Sinopsis: El período Sengoku de Japón, conocido como el «período de los Estados Combatientes», fue una época de profunda crisis, guerra constante y cambio social entre los siglos XV y XVII. En esta época, ascendieron al poder samuráis procedentes de la clase militar rural, hombres violentos que se hicieron con el poder en un país asolado por la serie de guerras que llevarían a la unificación de Japón.
En el centro de estos acontecimientos estuvieron Oda Nobunaga, Toyotomi Hideyoshi y Tokugawa Ieyasu. Danny Chaplin entrelaza por primera vez los relatos épicos de estas tres figuras clave en un volumen imprescindible que abarca todo el período Sengoku. Acompañaremos a estos grandes guerreros en sus batallas más importantes, desde Okehazama hasta los dos asedios del castillo de Osaka, pasando por la decisiva batalla de Sekigahara, y veremos también las estructuras políticas y administrativas de sus respectivos gobiernos, sin olvidarnos del papel de los occidentales y el cristianismo en la sociedad japonesa de principios de la Edad Moderna.
Sengoku Jidai nos traslada al momento más turbulento de Japón, cuando la nación se forja y nacen muchas de sus características actuales. Con relatos de heroísmo samurái que parecen sacados de la leyenda, batallas épicas y traiciones desgarradoras, esta es una historia en la que la realidad supera con mucho a la ficción.
El libro comienza con un necesario —y muy bien escrito— panorama del Japón previo al caos del Ōnin (1467), y luego se lanza de lleno a los casi cien años de guerra civil. También ofrece un estudio exhaustivo del Período Azuchi-Momoyama (1568-1600), que abarca los reinados de Nobunaga y Hideyoshi, así como los años fundacionales del shogunato Tokugawa (1600-1616). Chaplin no se limita a la crónica militar. Describe con igual detalle la “caza de espadas” de Hideyoshi o el impacto de los arcabuces portugueses, como la obsesión japonesa por el té, las intrigas de los misioneros jesuitas y el papel de las mujeres en las alianzas dinásticas. Todo ello sin caer nunca en el academicismo árido. Chaplin tampoco se olvida de las maquinaciones políticas y los desarrollos culturales y religiosos más significativos del periodo.
Por otro lado, las
batallas (Okehazama, Nagashino, Sekigahara, los asedios de Osaka) están
narradas con una tensión cinematográfica, pero nunca pierde el rigor histórico.
Cuando describe la emboscada en Honnō-ji o la espera paciente de Ieyasu en
Sekigahara, uno siente el sudor, el barro y el olor a pólvora. Al mismo tiempo,
el autor mantiene una distancia crítica admirable: no mitifica a ninguno de los
tres. Nobunaga es genial y monstruoso; Hideyoshi, brillante y paranoico;
Ieyasu, paciente hasta la crueldad. Los tres son humanos, ambiciosos y
terriblemente eficaces. Llegado a este punto, tengo que señalar que me hubieran
sido de gran ayuda los mapas o croquis de las grandes batallas.
En lo tocante a las debilidades de la obra, la verdad es que he encontrado muy pocas, y son las que más se repiten cuando nos topamos con un trabajo sobre la historia de Asia. El libro es denso, y hay listas de nombres de daimios, castillos, fechas y clanes que pueden abrumar al lector que no tenga ya cierto conocimiento del período. A veces, como he mencionado anteriormente, uno echa de menos un mapa más completo (solo hay uno) y alguna tabla cronológica. Es un libro exigente, si, pero también apasionante, riguroso y, en muchos momentos, simplemente espectacular. Además, Chaplin ofrece una completísima sección de bibliografía para profundizar todavía más si cabe en el tema.
En síntesis, si buscas una experiencia integral para aprender sobre el complejo período de los Reinos Combatientes en Japón, no busques más. Danny Chaplin hace un trabajo admirable al ofrecer una introducción y un contexto, para más tarde detallar paso a paso el ascenso y caída de Oda Nobunaga y Toyotomi Hideyoshi, así como el triunfo definitivo de Tokugawa Ieyasu. Es el mejor punto de entrada al período Sengoku.





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