Sinopsis: Tras el duro invierno de 1941-1942 y con la llegada del deshielo primaveral, los alemanes reanudaron sus operaciones ofensivas a lo largo de todo el Frente Oriental. Como en 1941, lograron avances significativos, sobre todo en la mitad sur del frente, donde penetraron hasta el río Volga y la ciudad de Stalingrado. Desde un punto de vista estratégico, Hitler se vio obligado a conquistar las posiciones soviéticas en esta ciudad, que de otro modo podrían haber constituido una grave amenaza para la ofensiva hacia los campos petrolíferos del Cáucaso.
Aunque la batalla terrestre de Stalingrado es bastante conocida, la batalla aérea librada por la Luftwaffe y la Fuerza Aérea soviética está menos documentada, pese a haber sido de una importancia decisiva a la hora de determinar el destino final de la ciudad y de los contendientes enfrentados. El presente libro, escrito por el que quizá sea la mayor autoridad en la guerra aérea en el Frente Oriental, se centra, por un lado en las grandes batallas aéreas libradas sobre Stalingrado entre agosto y noviembre de 1942, y explica en detalle por qué la posterior operación de puente aéreo durante el invierno de 1942-1943 fracasó de manera catastrófica, con consecuencias devastadoras para el Sexto Ejército alemán cercado y para el desarrollo general de la guerra.
El punto fuerte de esta
obra radica en su nivel de detalle y en la capacidad del autor para presentar
los acontecimientos desde la perspectiva de ambos bandos, basándose tanto en
fuentes primarias alemanas como rusas. El libro incluye abundante material
original de testigos presenciales, y el texto va acompañado por un gran número
de fotografías hasta ahora inéditas, reseñas biográficas de algunos de los principales
protagonistas del conflicto, tablas, mapas, perfiles y evaluaciones técnicas.
Bergström (1958) es un
historiador sueco con más de cuarenta títulos sobre la Segunda Guerra Mundial,
y a las librerías españolas ya habían llegado Ardenas. La batalla (2015) y
Operación Barbarroja (2016), de Pasado & Presente. Aquí trabaja con un foco
más amplio que la propia ciudad. El relato arranca en la primavera de 1942,
cuando el deshielo permitió a los alemanes reanudar la ofensiva en el sur, y
recorre también el mar Negro, la campaña de Sebastopol y el avance hacia el
petróleo del Cáucaso, con el precedente de Demyansk como antesala del puente
aéreo. Desde el punto de vista alemán, las posiciones soviéticas en la ciudad
amenazaban ese avance, y de ahí la obstinación por tomarla. Tampoco se olvida
de los aliados del Eje que participaron en la campaña: Italia, Rumanía, Hungría
y Croacia.
El índice, casi siempre cronológico, funciona como un pequeño guion. Abre con «Choque de titanes» y «Las fuerzas aéreas más poderosas», sigue con la Operación Azul y la batalla sobre el Don, dedica capítulos al desgaste de la aviación soviética, a los intentos de «aplastar a la VVS» y al «dominio de los Stuka», y desemboca en el puente aéreo, en «Tormenta de invierno», en «Pequeño Saturno» y en el final de la bolsa. Lo cierran un balance de la victoria y la derrota en cifras y un capítulo final, «El hombre detrás de la victoria», dedicado al coronel general Aleksandr Novikov, jefe de la Fuerza Aérea del Ejército Rojo en la segunda mitad de 1942.
Su mayor virtud es el equilibrio. El autor cruza archivos alemanes y soviéticos y da voz a participantes de ambos lados, de modo que la aviación soviética no queda como simple telón de fondo para lucimiento de la Luftwaffe. Se ve el desgaste de los dos bandos y una balanza que tarda mucho en decantarse.
El puente aéreo es el otro gran eje. El libro explica con detalle por qué el abastecimiento de la bolsa fracasó de forma tan catastrófica, con consecuencias devastadoras para el Sexto Ejército y para el rumbo general de la guerra. Lo que se dibuja es, sobre todo, un problema de logística: las distancias, el estado de los aeródromos, el combustible disponible, un clima que no daba tregua y una tarea que superaba lo que la organización podía ofrecer.
Para que no se quede en un inventario de aparatos están los recuerdos de testigos presenciales, las semblanzas de algunos protagonistas y fotografías hasta ahora inéditas, que sirven de respiro dentro de un texto muy cargado de nombres, unidades y fechas.
La edición acompaña. Son 430 páginas de formato grande con mapas y perfiles a color, tablas de órdenes de batalla, estadísticas de pérdidas y evaluaciones técnicas, más dos apéndices sobre la estructura de la Luftwaffe y de la Fuerza Aérea Soviética a mediados de 1942. Es material de consulta que se agradece cada vez que el texto cita una unidad o un modelo.
No es una lectura ligera.
Entre tantos aparatos, pilotos y operaciones, quien busque un relato ágil y sin
tecnicismos puede perderse en algún tramo. Pero esa densidad es parte de su
valor: es un libro para leer con calma y volver a consultar. La editorial lo
presenta como único en castellano hasta la fecha, y coincido. A quien ya conoce
Stalingrado desde tierra, Bergström le entrega la pieza que faltaba: el cielo,
donde se jugó buena parte de la batalla.











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