sentando las bases de una inaudita acumulación de capital. 

A medida que la superestructura del Estado se resquebrajaba entre los siglos V y VI, el complejo entramado social romano colapsó. La sociedad perdió sus ricas escalas intermedias y derivó en un ecosistema brutalmente binario: los que lo tenían todo y los que no tenían nada. En este escenario de crisis, gigantes del pensamiento como Agustín de Hipona, Ambrosio de Milán o Paulino de Nola actuaron no solo como guías teológicos, sino como pragmáticos recaudadores y banqueros de la salvación. Resulta fascinante comprobar cómo, contrariamente a lo que se suele pensar, la progresiva separación del clero como una casta intocable e inmaculada no fue una imposición de la propia Iglesia, sino una exigencia de los laicos. Eran las congregaciones quienes demandaban administradores moralmente puros e incorruptibles para gestionar una riqueza que ahora estaba, en palabras del autor, «impregnada de expectativas de eternidad». 

El gran acierto de Brown radica en desmitificar el papel protector del poder imperial. El ensayo demuestra con firmeza que los emperadores no colmaron de riquezas a las diócesis de forma inmediata. De hecho, el cristianismo que surgió victorioso en el siglo VI no triunfó por gozar del músculo coercitivo del Imperio, sino por su enorme capacidad para adaptarse al colapso histórico: supo reconvertir el gasto público en limosna institucionalizada, alzándose como el último refugio financiero, social y administrativo de Occidente frente al caos. 

Para finalizar, solo diré que Por el ojo de una aguja trasciende el mero análisis del mundo tardorromano para ofrecer una lección magistral sobre la capacidad de mutación de las instituciones frente a los abismos de la historia. Apoyado en un equilibrio moral impecable y libre de los habituales clichés historiográficos, Peter Brown firma una obra colosal. Una obra maestra, que se ha convertido en el texto de referencia para cualquiera que busque comprender, sin dogmas ni atajos, la construcción económica y sociológica de nuestra civilización.

 


Andrés CM

20 de julio de 2026

Entre dos fuegos - Christopher Buehlman

Fecha de edición: enero 2.026
Editorial: Oz Editorial
Páginas: 432
Precio: 21,95 €
Género: Terror medieval

Sinopsis: Año 1348. Thomas, un caballero caído en desgracia, encuentra a una niña sola en un pueblo normando arrasado. Huérfana de la peste negra, Delphine le cuenta a Thomas que la peste es solo parte de un cataclismo mayor: los ángeles caídos, con Lucifer al frente, se están levantando en una segunda guerra contra el cielo y el mundo de los hombres está atrapado en el conflicto. ¿Es delirio o es fe? 

La niña cree que ve a los ángeles de Dios y que los muertos le hablan en sueños. Así, convence a Thomas para que la escolte a través de un paisaje desolado hasta Aviñón, donde Delphine intentará enfrentarse al mal que ha devastado la tierra y devolver a Thomas la esperanza de salvación. 

Mientras el infierno desata su ira y se revela la verdadera naturaleza de la muchacha, Thomas transitará por un macabro campo de batalla de ángeles y demonios, santos y muertos resucitados, en medio de una lucha desesperada por el alma del ser humano.


OPINIÓN

La Francia de 1348 no es un mero escenario; es un cadáver pudriéndose a la intemperie. Con Entre dos fuegos, el escritor estadounidense Christopher Buehlman orquesta una monumental pesadilla que redefine los márgenes de la fantasía oscura. Lejos de la épica tradicional o de un mundo medieval aderezado con violencia, la obra, publicada en español por Oz Editorial, sumerge al lector en un auténtico y desolador escenario posapocalíptico. Con dos tercios de la población diezmados por la Peste Negra y el cielo nocturno cruzado por cometas de mal agüero, el barro, el hambre y el miedo se convierten en el lienzo sobre el que se libra el auténtico fin de los tiempos. 

El cuerpo central de la novela destaca por una ambientación asfixiante que no escatima en la crudeza de la muerte negra: un mundo donde los supervivientes devoran a sus bestias de carga, el canibalismo es una tentación real y los sanos se encierran a cal y canto, aterrorizados ante cualquier forastero. Sin embargo, la premisa da un giro magistral hacia el horror teológico al revelar que la civilización no se desmorona solo por la enfermedad. La plaga es, en realidad, el síntoma físico de una segunda guerra en los cielos. Los ángeles caídos han retomado las armas bajo el mando de Lucifer, pero al carecer del don divino de engendrar vida, se dedican a corromper la creación. Buehlman diseña un bestiario macabro donde entidades demoníacas animan la carne muerta y deforman la naturaleza, llenando la noche de abominaciones salidas del mismísimo infierno. El plano terrenal ha mutado en un campo de batalla donde la población civil sirve únicamente como pasto en el fuego cruzado celestial.


En el centro de esta vorágine, la narrativa se estructura como una angustiosa peregrinación de supervivencia que arranca cuando Thomas, un caballero caído en desgracia, excomulgado y herido en la histórica batalla de Crécy, salva a una joven de ser asaltada por un grupo de bandidos del que es miembro. Ella es Delphine, una huérfana capaz de ver a las huestes celestiales, y que asegura tener el mandato divino de llegar hasta Aviñón para frenar el mal absoluto. A este dúo se suma el padre Matthieu, un clérigo atormentado que completa un peculiar triángulo protagonista.


A lo largo de un viaje plagado de horrores desde un París poseído por demonios hasta el sur de Francia, la novela brilla en el desarrollo orgánico de la confianza entre los tres. La dinámica entre la inocencia profética de la niña, el pragmatismo despiadado pero protector del guerrero y la fe tambaleante del sacerdote vertebra una historia donde, a pesar de la brutalidad que les rodea, todavía quedan destellos de bondad. 

El estilo de Buehlman es tan lírico como salvaje. La obra fusiona el rigor histórico de la Guerra de los Cien Años con un terror psicológico de primer nivel, apoyándose enormemente en el poder de la sugestión antes de desatar la violencia gráfica. Otro gran triunfo del autor radica en la deconstrucción que hace de la pandemia y de la religión; la enfermedad ejerce como una densa cortina de humo que encubre la auténtica carnicería cósmica, degradando al ser humano a la categoría de mero daño colateral en el choque definitivo entre el Cielo y el Infierno. 

En suma, quien se acerque a las páginas de Entre dos fuegos encontrará una de las propuestas más absorbentes y originales que ha dado el terror de tintes históricos en los últimos años. Al hibridar la miseria terrenal de la Europa del siglo XIV con la desmesura macabra de la mitología bíblica, Christopher Buehlman firma una obra maestra de la fantasía oscura. 




Susana D.