De las tres grandes
dinastías persas de la Antigüedad (aqueménidas, arsácidas y sasánidas), esta
última suele ser la gran desconocida, despachada a menudo bajo la etiqueta
romana de externae gentes (pueblos extranjeros o bárbaros). Sin embargo, los
autores demuestran que los sasánidas estaban muy lejos de ser hordas
incivilizadas. El gran acierto del ensayo es rescatar a los sasánidas del
reduccionismo a través de un recorrido de diez capítulos bien definidos que
permiten comprender este imperio como un ente de enorme complejidad.
En la primera mitad de la obra, los autores analizan con minuciosidad el declive de la dinastía arsácida (los partos) y el proceso de derrocamiento que encumbró a Ardachir I, mostrando cómo transformó una confederación noble fragmentada en un Estado centralizado y unificado bajo la fe zoroatriana. A partir de ahí, el libro se adentra en el núcleo militar analizando la estructura del Spah (el ejército sasánida) y desgranando cronológicamente los enfrentamientos contra Roma, desde la campaña de Alejandro Severo hasta el ascenso de Shapor I, un análisis que se enriquece notablemente al incluir de forma global la perspectiva de la crisis del siglo III en ambos contendientes.
Por otra parte, los
autores culminan su trabajo con un bloque dedicado íntegramente a la dimensión
cultural y civilizatoria, un apartado especialmente notable ya que la
historiografía tradicional suele focalizarse casi en exclusiva en el ámbito
bélico. Al dedicar su último tramo a la sociedad, la economía, la ciencia, la
arquitectura y el arte sasánidas, el ensayo rompe con la visión clásica que
tildaba a estas gentes de bárbaros incivilizados. Este análisis
demuestra de forma fehaciente que los sasánidas erigieron una civilización tan rica
y sofisticada como la romana, capaz de dictar el pulso comercial y diplomático
de todo el Próximo Oriente, convirtiendo este cierre en uno de los valores
añadidos más potentes del libro.
Como es habitual en las
publicaciones de HRM Ediciones, la factura física y el aparato crítico del
volumen redondean la experiencia de lectura. La obra viene acompañada de una
sección de bibliografía amplia y actualizada, idónea para aquellos lectores que
deseen profundizar en la materia tras cerrar el libro. Asimismo, el texto se
apoya en una cuidada selección de mapas y fotografías que enriquecen
sustancialmente el conjunto; estas herramientas gráficas no solo facilitan el
seguimiento de las operaciones militares y la compleja geografía del Próximo
Oriente, sino que permiten aproximarse visualmente a los vestigios
arqueológicos y artísticos de la revolución sasánida.
A diferencia de otros imperios persas, la esencia estatal sasánida guardaba más similitudes administrativas y de control centralizado con la propia Roma de lo que la propaganda clásica quiso admitir. No eran nómadas en campaña; eran una superpotencia burocrática y militar. Partiendo de esta premisa, Farrokh y Sánchez Gracia nos ofrecen una radiografía completa de cómo nace, se organiza y florece un Estado destinado a dominar su época. Una lectura imprescindible para cualquier apasionado de la Antigüedad Tardía que desee descubrir que, al otro lado del Éufrates, brillaba un imperio igual de complejo, ambicioso y refinado que el de los césares.











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