13 de febrero de 2026

Sengoku Jidai - Danny Chaplin

Fecha de edición: noviembre 2.025
Editorial: Ático de los libros
Páginas: 792
Precio: 34,95 €
Género: Ensayo histórico

Sinopsis: El período Sengoku de Japón, conocido como el «período de los Estados Combatientes», fue una época de profunda crisis, guerra constante y cambio social entre los siglos XV y XVII. En esta época, ascendieron al poder samuráis procedentes de la clase militar rural, hombres violentos que se hicieron con el poder en un país asolado por la serie de guerras que llevarían a la unificación de Japón. 

En el centro de estos acontecimientos estuvieron Oda Nobunaga, Toyotomi Hideyoshi y Tokugawa Ieyasu. Danny Chaplin entrelaza por primera vez los relatos épicos de estas tres figuras clave en un volumen imprescindible que abarca todo el período Sengoku. Acompañaremos a estos grandes guerreros en sus batallas más importantes, desde Okehazama hasta los dos asedios del castillo de Osaka, pasando por la decisiva batalla de Sekigahara, y veremos también las estructuras políticas y administrativas de sus respectivos gobiernos, sin olvidarnos del papel de los occidentales y el cristianismo en la sociedad japonesa de principios de la Edad Moderna.

Sengoku Jidai nos traslada al momento más turbulento de Japón, cuando la nación se forja y nacen muchas de sus características actuales. Con relatos de heroísmo samurái que parecen sacados de la leyenda, batallas épicas y traiciones desgarradoras, esta es una historia en la que la realidad supera con mucho a la ficción.


OPINIÓN

Pocos períodos de la historia universal destilan tanto drama, ambición desmedida y grandeza trágica como el Sengoku Jidai, esa centuria de fuego y acero en la que Japón se desintegró en un mosaico de señoríos en guerra perpetua, solo para renacer, de sus propias cenizas, como la nación unificada que conocemos hoy. Lo que nos fascina no es únicamente el espectáculo de samuráis legendarios, ni las batallas que decidieron el destino de Japón —desde la sorpresa de Okehazama hasta la apoteosis de Sekigahara—, sino el puro drama humano que late en su fase final: tres hombres de orígenes humildes o inesperados, apodados «el Loco», «el Mono» y «el Tejón Viejo», que con ingenio, crueldad y una visión política casi sobrehumana lograron lo imposible. En su monumental Sengoku Jidai (Ático de los libros, 2025), Danny Chaplin entreteje por primera vez las trayectorias de Oda Nobunaga, Toyotomi Hideyoshi y Tokugawa Ieyasu en un tapiz exhaustivo y apasionante, demostrando que, en esta época, la realidad superó con creces cualquier ficción.

El libro comienza con un necesario —y muy bien escrito— panorama del Japón previo al caos del Ōnin (1467), y luego se lanza de lleno a los casi cien años de guerra civil. También ofrece un estudio exhaustivo del Período Azuchi-Momoyama (1568-1600), que abarca los reinados de Nobunaga y Hideyoshi, así como los años fundacionales del shogunato Tokugawa (1600-1616). Chaplin no se limita a la crónica militar. Describe con igual detalle la “caza de espadas” de Hideyoshi o el impacto de los arcabuces portugueses, como la obsesión japonesa por el té, las intrigas de los misioneros jesuitas y el papel de las mujeres en las alianzas dinásticas. Todo ello sin caer nunca en el academicismo árido. Chaplin tampoco se olvida de las maquinaciones políticas y los desarrollos culturales y religiosos más significativos del periodo.

Por otro lado, las batallas (Okehazama, Nagashino, Sekigahara, los asedios de Osaka) están narradas con una tensión cinematográfica, pero nunca pierde el rigor histórico. Cuando describe la emboscada en Honnō-ji o la espera paciente de Ieyasu en Sekigahara, uno siente el sudor, el barro y el olor a pólvora. Al mismo tiempo, el autor mantiene una distancia crítica admirable: no mitifica a ninguno de los tres. Nobunaga es genial y monstruoso; Hideyoshi, brillante y paranoico; Ieyasu, paciente hasta la crueldad. Los tres son humanos, ambiciosos y terriblemente eficaces. Llegado a este punto, tengo que señalar que me hubieran sido de gran ayuda los mapas o croquis de las grandes batallas.

En lo tocante a las debilidades de la obra, la verdad es que he encontrado muy pocas, y son las que más se repiten cuando nos topamos con un trabajo sobre la historia de Asia. El libro es denso, y hay listas de nombres de daimios, castillos, fechas y clanes que pueden abrumar al lector que no tenga ya cierto conocimiento del período. A veces, como he mencionado anteriormente, uno echa de menos un mapa más completo (solo hay uno) y alguna tabla cronológica. Es un libro exigente, si, pero también apasionante, riguroso y, en muchos momentos, simplemente espectacular. Además, Chaplin ofrece una completísima sección de bibliografía para profundizar todavía más si cabe en el tema. 

En síntesis, si buscas una experiencia integral para aprender sobre el complejo período de los Reinos Combatientes en Japón, no busques más. Danny Chaplin hace un trabajo admirable al ofrecer una introducción y un contexto, para más tarde detallar paso a paso el ascenso y caída de Oda Nobunaga y Toyotomi Hideyoshi, así como el triunfo definitivo de Tokugawa Ieyasu. Es el mejor punto de entrada al período Sengoku.



Andrés CM

11 de febrero de 2026

¿Qué vimos en enero?

El primer mes del año ya ha quedado atrás y, como es habitual, ha llegado el momento de hacer un repaso de todas las películas y series que ocuparon nuestro tiempo el pasado enero. Risas con comedias como la tercera entrega de Atasco y reflexiones profundas con dramas bélicos intensos. Una batalla tras otra nos habló de legados personales, Der Tiger de los abismos de la guerra terrestre, y con Los amos del aire saldamos una vieja cuenta que teníamos pendiente. Entre aviones y tanques, nos despedimos de vosotros.


Películas



Una batalla tras otra ★★✰ Paul Thomas Anderson regresa a las salas de cine con su versión de la novela Vineland (1990), escrita por Thomas Pynchon. El director norteamericano ha logrado impresionar a los expertos en críticas, creando unas expectativas que, por desgracia, no se cumplen una vez que termina la proyección. Creo que le falta un elemento esencial en este género de films: no despierta verdaderas emociones, o las que provoca parecen infantiles. La narrativa y el argumento, tal como los describen los críticos en sus análisis que he consultado, superan con creces lo que se ve en la pantalla. En resumen, ha sido una desilusión.

Der Tiger (El tanque) ★★★★ Buena película alemana, un drama bélico existencial que logra interesar desde el comienzo hasta el final, entreteniendo y finalmente sorprendiendo por la profundidad de los conceptos morales que presenta. Muy bien realizada e interpretada, se nos muestra un viaje a la locura de la tripulación de un Tiger por mor de las decisiones tomadas por su comandante durante la batalla de Stalingrado. Algunos detalles son de gran calidad. El interior del tanque (imagino que rodado en un estudio) es de 10. Los detalles de los casquillos, ruidos, visores, procedimientos, comunicaciones, etc. también son sobresalientes...no hay un film igual sobre cómo se combatía en un Tiger. En resumen, una gran película de tanques, estilo a Fury en realismo (excepto lo que todos ya sabéis de esa peli americana), y muy por encima de todas las rusas.

28 años después  Danny Boyle retoma la franquicia, aunque lo hace partiendo de un enfoque visual y argumental que resulta confuso y perturbador. Esta secuela, 28 años más tarde, representa un retorno infructuoso que abandona la aspereza y la carga sentimental de las películas anteriores, optando en cambio por un show desordenado, visualmente sobrecargado, con tonos inconsistentes y una trama deficiente. La puesta en escena parece fuera de contexto, y el filme no consigue mantener el suspense, la pasión ni la atención del público. Un completo fiasco.


Series



Los amos del aire  ★★★ (MiniserieExcelente serie de Apple TV producida por Steven Spielberg y Tom Hanks, que sigue la estela de las exitosas Hermanos de sangre y The Pacific, de echo no es atrevido decir que forman una trilogía. Los amos del aire narra la historia del 100º Grupo de Bombardeo de la 8.ª Fuerza Aérea de Estados Unidos y de los aviadores que la formaron parte de ella, siendo ante todo una fascinante historia humana que nos lleva a lo más profundo de las vivencias de los hombres que tripularon los bombarderos aliados que llevaron la guerra al corazón de la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial. En general la miniserie consigue lo que se propone, tanto al mostrar el funcionamiento de esa parte de la guerra -espectaculares las escenas aereas- como de dar una descripción creíble de los personajes y las situaciones. Un notable.

Atasco ★★★✰ (Temporadas 1-3) Si eres de series cortas que no se alarguen más de la cuenta, te gustará "Atasco". Una más de historias cruzadas sobre la sociedad actual, sí, pero que se puede ver en una tarde. Entretiene, hace reír e incluso plantea algún mensaje o reflexión adultas dentro de lo que es su género de comedia negra. Además, reconozco que no intuía el origen del embotellamiento, así que bravo por el guión. En resumen, bastante redonda, ya no solo por el resultado si también no por lo inesperado del jugo que han sacado de una propuesta tan arriesgada.

Pelayo. Más allá del límite ★★★✰ (Temporada 1) Esta docuserie captura de manera impecable el combate interno contra el tráfico de drogas, ofreciendo una perspectiva cotidiana de aquellos que arriesgan todo en una batalla incansable. Lo hace con un enfoque profundamente personal, revelando misiones que rara vez aparecen en otras producciones similares. Ni Pelayo, ni el operador de cámara, ni el resto del grupo se separan de las fuerzas armadas durante las intervenciones. Aunque se asume que Pelayo cuenta con trayectoria en estos temas, un aplauso para el camarógrafo y el equipo que responden al nivel de esas acciones, así como para la realización del filme, que se ha ensuciado las manos en el terreno y nos brinda una mirada auténtica sobre las operaciones del ejército colombiano, sin omitir nada ni optar por lo artificial o lo superficial.


Andrés y Susana

9 de febrero de 2026

Colina 112 - Adrian Goldsworthy

Fecha de edición: 2.025
Editorial: Edhasa
Páginas: 542
Precio: 26 €
Género: Novela histórica
Otro libro reseñado del autor:

Sinopsis: Se avecina el día D. Sin embargo, para tres jóvenes del Gales del Sur, la guerra apenas ha comenzado. James, que en el colegio era el capitán de críquet, ahora está al mando de una tropa de tanques Sherman. Mark, con tan sólo diecinueve años, debe liderar un pelotón de infantería de batalla. Y Bill, muchacho un tanto solitario, va a tener que sobrevivir como soldado raso en el corazón de la batalla. 

Son todavía casi unos niños, pero eso, en la guerra no importa. Están a punto de participar en uno de los episodios más sangrientos y brutales de toda la campaña de Normandía; en realidad, de toda la guerra: la batalla por la colina 112. 

Y es que ese día, el 6 de junio de 1944, el designio de la Segunda Guerra Mundial, y con ella el curso de la historia moderna, cambia para siempre. De momento, ellos aún no lo saben..., pero quienes sobrevivan a la matanza nunca volverán a ser los mismos.


OPINIÓN

Adrian Goldsworthy es uno de los historiadores más rigurosos de nuestro tiempo y autor de ensayos y biografías de referencia sobre la Antigüedad. De un tiempo a esta parte se ha estado prodigando en la ficción histórica con series como Napoleonic Wars y Vindolandia, protagonizada esta última por el centurión Flavio Ferox, ya con seis títulos. Debido a lo mucho que he disfrutado con algunos de sus libros, me lancé sin dudarlo a leer su nueva novela, publicada en español por Edhasa, Colina 112, su primera incursión en la Segunda Guerra Mundial, que ofrece un análisis convincente de la sangrienta invasión de Normandía. 

La historia arranca el 6 de junio de 1944. Tras años de soportar la embestida nazi, los Aliados finalmente están listos para iniciar su campaña para invadir la Francia. Pero para liberar Francia y a toda la Europa ocupada, los Aliados primero deben realizar un peligroso desembarco y enfrentarse a toda la fuerza del ejército alemán que los esperan decididas a repelerlos y hacerlos retroceder hasta el mar. En esta vorágine se verán inmersos tres jóvenes soldados, antiguos compañeros de instituto del sur de Gales —James, oficial de tanques; Mark, teniente de infantería; y Bill, soldado raso— que viven el Día D desde perspectivas muy distintas.

 

Pero la auténtica prueba comienza después, cuando los titulares ya han pasado y ellos se ven arrastrados hacia una de las batallas más olvidadas y sangrientas de la campaña de Normandía: la lucha por la Colina 112, un modesto promontorio que cambió de manos una docena de veces en apenas unas semanas y costó miles de vidas. Pronto ambos bandos se ven envueltos en una brutal batalla por la supervivencia. En medio de esto, James, Mark y Bill ven su coraje y suerte puestos a prueba como nunca antes al experimentar finalmente los horrores de la guerra y a los aparentemente invencibles alemanes.

 

Goldsworthy no narra la historia de la división, ni del batallón, ni siquiera de la operación donde combatieron los tres protagonistas. Narra la historia de las personas. Y lo hace con una honestidad que corta el aliento. No hay gestos grandilocuentes ni discursos patrióticos. Hay miedo que te hiela la sangre, humor negro que surge porque reír es la única forma de no romperse, camaradería que se forja en el barro y, de pronto, un obús que lo borra todo en un segundo. 

Otro gran logro del libro es su realismo sensorial. El lector huele el humo de los tanques incendiados, siente el peso del barro en las botas, percibe el hedor dulzón de los cuerpos que nadie puede recoger, oye el zumbido lejano de los aviones que quizá sean amigos… o no. Goldsworthy ha leído cientos de diarios, memorias e informes; cada detalle —desde el apodo “Ronson” que los tripulantes daban a sus Sherman hasta el terror paralizante de los setos normandos— está extraído de la experiencia real. Los tres protagonistas me han resultado extraordinarios en su normalidad. James, el capitán responsable; Mark, el oficial joven abrumado por la responsabilidad de enviar hombres a la muerte; Bill, el observador cínico que ve demasiadas veces lo absurdo que resulta el sistema pero sigue cumpliendo. Ninguno sale indemne. Al cerrar el libro, ninguno es ya el chico que desembarcó. 

La novela ronda las 550 páginas, pero nunca se siente larga. Al contrario: avanza con el ritmo implacable de una buena serie, con silencios que pesan más que las explosiones y con momentos de una intensidad devastadora. Hay un capítulo —no diré cuál— que pertenece al puñado de páginas más desgarradoras que he leído en ficción bélica. Los defectos son mínimos y casi anecdóticos: algún nombre secundario se confunde ocasionalmente (como ocurre en la vida real entre tantos Evans, Jones y Williams) y algún detalle técnico menor que solo notaría un especialista. 

En definitiva, Colina 112 es mucho más que una gran novela bélica; es una gran novela a secas. Se trata del libro que Goldsworthy llevaba años queriendo escribir sobre uno de los temas que más le obsesionan: qué hace la guerra con la gente corriente. Y lo ha conseguido con una maestría que deja sin aliento.



Andrés CM