La trama se inspira con fidelidad en un episodio real y poco conocido de la historia de la frontera norte de Nueva España. En agosto de 1775, el teniente coronel Hugo O’Conor fundó el Presidio de San Agustín del Tucson en la terraza oriental del río Santa Cruz, junto al poblado o’odham (pima) llamado Cuk Ṣon. Su propósito era defender las misiones franciscanas de San Agustín y San Xavier del Bac, contener las incursiones apaches y servir de avanzada en un territorio hostil. Desde 1777 lo comandó el capitán Pedro de Allande y Saavedra, veterano de campañas en Europa y África, al frente de una compañía de Dragones de Cuera y un puñado de aliados indígenas pimas. La guarnición, de apenas sesenta o setenta hombres más familias de colonos, vivía en un equilibrio precario frente a los apaches, cuya táctica de guerrilla basada en el robo de ganado y el secuestro ponía en jaque constante la presencia española.
Pues bien, con estos mimbres, el autor nos sitúa en el presidio de Tucson, el bastión más septentrional de Nueva España, durante el año 1782, en el corazón de las Guerras Apaches que asolaban toda la región. Por aquel entonces, aquella fortificación, además de defender a las mencionadas misiones, también resguardaba a los colonos que se habían establecido en la zona de Tucson a mediados del siglo XVIII, funcionando como una especie de plaza fuerte medieval. Desde sus empalizadas, protegía a los habitantes españoles de los continuos ataques de los indígenas, quienes irrumpían para robarles caballos y ganado, agredir a mujeres y niños y dar muerte a los hombres. El capitán Pedro de Allande, al mando, debe mantener la disciplina y la cohesión en un lugar donde cualquier error —esto queda claro al lector desde las primeras páginas— cuesta vidas. De pronto los apaches cambian de táctica: ya no se conforman con pequeños saqueos o escaramuzas; sencillamente querían que desaparecieran de su territorio.
La narración avanza día
tras día, entre mayo y agosto de 1782, siguiendo el asedio que se intensificaba
progresivamente: patrullas de reconocimiento, choques aislados, incendios
nocturnos, mutilaciones, saqueos y una creciente presión psicológica que no
daba tregua a los defensores. Vázquez construye la tensión como un cerco real:
lento, acumulativo, asfixiante. Cada capítulo avanza con precisión cronológica,
y el lector siente el calor del desierto, el miedo constante y la fatiga de
quien sabe que el siguiente ataque puede ser el definitivo. La acción es brutal
y descarnada.
En cuanto a los personajes, hay que decir que el verdadero protagonista no es solo el capitán Allande, sino la comunidad entera. Vázquez evita el héroe solitario y muestra cómo la resistencia es colectiva: soldados, colonos, mujeres, niños y hasta aliados indígenas (como el cabo pima Baldenegro). Rosalía Sosa aporta una perspectiva femenina fresca y necesaria: no es una damisela, sino una mujer que se adapta al infierno y aprende a defenderse. Los apaches no son caricaturas de “malos”; son un enemigo feroz, inteligente y adaptado al terreno. Se les ve a través de los ojos de los españoles (miedo, incomprensión, respeto forzado), lo que refuerza la inmersión sin caer en el buen salvaje romántico. Los personajes son duros, cínicos a veces, y hablan como soldados y colonos reales: seco, directo, sin discursos grandilocuentes.
Más allá del entretenimiento, Resiste Tucson cumple una función cultural valiosa: rescata una página olvidada de la historia española en lo que hoy es Estados Unidos. Décadas antes de la independencia americana, los Dragones de Cuera (arriba se puede ver un precioso grabado que representa a un dragón del siglo XVIII), los misioneros y las familias de colonos plantaron bandera en la frontera norte del Virreinato de Nueva España, un territorio hostil que intentaban civilizar y defender. Vázquez evita juicios anacrónicos: muestra el choque cultural con crudeza y respeto mutuo. Los apaches no son villanos de cartón; son un enemigo feroz, inteligente y adaptado al terreno. Los españoles no son héroes invencibles; son hombres y mujeres que, aislados y sin refuerzos, deciden resistir.
En suma, si te interesa la historia de España en Norteamérica, te recomiendo que leas esta novela, que te hará descubrir una sorprendente y desconocida aventura española en el salvaje Oeste. ¿Listo para el asedio?


















