El primer mes del año ya ha quedado atrás y, como es habitual, ha llegado el momento de hacer un repaso de todas las películas y series que ocuparon nuestro tiempo el pasado enero. Risas con comedias como la tercera entrega de Atasco y reflexiones profundas con dramas bélicos intensos. Una batalla tras otra nos habló de legados personales, Der Tiger de los abismos de la guerra terrestre, y con Los amos del aire saldamos una vieja cuenta que teníamos pendiente. Entre aviones y tanques, nos despedimos de vosotros.
Películas
Una batalla tras otra ★★✰✰✰ Paul Thomas Anderson regresa a las salas de cine con su versión de la novela Vineland (1990), escrita por Thomas Pynchon. El director norteamericano ha logrado impresionar a los expertos en críticas, creando unas expectativas que, por desgracia, no se cumplen una vez que termina la proyección. Creo que le falta un elemento esencial en este género de films: no despierta verdaderas emociones, o las que provoca parecen infantiles. La narrativa y el argumento, tal como los describen los críticos en sus análisis que he consultado, superan con creces lo que se ve en la pantalla. En resumen, ha sido una desilusión.
Der Tiger (El tanque) ★★★★✰ Buena película alemana, un drama bélico existencial que logra interesar desde el comienzo hasta el final, entreteniendo y finalmente sorprendiendo por la profundidad de los conceptos morales que presenta. Muy bien realizada e interpretada, se nos muestra un viaje a la locura de la tripulación de un Tiger por mor de las decisiones tomadas por su comandante durante la batalla de Stalingrado. Algunos detalles son de gran calidad. El interior del tanque (imagino que rodado en un estudio) es de 10. Los detalles de los casquillos, ruidos, visores, procedimientos, comunicaciones, etc. también son sobresalientes...no hay un film igual sobre cómo se combatía en un Tiger. En resumen, una gran película de tanques, estilo a Fury en realismo (excepto lo que todos ya sabéis de esa peli americana), y muy por encima de todas las rusas.
28 años después ★✰✰✰✰ Danny Boyle retoma la franquicia, aunque lo hace partiendo de un enfoque visual y argumental que resulta confuso y perturbador. Esta secuela, 28 años más tarde, representa un retorno infructuoso que abandona la aspereza y la carga sentimental de las películas anteriores, optando en cambio por un show desordenado, visualmente sobrecargado, con tonos inconsistentes y una trama deficiente. La puesta en escena parece fuera de contexto, y el filme no consigue mantener el suspense, la pasión ni la atención del público. Un completo fiasco.




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