Sinopsis: Un peine conservado en un pantano, grabado con las primeras pruebas de un nuevo sistema de escritura. Un santuario pagano oculto bajo un campo de lava. La nota de una esposa enfadada a un marido que pasaba demasiado tiempo en la taberna. Garabatos sobre corteza de abedul, tallados por un niño con gran imaginación.
A partir de estas pequeñas señales, Eleanor Barraclough insufla nueva vida al vasto, rico y complejo mundo de los vikingos. Estas no son solo las historias de reyes, saqueadores y héroes de las sagas. Aquí están también las vidas de la gente corriente: mercaderes, niños, artesanos, esclavos, videntes, viajeros y narradores que dieron forma al mundo nórdico medieval.
Sumérgete en la vida cotidiana de una cultura extraordinaria que se extendió durante siglos y se expandió desde las tierras escandinavas hasta los remotos fiordos de Groenlandia, los páramos árticos y los ríos y estepas de Eurasia, y llegó incluso al Imperio bizantino y al Califato islámico.
La obra ofrece una
perspectiva fresca y humanizada de la era vikinga, que se extiende
aproximadamente desde el siglo VIII hasta el XI. Barraclough estructura el
libro como un mosaico de retratos arqueológicos, donde cada capítulo parte de
un objeto cotidiano descubierto en excavaciones para tejer narrativas más
amplias sobre la existencia vikinga. Esta aproximación temática, que evita la
cronología lineal y las batallas épicas, explora aspectos como el amor, el
deseo, el trabajo, el ocio, las creencias, la violencia y la esclavitud. Cada
sección se centra no solo en los artefactos, como un peine, una pieza de
ajedrez o una piedra rúnica con una historia de amor, sino también en lo que
estas piezas pueden revelarnos sobre los ciudadanos promedio que vivieron
durante este período.
Inscripciones rúnicas en Bergen, como un mango de madera que anhela "acercarme a la casa del hidromiel más a menudo" o un hueso de vaca que anuncia "Ahora va a haber pelea", destilan humor etílico y riñas prosaicas, como ecos de tabernas olvidadas. Amuletos bajo lava volcánica o un coprolito de York —ese excremento fósil que se quebró en manos infantiles durante una excursión— nos ofrecen retratos viscerales de dietas y dolencias, pinceladas divertidas en el lienzo de la historia. La autora nos guía por un mapa expansivo, desde las costas de Trondheim hasta las calles de York, rozando turberas suecas, colonias groenlandesas e incursiones en la península ibérica como el asalto a Sevilla en 844. La diáspora vikinga se despliega como un río caudaloso: la llegada a Norteamérica en 1021, en L’Anse aux Meadows, con trueques iniciales y choques con indígenas; travesías por estepas euroasiáticas, Tierra Santa y Bizancio.
Un capítulo destacado examina el papel de las mujeres, no solo como posibles guerreras —aunque hay entierros con armas, sin pruebas óseas concluyentes de combates—, sino como pilares sociales, ya que podían ser propietarias, curanderas, profetisas y artesanas. Su labor textil, como la producción de wadmal (lana densa usada en velas, ropa y como moneda en Islandia), fue crucial para la expansión vikinga. La religión se pinta igual que un tapiz sincrético, un paganismo diverso, pero adaptable al cristianismo que poco a poco e inexorablemente va ganando terreno.
A mi modo de ver, la gran fortaleza del libro radica en su prosa envidiable, accesible para lectores curiosos pero rigurosa para aficionados a la historia. Barraclough, con formación en lenguas anglosajonas, nórdicas y celtas, y experiencia en sagas islandesas, humaniza a los vikingos sin romantizarlos. Los dibuja como hombres y mujeres que no eran ni héroes ni villanos, sino seres humanos corrientes atrapados entre las grietas de la historia. Además complementa a la perfección las fuentes y crónicas medievales con los últimos estudios en arqueología para ofrecer nuevas perspectivas sobre este fascinante mundo.
En suma, nos encontramos ante una obra que invita al lector a reconsiderar tanto la época vikinga como la nuestra, recordando que las grandes narrativas se forjan con las manos de los anónimos humildes, no solo con las espadas de los héroes.










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