Sinopsis: Este libro es una recopilación de relatos que describen la acción de combate de pequeñas unidades del Ejército —escuadras y pelotones, compañías y baterías—. Son estas las unidades que entran directamente en combate, sufren las bajas y constituyen la verdadera fuerza combatiente de los batallones, regimientos, divisiones, cuerpos de ejército y, en última instancia, del ejército de campaña. Para los miembros de estas pequeñas unidades, el combate es una experiencia profundamente personal. Absorbidos por las tareas temibles y constantes de combatir y sobrevivir, estos hombres no pueden concebir la guerra en términos de una “visión de conjunto” tal como aparece representada en los mapas de situación de los cuarteles generales de cuerpo de ejército o de ejército.
Los integrantes de una escuadra o de un pelotón solo conocen y comprenden aquello que pueden ver y oír del combate. Conocen el terreno por el que luchan, la ventaja que supone dominar las alturas, la protección que ofrece una trinchera o un pozo individual. Saben distinguir el sonido de las armas enemigas del de las propias; reconocen el sonido tranquilizador de los proyectiles de artillería amiga pasando sobre sus cabezas y el de los aviones aliados picando sobre el objetivo. Conocen la excitación del combate, la sensación alternante de euforia y desesperación, la percepción de una fuerza colectiva avasalladora y, al mismo tiempo, de una soledad absoluta.
El autor ha tratado de
describir el combate tal como lo han vivido los individuos, o al menos tal como
se percibía desde el puesto de mando de una compañía. Para ello se ha incluido
un nivel de detalle que rara vez aparece en los más áridos registros oficiales.
Estos detalles y pequeños episodios del combate fueron aportados por los
miembros supervivientes de las escuadras y compañías, a través de entrevistas y
conversaciones minuciosas realizadas poco después de finalizar los combates.
El conflicto estalló en
junio de 1950 tras la incursión de las tropas norcoreanas en el sur, dando
inicio a una fase bélica que solo vería su fin el 27 de julio de 1953, cuando
la pequeña localidad de Panmunjom se convirtió en el escenario histórico donde
se selló el armisticio. Aunque tras un primer año de movimientos intensos el
frente se estabilizó, la letalidad de la guerra no disminuyó, dejando tras de
sí un saldo humano devastador de entre 2 y 3 millones de personas fallecidas,
una cifra escalofriante para una población que apenas alcanzaba los 30 millones
en esa época.
En este contexto de atrocidades constantes en ambos bandos, la obra de Gugeler no se concibió meramente como un registro histórico, sino como un manual pedagógico crudo y directo. A través de estudios de caso meticulosamente documentados, el autor disecciona las acciones de escuadras y pelotones, demostrando que el curso de la historia a menudo se decidió en la iniciativa individual y la resiliencia de un puñado de soldados enfrentados al caos absoluto del frente.
En Corea se prescindió
del arsenal atómico en favor de un despliegue masivo de armamento convencional
heredado de la Segunda Guerra Mundial, sumando hitos tecnológicos como los
aviones a reacción y los helicópteros. Este imponente tablero militar contó con
Estados Unidos liderando una coalición de 22 naciones bajo la bandera de la ONU
con 325.000 efectivos, mientras que China movilizó a más de un millón de
combatientes para frenar el avance aliado y la URSS mantuvo una presencia
discreta para evitar un choque directo con Washington.
Gugeler traslada esta
macro-escala al nivel del suelo, donde la honestidad técnica y moral es la
norma; el autor no oculta los fallos en las comunicaciones, los errores de
juicio de líderes inexpertos o el impacto del pánico. Su prosa es funcional y
austera, cargada de una tensión que se ve reforzada por la descripción de armas
encasquilladas por el frío glacial y la fatiga física extrema de hombres que
debían escalar picos bajo fuego cruzado, ofreciendo una lección inolvidable
sobre la logística del miedo.
Es fundamental señalar que la edición en español de Ediciones Licurgo es excelente, superando las expectativas del lector especializado. Esta versión cuenta con una traducción impecable que respeta la terminología militar original sin perder fluidez narrativa, e incluye una generosa cantidad de fotografías y mapas detallados que son esenciales para comprender la verticalidad extrema del terreno coreano, el cual actúa como un antagonista más en cada relato.
En última instancia, la relevancia de esta obra persiste porque desmitifica el combate, presentándolo como un oficio complejo donde los fundamentos tácticos son la única barrera entre la supervivencia y el desastre. Para el lector en español, esta edición de Licurgo es una herramienta indispensable que humaniza las estadísticas de la guerra y explica su mecánica interna con una precisión técnica que ha resistido impecablemente la prueba del tiempo.
Una joya de la historia mlitar que permite al público hispanohablante entender por fin la verdadera dimensión humana, táctica y profesional de los combates de pequeñas unidades en la Guerra de Corea.











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