12 de octubre de 2026

¿Qué vimos en septiembre?

Septiembre nos ha dejado una cosecha audiovisual  marcada por la revisión de grandes hitos históricos, la deconstrucción de mitos populares y el regreso a universos de ficción consagrados desde perspectivas completamente renovadas.

En el terreno cinematográfico, la tensión se trasladó a los despachos con Tiempo de victoria, un absorbente thriller bélico que aborda con gran destreza narrativa el dilema meteorológico previo al desembarco de Normandía. Como contrapunto de género, Backrooms llevó a la gran pantalla el fenómeno de internet sobre los espacios liminales, forjando una atmósfera profundamente asfixiante a partir de la banalidad arquitectónica.

Por su parte, la ficción seriada encontró su mayor virtud en la expansión de franquicias conocidas. El caballero de los Siete Reinos aportó una mirada íntima, sobria y terrenal al mundo de Poniente, despojándose de artificios para centrarse en el honor y la camaradería. En clave de comedia y ciencia ficción, Stuart no consigue salvar el universo reubicó con ingenio a los excéntricos secundarios de The Big Bang Theory en una atípica aventura interdimensional. Finalmente, el formato documental entregó dos piezas sobresalientes: el conmovedor relevo generacional y de memoria histórica plasmado en Band of Brothers: Legacy, y el riguroso estudio sobre los orígenes del amarillismo periodístico victoriano que articula Jack el destripador: Escrito en sangre.

A continuación, el análisis detallado de la selección mensual.


Películas


Tiempo de victoria ★★★★✰ Adaptada de la pieza teatral de David Haig por el director Anthony Maras (Hotel Mumbai), la película aborda las horas previas al Día D desde un ángulo tan atípico como apasionante: el dilema meteorológico que determinó la ejecución de la Operación Overlord. Lejos del frente de batalla, la narración encierra la tensión en una claustrofóbica sala de mando donde el meteorólogo británico James Stagg (un soberbio Andrew Scott) y su homólogo estadounidense Irving Krick (Chris Messina) chocan frontalmente a la hora de predecir el clima en Normandía. Maras demuestra un pulso narrativo ejemplar al transformar los partes de presión atmosférica en un absorbente thriller de despachos, sosteniendo un ritmo modélico que mantiene en vilo al espectador pese a ser un pasaje histórico ampliamente conocido.

El gran valor de la cinta reside en la profunda humanización del alto mando y en la solvencia de un reparto en estado de gracia. Brendan Fraser firma un trabajo conmovedor como un atribulado pero firme Eisenhower, sobre cuya conciencia pesa el destino de miles de vidas, bien respaldado por un arrogante Damian Lewis como el general Montgomery y por Kerry Condon aportando serenidad al conjunto. Con menciones oportunas a episodios sombríos como la tragedia de la Operación Tigre, la propuesta entrelaza la precisión científica con la inmensa carga moral de la toma de decisiones. Una obra de factura clásica, ejecución impecable y notable rigor que logra enganchar con maestría de principio a fin.


Backrooms ★★★✰✰ El salto del fenómeno viral de internet al largometraje de la mano de Kane Parsons se consolida como un estimulante ejercicio de terror atmosférico alejado del jumpscare facilón y los clichés habituales del género. La propuesta prescinde de efectismos para confiar el miedo al peso insidioso de un entorno liminal que simplemente no debería existir: paredes amarillentas, el zumbido incesante de los fluorescentes y una arquitectura errática que simula un fallo en el propio código de la realidad. Gracias a una puesta en escena y un diseño de sonido tremendamente desorientadores, la cinta atrapa al espectador en una angustia donde el verdadero pavor no reside en la presencia de una amenaza concreta, sino en la imposibilidad absoluta de escapar.

Sin embargo, el relato tambalea cuando siente la necesidad de explicarse. El guion comete el error de intentar dotar de lógica y trasfondo narrativo a un mito cuya mayor virtud radicaba precisamente en el vacío y en su naturaleza incomprensible; cuanto más procura justificar el origen de la pesadilla, más se diluye la tensión. A pesar de un ritmo por momentos irregular, la película logra algo al alcance de muy pocas producciones recientes: transformar la arquitectura cotidiana de cualquier pasillo u oficina en una experiencia profundamente inquietante al terminar su visionado.


Band of brothers. Legacy ★★★★½ A un cuarto de siglo del estreno de la aclamada miniserie de HBO, este documental conmemorativo propone una mirada profunda y emotiva sobre el impacto cultural de la Compañía Easy. Con la totalidad de los integrantes originales de la mítica unidad ya fallecidos, la cinta cobra una dimensión casi testamentaria al indagar en cómo la obra impulsada por Steven Spielberg y Tom Hanks redefinió los estándares de la ficción bélica. A través de conversaciones con el reparto, reflexiones de historiadores y testimonios de sus descendientes, la pieza examina la enorme responsabilidad de trasladar vivencias reales a la pantalla sin caer en la glorificación ni en el melodrama artificial.

Lo más destacado del documental se concentra en su capacidad para reflexionar sobre la memoria colectiva y el relevo generacional. Resulta especialmente conmovedor comprobar cómo gran parte de los actores que encarnaron a estos soldados expresan una profunda deuda moral hacia ellos, asumiendo el compromiso vital de seguir custodiando y transmitiendo su legado. Con un montaje elegante que rescata metraje inédito del rodaje, cartas personales y contexto histórico, la propuesta se consolida como un homenaje imprescindible que honra a los combatientes y reafirma el poder de esta joya televisiva como herramienta clave de preservación histórica.



Series



El caballero de los Siete Reinos ★★★★★(Temporada 1) Teníamos pendiente el visionado desde su aclamado estreno a principios de año y la serie no decepciona en absoluto, cumpliendo con creces las altas expectativas. Esta nueva incursión en la mitología de Poniente ofrece una perspectiva completamente renovada de la franquicia: no se parece a Juego de tronos ni le hace la menor falta. Desmarcándose de las intrigas palaciegas asfixiantes y de la pirotecnia de grandes batallas o dragones digitales, la narración se asienta en una escala mucho más humana y terrenal para articular una conmovedora historia sobre la fe, la camaradería y la crudeza de la vida.

El reparto está sensacional, y logra sumergir de lleno al espectador en este universo desde un prisma totalmente inédito. La química entre Peter Claffey y Dexter Sol Ansell, como Dunk y Egg, dota a la relación entre el caballero andante y su joven escudero de un dinamismo y una calidez desarmantes, retratando la dureza del camino y los dilemas del honor con una sobriedad impecable. Una obra brillante que rescata la esencia más pura de la fantasía clásica y que se consolida como la propuesta idónea para recuperar la fe en los Siete Reinos —o eran nueve—.


Stuart no consigue salvar el universo  ★★★½✰ (Temporada 1)  El aliciente conceptual de situar a los emblemáticos secundarios de The Big Bang Theory —encabezados con acierto por Kevin Sussman, Lauren Lapkus, Brian Posehn y John Ross Bowie— en el centro de una rocambolesca trama de viajes interdimensionales resulta innegablemente sugerente y refrescante. No estamos ante un simple ejercicio de nostalgia barata, la producción logra conjugar la comedia de situación con dinámicas de ciencia ficción límite, integrando los cameos del reparto original dentro de una lógica narrativa con sentido. Destaca especialmente la complicidad del cuarteto protagonista, que funciona como un engranaje coral muy bien engrasado, arropado por unos estimulantes títulos de crédito y una estética vistosa.

Pese a la efectividad de su premisa, la temporada acusa cierta desigualdad en el nivel de sus episodios, recurriendo en momentos puntuales a un humor fácil de trazo grueso que desluce el ingenio del guion. Sin embargo, estos altibajos no empañan el encanto de una propuesta que sabe exprimir la excentricidad de sus entrañables personajes para ofrecer un entretenimiento transgresor, ligero y genuinamente divertido. Una primera entrega que, sin alcanzar cotas memorables, deja un balance francamente positivo y ganas de reencontrarse con este grupo de marginados en una futura continuación.

Jack el destripador. Escrito en sangre ★★★★✰ (Docuserie) Estrenada a finales de agosto en Canal HISTORIA, esta miniserie documental de tres episodios aborda el mito de Whitechapel desde una perspectiva tan audaz como reveladora: la hipótesis de que el apodo y la leyenda del monstruo no nacieron en las pesquisas de Scotland Yard, sino en la redacción del periódico sensacionalista The Star. La propuesta analiza con brillantez el papel del reportero Fred Best y de una prensa obsesionada con multiplicar las ventas durante el convulso otoño de 1888, fabricando cartas fraudulentas, pistas falsas y titulares incendiarios que sentaron las bases del periodismo amarillista moderno.

Para estructurar su relato, la producción recurre con eficacia a la fórmula de intercalar dramatizaciones de ficción interpretadas por actores con las lúcidas intervenciones de historiadores, periodistas y expertos en la materia. Esta cuidada combinación no solo permite recrear la atmósfera asfixiante del Londres victoriano, sino también profundizar en cómo aquella histeria colectiva orquestada por los medios entorpeció la investigación policial, anteponiendo el negocio editorial a la resolución de los crímenes. El resultado es un ejercicio divulgativo sobrio y sumamente entretenido que demuestra hasta qué punto el mito más célebre de la criminología fue una macabra construcción mediática.



Andrés y Susana

8 de octubre de 2026

Innocentia - Juan Tranche

Fecha de edición: junio 2.026
Editorial: Planeta
Páginas: 448
Precio: 22,90 €
Género: Novela histórica

Sinopsis: Año 222 d. C. En la provincia bética de la Hispania romana, varias niñas desaparecen sin dejar rastro. Nadie investiga. Nadie responde. 

El miedo comienza a extenderse entre las familias mientras, de manera inexplicable, las autoridades miran hacia otro lado. 

Marciano Tauro, antiguo centurión retirado en Augusta Emerita, solo quiere enterrar su pasado. Pero cuando la sobrina de un viejo compañero se convierte en la siguiente víctima, comprende que no puede permanecer al margen. Junto a su esposa, Domicia, y a un joven huérfano, iniciará una investigación que destapará una red de trata de menores, corrupción y ambiciones políticas que conducen al corazón mismo del Imperio.



OPINIÓN

Para quienes nos acercamos por primera vez a la narrativa de Juan Tranche, Innocentia (Editorial Planeta) resulta una carta de presentación abrumadora; para sus lectores habituales, la obra consuma un notable viraje estilístico. Atrás queda la épica de la arena gladiatoria para adentrarse en los códigos del thriller histórico más sombrío. 

Ambientada en la provincia de la Bética en el año 222 d. C. —un momento de profunda inestabilidad política bajo la alargada sombra de la dinastía de los Severos—, la novela propone un descenso a las cloacas del Imperio. A través de una geografía minuciosamente recreada que abarca desde la actual Alcalá la Real (Sucaelo) hasta Hispalis y Gades —enriquecida en la edición por un ilustrativo mapa de la Bética romana obra de Carlos de Miguel, creador del podcast El Ocaso de Roma, que traslada la toponimia clásica a su correspondencia contemporánea—, el autor transforma la Hispania romana en un tablero donde la corrupción institucional lo enfanga todo.

El motor narrativo arranca con una premisa tan brutal como históricamente plausible: la desaparición sistemática de niñas en la impunidad de la noche, ante la calculada inacción de las magistraturas locales. Este vacío de poder obliga a intervenir a Marciano Tauro, un antiguo soldado traumatizado que se oculta en la provincia huyendo de las represalias de la poderosa Julia Maesa —exponente de ese fascinante grupo de princesas sirias que sostuvieron con mano firme las riendas de Roma desde la sombra—. Lo que comienza como una indagación personal, movida por los lazos de lealtad hacia la familia de un antiguo camarada, muta rápidamente en la disección de una vasta red de trata de menores. Tranche subraya aquí el abismal contraste espacial y moral entre el lujo ostentoso de las élites provinciales y la miseria de quienes el Estado considera prescindibles. 

Si por algo brilla la novela, es por su rigor histórico, que marida a la perfección con la prosa del autor, integrando la erudición pero sin caer en ningún momento en el didactismo enciclopédico. La legislación, las dinámicas clientelares y la crisis institucional del siglo III afloran de manera orgánica, subordinadas siempre a las necesidades de la trama. A través de esta inmersión, el relato plantea dilemas de hondo calado ético. Al perfilar a los antagonistas, la narración contrapone la maldad absoluta de figuras como Aquilio frente a los matices psicológicos de otros victimarios —como Orbiana o Foedus—, forzando al lector a preguntarse si los verdugos nacen como tales o son el producto inevitable de una sociedad fundamentada en la explotación extrema y la decadencia.

En el plano de la arquitectura de personajes, Innocentia sortea el arquetipo del investigador solitario para articular una trama coral donde la agencia femenina resulta determinante. Lejos de limitarse a un rol subsidiario, Domicia emerge como el contrapeso intelectual de Tauro, navegando con astucia las rigideces del patriarcado romano. A ella se suman personajes como Elia o Plautia, quienes, junto al huérfano Expósito, vertebran la carga emocional del relato. Fiel a la crudeza del tema central, el autor no edulcora la realidad de las víctimas; plasma pasajes de una dureza sobrecogedora, pero elude el morbo gratuito para denunciar la violencia estructural del sistema. 

Formalmente, Tranche adopta la cadencia implacable de la novela negra contemporánea. Apoyado en capítulos breves y giros bien dosificados, el ritmo narrativo se supedita a la urgencia de la investigación. Si bien esta estructura acelerada exige ciertas concesiones a los engranajes mecánicos del thriller, el sólido anclaje histórico mantiene intacta la verosimilitud del conjunto. La obra demuestra que el rigor documental y la tensión narrativa no son excluyentes, lo que convierte a esta novela en una lectura tan entretenida como ilustrativa de la Hispania romana en el primer cuarto del siglo III, bajo el mandato de los Severos —o de las mujeres de su casa, si se me permite—.




Susana D.

5 de octubre de 2026

Ir a la guerra. Memorias desde el frente - Max Hastings

Fecha de edición: 2.026 
Editorial: Desperta Ferro
Páginas: 376
Precio: 26,95 €
Género: Memorias
Otros libros reseñados del autor: 

Sinopsis: Si sir Max Hastings es uno de los autores de historia militar contemporánea más aclamados es por su capacidad para descifrar y entender la guerra, en todos sus niveles. Una capacidad fruto de haber vivido como corresponsal de guerra los conflictos más importantes de la segunda mitad del siglo XX, desde Irlanda del Norte a Vietnam y desde Palestina a las Malvinas. En estas entretenidas, vertiginosas y a ratos hilarantes memorias que conforman el libro Ir a la guerra, Hastings despliega su maravillosa narrativa, esta vez en primera persona, para llevarnos desde sus ingenuos sueños románticos de una vida entre guerreros, frustrados por su fracaso sirviendo en el Regimiento de Paracaidistas, hasta ser el primer reportero en entrar en Puerto Stanley en las Malvinas, solo y por delante de la fuerza de desembarco británica, decidido a conseguir una exclusiva. 

Ir a la guerra. Memorias desde el frente es un relato vívido y chispeante, pero también desmitificador, de veinte años de periodismo en la línea de frente y esto no es un eufemismo: Hastings cuenta cómo huyó de Saigón en helicóptero desde la embajada estadounidense mientras la ciudad caía o cómo estuvo a punto de ser abatido a tiros por soldados turcos durante la invasión de Chipre. El Úlster, Vietnam, Biafra, Camboya, la Guerra del Yom Kippur, Rodesia, las Malvinas… la obra es un recorrido vital visceral e implacablemente honesto en el que el autor pasa de transcribir la historia a vivirla e incluso a arriesgar la vida para retratar la brutal realidad del combate moderno. Un testimonio directo y subjetivo que expone abiertamente la ambición por la primicia y las artimañas para ser el primero en dar la noticia, pero también la adicción a la adrenalina y el miedo paralizante, así como los dilemas morales que entraña informar acerca del dolor y de la muerte. Una obra maestra sobre periodismo de guerra.


OPINIÓN

Max Hastings es hoy un nombre habitual en la historiografía militar, pero antes de escribir sobre guerras ajenas tuvo que cubrirlas con una libreta en la mano. Ir a la guerra recoge esa etapa: los quince años que van de 1968 a 1982, desde los primeros pasos de un reportero joven, condicionado por el peso de una reputación familiar importante, hasta su consolidación como uno de los corresponsales más respetados de su generación. El resultado es un libro de memorias que se aparta del tono épico habitual del género.

La obra, de dieciséis capítulos, recorre los principales escenarios de la Guerra Fría: el Úlster, la guerra del Yom Kippur, las selvas de Camboya, Rodesia, la Angola de Jonas Savimbi y, con especial peso, Vietnam y las Malvinas. Hastings se presenta sin heroísmo alguno. Reconoce su miedo, admite que le faltaba valor físico y describe el pánico como una compañía constante del oficio. Esa franqueza es el rasgo más atractivo del libro, porque convierte al narrador en un testigo fiable de sus propias debilidades.

Las páginas dedicadas a Indochina son las más humanas. Allí el autor deja a un lado su cinismo británico y muestra una conmoción genuina ante el sufrimiento de la población local. En otros capítulos, como los de Rodesia o Angola, logra algo más difícil: separar su desprecio por ciertos actores políticos de la frialdad que exige el reportaje sobre el terreno. Informar sobre quien te desagrada sin deformar lo que ves es una disciplina que el libro ilustra con ejemplos concretos. 

El tramo final está dedicado a la campaña de las Malvinas de 1982. Es el bloque más extenso y probablemente el más memorable, con su famosa entrada en solitario en Puerto Argentino, adelantándose a las propias fuerzas de desembarco. La escena tiene algo de temeridad y algo de golpe de suerte periodística, y Hastings la cuenta sin presentarla como una gesta. 

Más allá de las campañas, lo más valioso del volumen es su retrato del oficio. El autor habla sin adornos de la adicción a la adrenalina, de la presión por conseguir la exclusiva, de los mecanismos de la censura militar y de la manera en que los informativos de televisión simplifican el combate hasta convertirlo en espectáculo. Frente a ese romanticismo de salón, defiende al soldado raso y contrapone la retórica aséptica de los despachos de mando a la torpeza y la sangre que muchas veces gobiernan el frente. Son pasajes que no envejecen, porque describen tensiones que siguen vigentes en la cobertura de cualquier conflicto actual.

Conviene señalar también sus límites. La estructura episódica favorece la anécdota sobre el análisis geopolítico, de modo que quien busque contexto estratégico y explicaciones de fondo tendrá que acudir a las obras históricas del propio Hastings, que cubren ese terreno con otro enfoque. A ello se suma una mirada claramente occidental y anglosajona. Esa perspectiva dota al texto de una enorme franqueza psicológica, pero también deja fuera otras voces y otros modos de entender los mismos hechos. No es un defecto menor, aunque es coherente con lo que el libro pretende ser: el testimonio personal de un corresponsal británico de su época, no una historia global de los conflictos que atravesó. 

Frente a la subjetividad febril de Despachos de guerra, de Michael Herr, el tono de Hastings resulta más sobrio y más escéptico. Donde Herr busca la inmersión alucinada, Hastings opta por la distancia irónica, y esa diferencia define el tipo de lector al que se dirige. Es una lectura muy recomendable para quien se interese por el periodismo de guerra, por la Guerra Fría vista desde el terreno o por la distancia entre el discurso oficial y la experiencia real del combate. 

Desperta Ferro Ediciones acierta al publicar estas memorias en español. Son un testimonio honesto, escrito con la perspectiva de las décadas, de cómo un joven periodista aprendió a desconfiar del mito bélico antes de dedicarse a contar la historia.



Andrés CM